martes, junio 19, 2007

Disneyland recurre a Pixar


A los quince años de su apertura a las puertas de la capital francesa, Disneyland Resort París recurre a las producciones de Pixar como fuente de inspiración para relanzar Walt Disney Studios, el anexo temático abierto en 2002 para celebrar el mundo de la animación, el cine y la televisión. Eclipsado por el resplandor de los grandes clásicos de su hermano mayor, este segundo parque trata de salir de la sombra con dos nuevas atracciones basadas en las películas 'Cars' y 'Buscando a Nemo'.

La apuesta estratégica del primer destino turístico europeo, con 175 millones de visitas desde 1992, arrancó de manera oficial la noche del sábado con una fiesta de genuino sabor americano, marca de la casa. Entre la lluvia de confetis y serpentinas, hasta apareció Bob, el lanudo gigante verde de 'Monstruos S.A.', otro éxito del matrimonio Disney-Pixar, al que no se veía desde hace años por la sucursal parisiense del 'imperio Mickey'.

Las nuevas atracciones se encuentran en una ampliación del parque Walt Disney Studios llamada 'Toon Studio', que incluye las atracciones preexistentes Animagique, Las alfombras voladoras de Aladino y el arte de animación según Disney. 'Cars Race Rally' es la primera adaptación mundial a un parque temático del filme 'Cars', Globo de Oro a la mejor película animada. A la manera del tio-vivo de las tazas de té, doce coches simulan un alocado viaje por la Ruta 66 en el que pasan a unos milímetros unos de otros y parece que van a chocar entre sí. El mayor desafío para el intrépido conductor es cuando el vehículo se pone de repente a girar sobre sí mismo en sentido inverso a la rotación de la plataforma a la que está fijado.

Sensaciones más fuertes depara 'Crush'Coaste', una vertiginosa inmersión en el mundo submarino de Nemo y de su amiga Crush, la tortuga. Se trata de una montaña rusa interior que recrea la fuerza arrolladora del la corriente australiana del Este con sus remolinos, burbujas y efectos especiales bajo la tamizada luz de las profundidades oceánicas.

Los viajeros se montan en el caparazón de una tortuga con cuatro plazas que gira incluso durante las bajadas y las curvas con la consiguiente potenciación de las fuerzas centrífugas. La rotación de los vehículos es totalmente libre en función de la plaza , el peso y la distribución de los pasajeros con lo que la experiencia nunca es idéntica. La velocidad de giro máxima se alcanza si se va solo. Siempre que los de la cola lo permitan.

Fuente:
elcorreodigital.com

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