jueves, septiembre 18, 2014

Fito & Fitipaldis - Entre la espada y la pared (Nuevo)


Entre lo amargo del café 
Quedó el aroma y el calor 
Lo que me dio, me lo dejo 
Cuando se fue 

Con la certeza y la razón 
De sabe Dios quién sabe qué 
Que lo invisible existe solo porque no se ve 

No soy la foto del carnet 
No soy la luz en el balcón 
Yo solo soy el que llego 
Y el que se fue 

No sé muy bien a dónde voy 
Para encontrarme búscame 
En algún sitio entre la espada y la pared 

Las nubes con el viento siempre están cambiando 
Quizás podamos ver el sol de vez en cuando 

Puede ser que todo vuelva a ser 
Cuando es tarde para responder 
Que nunca más 

Voy a quedarme en este bar 
Aunque me estrelle entre las rocas 
Aunque me pise el mismo pie 
Que antes beso mi boca 

No encontrar el equilibro y agarrase 
Lo contrario de vivir es no arriesgarse 
O quien en sabe qué 

Oh no no no no 

Aquella noche que pasé 
No sé muy bien por qué razón 
Que sin dormirme te soñé 
Me pareció escuchar tu voz 

Toda la culpa es del café 
Que me recuerda tu sabor 
Y fue la voz que no escuché 
Y fue el silencio que me despertó 

Toda la culpa fue 
Del aire que rozó mi piel 
De la piel que me guardó el calor 
El mismo con el que forje 
Mi oxidado corazón 

Las cosas que no pueden ser 
Son todas las que he sido yo 
Las mezclas no me salen bien; 
Sexo, drogas, rock &roll

Sexo, drogas, rock & roll


lunes, septiembre 15, 2014

Los Suaves - Dolores se llamaba Lola


Fuiste la niña de azul, en el colegio de monjas 
calcetines y coletas, y estabas loca por Paco 
exámenes y veranos, vacaciones y de Paco 
y el recuerdo de su sombra, y el olor de su tabaco 

Eras la chica de Andrés, y has sido la de tantos 
eras la niña moderna, que nunca ha roto un plato 
no la nena de papa, no trabaja pasa el rato 
para en pubs y discotecas, y así vuelan los años 
Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti 
dónde vas bala perdida, dónde vas triste de ti 
dónde vas triste de ti 

Se fueron los buenos tiempos, la juventud ya se escapó 
papá ha muerto arruinado, el dinero se esfumó 
pobre se encuentra en la calle, nunca nada supo hacer 
ahora quema su vida, en barra americana de 7 a 3 

Dolores se llamaba Lola, hace la calle hasta las seis 
pues sin dinero en esta tierra, ay Dolores, ay mujer 
fuiste la niña de azul, ahora eres la vieja verde 
como se porta la vida, cuánto vale lo que tienes 
Las vueltas que da la vida, el destino se burla de ti 
dónde vas bala perdida, dónde vas triste de ti 
dónde vas triste de ti.

Rob Hustle's ft. Liv - Call the cops

domingo, septiembre 14, 2014

Polémica por uniforme del equipo femenino de ciclismo de Bogotá


El equipo femenino del IDRD de Bogotá, sorprendió a los asistentes del lanzamiento del nuevo Giro de Toscana (Italia). Con un sugestivo maillot que rapidamente a la vista de cualquiera, parece que las chicas tuvieran sus partes intimas al desnudo, ya dio de qué hablar. Los medios internacionales de inmediato reaccionaron con titulares como: El escandaloso maillot de las pedalistas colombianas.

Fuentes:
vanguardia.com
terra.es
las2orillas.com

Domingo de cortos: Cargo


Tras comentar brevemente la nueva serie de televisión del zombiverso, seguimos en este género con este estupendo corto premiado de Ben Howling y Yolanda Ramke.

En medio de un apocalipsis zombie, un hombre ha sido mordido y solo le quedan unas pocas horas antes de que pierda todo uso de razón y se transforme en una de las nuevas criaturas que pueblan el planeta. Ante la desesperación de un mundo que se viene abajo, el hombre luchará contrarreloj poniendo en marcha un plan imposible para proteger, y poner a salvo, la preciosa carga que lleva: su hija pequeña...

sábado, septiembre 13, 2014

Z Nation, visto el piloto comentado el asunto brevemente


Visto el piloto, y a falta de más desarrollo y tal y tal, justita para pasar el rato y poco más. Flojo guión, más visto que el tebeo, cuyo principal acierto es un puntillo macarra vacilón. Para los que somos fans de lo zombi o postapocalíptico colará, pués algo hay que comer. Los que busquen calidad que sigan, seguiremos, con The Walking Dead.

domingo, septiembre 07, 2014

Los ataúdes

Palideciendo, Iván Ivanovitch Panihidin empezó la historia con emoción:

-Densa niebla cubría el pueblo, cuando, en la Noche Vieja de 1883, regresaba a casa. Pasando la velada con un amigo, nos entretuvimos en una sesión espiritualista. Las callejuelas que tenía que atravesar estaban negras y había que andar casi a tientas. Entonces vivía en Moscú, en un barrio muy apartado. El camino era largo; los pensamientos confusos; tenía el corazón oprimido...

"¡Declina tu existencia!... ¡Arrepiéntete!", había dicho el espíritu de Spinoza, que habíamos consultado.

Al pedirle que me dijera algo más, no sólo repitió la misma sentencia, sino que agregó: "Esta noche".

No creo en el espiritismo, pero las ideas y hasta las alusiones a la muerte me impresionan profundamente.

No se puede prescindir ni retrasar la muerte; pero, a pesar de todo, es una idea que nuestra naturaleza repele.

Entonces, al encontrarme en medio de las tinieblas, mientras la lluvia caía sin cesar y el viento aullaba lastimeramente, cuando en el contorno no se veía un ser vivo, no se oía una voz humana, mi alma estaba dominada por un terror incomprensible. Yo, hombre sin supersticiones, corría a toda prisa temiendo mirar hacia atrás. Tenía miedo de que al volver la cara, la muerte se me apareciera bajo la forma de un fantasma.

Panihidin suspiró y, bebiendo un trago de agua, continuó:

-Aquel miedo infundado, pero irreprimible, no me abandonaba. Subí los cuatro pisos de mi casa y abrí la puerta de mi cuarto. Mi modesta habitación estaba oscura. El viento gemía en la chimenea; como si se quejara por quedarse fuera.

Si he de creer en las palabras de Spinoza, la muerte vendrá esta noche acompañada de este gemido...¡brr!... ¡Qué horror!... Encendí un fósforo. El viento aumentó, convirtiéndose el gemido en aullido furioso; los postigos retemblaban como si alguien los golpease.

"Desgraciados los que carecen de un hogar en una noche como ésta", pensé.

No pude proseguir mis pensamientos. A la llama amarilla del fósforo que alumbraba el cuarto, un espectáculo inverosímil y horroroso se presentó ante mí...

Fue lástima que una ráfaga de viento no alcanzara a mi fósforo; así me hubiera evitado ver lo que me erizó los cabellos... Grité, di un paso hacia la puerta y, loco de terror, de espanto y de desesperación, cerré los ojos.

En medio del cuarto había un ataúd.

Aunque el fósforo ardió poco tiempo, el aspecto del ataúd quedó grabado en mí. Era de brocado rosa, con cruz de galón dorado sobre la tapa. El brocado, las asas y los pies de bronce indicaban que el difunto había sido rico; a juzgar por el tamaño y el color del ataúd, el muerto debía ser una joven de alta estatura.

Sin razonar ni detenerme, salí como loco y me eché escaleras abajo. En el pasillo y en la escalera todo era oscuridad; los pies se me enredaban en el abrigo. No comprendo cómo no me caí y me rompí los huesos. En la calle, me apoyé en un farol e intenté tranquilizarme. Mi corazón latía; la garganta estaba seca. No me hubiera asombrado encontrar en mi cuarto un ladrón, un perro rabioso, un incendio... No me hubiera asombrado que el techo se hubiese hundido, que el piso se hubiese desplomado... Todo esto es natural y concebible. Pero, ¿cómo fue a parar a mi cuarto un ataúd? Un ataúd caro, destinado evidentemente a una joven rica. ¿Cómo había ido a parar a la pobre morada de un empleado insignificante? ¿Estará vacío o habrá dentro un cadáver? ¿Y quién será la desgraciada que me hizo tan terrible visita? ¡Misterio!

O es un milagro, o un crimen.

Perdía la cabeza en conjeturas. En mi ausencia, la puerta estaba siempre cerrada, y el lugar donde escondía la llave sólo lo sabían mis mejores amigos; pero ellos no iban a meter un ataúd en mi cuarto. Se podía presumir que el fabricante lo llevase allí por equivocación; pero, en tal caso, no se hubiera ido sin cobrar el importe, o por lo menos un anticipo.

Los espíritus me han profetizado la muerte. ¿Me habrán proporcionado acaso el ataúd?

No creía, y sigo no creyendo, en el espiritismo; pero semejante coincidencia era capaz de desconcertar a cualquiera.

Es imposible. Soy un miedoso, un chiquillo. Habrá sido una alucinación. Al volver a casa, estaba tan sugestionado que creí ver lo que no existía. ¡Claro! ¿Qué otra cosa puede ser?

La lluvia me empapaba; el viento me sacudía el gorro y me arremolinaba el abrigo. Estaba chorreando... Sentía frío... No podía quedarme allí. Pero ¿adónde ir? ¿Volver a casa y encontrarme otra vez frente al ataúd? No podía ni pensarlo; me hubiera vuelto loco al ver otra vez aquel ataúd, que probablemente contenía un cadáver. Decidí ir a pasar la noche a casa de un amigo.

Panihidin, secándose la frente bañada de sudor frío, suspiró y siguió el relato:

-Mi amigo no estaba en casa. Después de llamar varias veces, me convencí de que estaba ausente. Busqué la llave detrás de la viga, abrí la puerta y entré. Me apresuré a quitarme el abrigo mojado, lo arrojé al suelo y me dejé caer desplomado en el sofá. Las tinieblas eran completas; el viento rugía más fuertemente; en la torre del Kremlin sonó el toque de las dos. Saqué los fósforos y encendí uno. Pero la luz no me tranquilizó. Al contrario: lo que vi me llenó de horror. Vacilé un momento y huí como loco de aquel lugar... En la habitación de mi amigo vi un ataúd... ¡De doble tamaño que el otro!

El color marrón le proporcionaba un aspecto más lúgubre... ¿Por qué se encontraba allí? No cabía duda: era una alucinación... Era imposible que en todas las habitaciones hubiese ataúdes. Evidentemente, adonde quiera que fuese, por todas partes llevaría conmigo la terrible visión de la última morada.

Por lo visto, sufría una enfermedad nerviosa, a causa de la sesión espiritista y de las palabras de Spinoza.

"Me vuelvo loco", pensaba, aturdido, sujetándome la cabeza. "¡Dios mío! ¿Cómo remediarlo?"

Sentía vértigos... Las piernas se me doblaban; llovía a cántaros; estaba calado hasta los huesos, sin gorra y sin abrigo. Imposible volver a buscarlos; estaba seguro de que todo aquello era una alucinación. Y, sin embargo, el terror me aprisionaba, tenía la cara inundada de sudor frío, los pelos de punta...

Me volvía loco y me arriesgaba a pillar una pulmonía. Por suerte, recordé que, en la misma calle, vivía un médico conocido mío, que precisamente había asistido también a la sesión espiritista. Me dirigí a su casa; entonces aún era soltero y habitaba en el quinto piso de una casa grande.

Mis nervios hubieron de soportar todavía otra sacudida... Al subir la escalera oí un ruido atroz; alguien bajaba corriendo, cerrando violentamente las puertas y gritando con todas sus fuerzas: "¡Socorro, socorro! ¡Portero!"

Momentos después veía aparecer una figura oscura que bajaba casi rodando las escaleras.

-¡Pagostof! -exclamé, al reconocer a mi amigo el médico-. ¿Es usted? ¿Qué le ocurre?

Pagastof, parándose, me agarró la mano convulsivamente; estaba lívido, respiraba con dificultad, le temblaba el cuerpo, los ojos se le extraviaban, desmesuradamente abiertos...

-¿Es usted, Panihidin? -me preguntó con voz ronca-. ¿Es verdaderamente usted? Está usted pálido como un muerto... ¡Dios mío! ¿No es una alucinación? ¡Me da usted miedo!...

-Pero, ¿qué le pasa? ¿Qué ocurre? -pregunté lívido.

-¡Amigo mío! ¡Gracias a Dios que es usted realmente! ¡Qué contento estoy de verle! La maldita sesión espiritista me ha trastornado los nervios. Imagínese usted qué se me ha aparecido en mi cuarto al volver. ¡Un ataúd!

No lo pude creer, y le pedí que lo repitiera.

-¡Un ataúd, un ataúd de veras! -dijo el médico cayendo extenuado en la escalera-. No soy cobarde; pero el diablo mismo se asustaría encontrándose un ataúd en su cuarto, después de una sesión espiritista...

Entonces, balbuceando y tartamudeando, conté al médico los ataúdes que había visto yo también. Por unos momentos nos quedamos mudos, mirándonos fijamente. Después para convencernos de que todo aquello no era un sueño, empezamos a pellizcarnos.

-Nos duelen los pellizcos a los dos -dijo finalmente el médico-; lo cual quiere decir que no soñamos y que los ataúdes, el mío y los de usted, no son fenómenos ópticos, sino que existen realmente. ¿Qué vamos a hacer?

Pasamos una hora entre conjeturas y suposiciones; estábamos helados, y, por fin, resolvimos dominar el terror y entrar en el cuarto del médico. Prevenimos al portero, que subió con nosotros. Al entrar, encendimos una vela y vimos un ataúd de brocado blanco con flores y borlas doradas. El portero se persignó devotamente.

-Vamos ahora a averiguar -dijo el médico temblando- si el ataúd está vacío u ocupado.

Después de mucho vacilar, el médico se acercó y, rechinando los dientes de miedo, levantó la tapa. Echamos una mirada y vimos que... el ataúd estaba vacío. No había cadáver; pero sí una carta que decía:

"Querido amigo: sabrás que el negocio de mi suegro va de capa caída; tiene muchas deudas. Uno de estos días vendrán a embargarlo, y esto nos arruinará y deshonrará. Hemos decidido esconder lo de más valor, y como la fortuna de mi suegro consiste en ataúdes (es el de más fama en nuestro pueblo), procuramos poner a salvo los mejores. Confío en que tú, como buen amigo, me ayudarás a defender la honra y fortuna, y por ello te envío un ataúd, rogándote que lo guardes hasta que pase el peligro. Necesitamos la ayuda de amigos y conocidos. No me niegues este favor. El ataúd sólo quedará en tu casa una semana. A todos los que se consideran amigos míos les he mandado muebles como éste, contando con su nobleza y generosidad. Tu amigo, Tchelustin".


Después de aquella noche, tuve que ponerme a tratamiento de mis nervios durante tres semanas. Nuestro amigo, el yerno del fabricante de ataúdes, salvó fortuna y honra. Ahora tiene un funeraria y vende panteones; pero su negocio no prospera, y por las noches, al volver a casa, temo encontrarme junto a mi cama un catafalco o un panteón.

Los ataúdes (también conocido como Una noche de espanto o Una noche terrible), relato de Antón Chéjov


Domingo de cortos: Taxi


El director giputxi Telmo Esnal, autor de la divertida peli Aupa Etxebeste!,  dirige en este caso un potente reparto con Luis Tosar, Arturo Valls y Marta Etura, dispuestos a que nos echemos unas risas, en un surrealista viaje en taxi...

 
Taxi ! from Tony Parez on Vimeo.

Russian Red - Xabier

La canción de la polémica con Xabi Alonso....


For a while your smile was perfect 
and in your eyes the truthful sight of a real man 
but then again I was missing the service of a young boy who's never loved before, oh 

Our walks at night in the city were endless we felt like teenagers filled with passion and hope 
We rented cars, found jacuzzis and a nice waitress and were tempted by the cloudy lights and the noisy weddings, oh 

I've seen you walk around the block and you do certainly walk like a stranger 

For a while all of our clothes were strangers and picked each day a new and rare costume of love.

 

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...