viernes, febrero 16, 2007

Los primeros vecinos de Isozaki Atea estrenarán sus viviendas en cinco meses


Leo en deia.com que los 131 pisos de una de las dos torres del complejo Isozaki Atea serán entregados a lo largo del próximo mes de julio. El resto del complejo al que Arata Isozaki ha denominado biombo se entregarán antes de Navidad y, será la próxima semana cuando se inaugure la escalinata y la pasarela. Después de cuatro años de obras, el antiguo Depósito Franco, que permaneció durante más de diez años como un monumento a la desidia, se ha transformado en toda una ciudad de 25.500 metros cuadrados.

En total se van a construir más de 80.000 metros cuadrados. La ciudad que se está perfilando bajo la custodia de las fachadas de las dos inmensas torres, rescata una zona en desuso y que ya ahora perfila la actividad futura. Aún queda un 20% de los pisos por vender. El metro cuadrado finalmente ha salido a alrededor de 6.000 euros. Los siete edificios que completan el biombo con las dos torres acogen 336 nuevas viviendas. En general, sus inquilinos son de clase alta: muchos abogados y profesionales liberales, con una cierta edad. La mayoría han cambiado una gran casa en Unbe o un piso en Indautxu de más metros por un piso en un edificio emblemático con los últimos avances de seguridad.

Los operarios trabajan a destajo, incluso de noche, para cumplir con los tres hitos que se ha marcado la promotora para la inauguración del complejo urbanístico. Desde su arranque en 1999 se han producido algunos cambios sobre la idea original. Así, por ejemplo, no habrá cines aunque sí un gimnasio de última generación con piscinas de acero inoxidable y un spa, gestionado por una empresa privada.

Si la actividad en la superficie es frenética, el mundo que se va a originar en el subterráneo no será menos. Además del gimnasio funcionará un restaurante y varios locales comerciales.

En este complejo, la seguridad se ha convertido en casi una obsesión. Desde una sala de control un vigilante estará al corriente de lo que pueda ocurrir. La altura de las torres ha supuesto que las medidas antiincendio se hayan cuidado de forma extrema. Si los bomberos no pueden llegar hasta el piso 22, dos escaleras independientes generarán una zona resguardada en caso de fuego. A ello se añade la manguera existente en cada rellano o el extintor en la cocina.

La singularidad se extiende también a los edificios más bajos. Algunos de ellos con fachada caravista belga pero otros de una piedra verdosa original de China. Arata Isozaki ha querido recuperar la idea de las contraventanas de los antiguos caseríos vascos y así en los edificios del biombo colocará estos elementos aunque de aluminio para garantizar un mejor mantenimiento.

En la distribución interior de los edificios han primado más las líneas del equipo de Iñaki Aurrekoetxea que las de Isozaki, en cuya concepción oriental hubiera prevalecido un diseño más minimalista de las formas interiores.

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