viernes, junio 22, 2007

Comenzó el Bilbao Live


Una temperatura más templada que el año pasado, un cielo en el que competían nubes y claros, y el acceso escalonado del público, la mayoría jóvenes que accedieron a Kobetamendi a través de los autobuses gratuitos, protagonizaron ayer, junto al buen sonido y la ausencia total de incidentes, la jornada inaugural del Bilbao BBK Live Festival 2007. Bueno, eso y la caña y el exceso de watios de un cartel escorado claramente al heavy metal. Los apenas cientos de fans que siguieron las actuaciones de Vhäldemar y Lauren Harris, a primera hora de la tarde, eran ya varios miles a última hora, antes del recital de Iron Maiden.

Todo parecía funcionar sin problemas, desde la taquillas de venta de entradas al transporte gratuito, que acerca al público desde la calle Pichichi o el BEC. Toda una visión la de miles de camisetas negras esperando en apretada cola a subir a los autobuses.

En los primeros momentos de la jornada todo fue ideal, cuando ni las barras de los bares, ni los inodoros, los puestos de venta de discos y ropa o los chiringuitos de comida eran asaltados por la gente. El Festival se inició sin sobresaltos y más ayer, que era día de curro. Pasadas las cuatro de la tarde, apenas unos cientos de personas, la mayoría jóvenes del genero masculino -con escasa ropa o atuendo deportivo y con múltiples camisetas de los Maiden- poblaban Kobetamendi.

El silencio apacible de este entorno rural lo dinamitó el grupo local Vhäldemar, pasadas las cuatro y media. Actuaron, con buen sonido y medios, en el segundo escenario. El grupo de Ezkerraldea, capaz de competir con bandas de mayor presupuesto y popularidad en igualdad de condiciones técnicas, actuó ante unos fieles, a quienes presentó su heavy anglófilo, liderado por los mástiles de los guitarristas Carlos Escudero y Pedro J. Monge durante algo más de media hora. Su virtuosismo, en temas como Breaking all the rules, resultó perfecto para abrir boca. "Como nos movemos los heavys cuando queremos ¡eh!", celebraron los fans.

Los aficionados se dirigieron al escenario principal en una zona donde se ha ganado espacio, tras tapar el lago, para escuchar al grupo de Lauren Harris, que inició su actuación con cierto retraso. Sí, su apellido delata a la chica, hija del bajista de Iron Maiden. Apoyada por un cumplidor trío (guitarra, bajo y batería), la joven ofreció un concierto marcado por su querencia por el hard rock americano, en la estela de bandas como Cinderella y Skid Row. La siguieron otros imberbes, los Blood Simple, un grupo que supo alternar los riffs del nu metal con cierta influencia grunge. Los fans de Metallica y Mastodom "fliparon" con su vocalista, Tim Williams.

Varios miles de jóvenes se concentraron ya a media tarde a comprobar las evoluciones de las dos primeras bandas internacionales consagradas de ayer. De un lado, Stone Sour, que salieron a escena mientras sonaba The final countdown o Europe y demostraron ser algo más que la banda paralela del vocalista de Slipknot, Corey Taylor. Este, con la cara al descubierto y sin máscaras, defendió con agallas el particular hard rock de su grupo, que ofrecio el primer gran concierto del festival con un repertorio y sonido compacto y sin fisuras. El testigo lo cogió Mastodon, uno de los grupos emergentes del metal del siglo XXI. Ante su escenario se concentraban ya casi 7.000 personas, anticipo de lo que sería el concierto de Iron Maiden, que se celebró después del cierre de esta edición. Mañana más.

Fuente:
deia.com

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