domingo, junio 03, 2007

El emperador de la chufa

Hace 15 años, poco después de dejar su trabajo en IBM, Ramón Carrión leyó en la prensa valenciana que la escasa cosecha de chufa iba a acarrear una subida del precio de la horchata. Se acordó entonces de que un amigo sacerdote le contó en una ocasión que había visto crecer el tubérculo en Togo, un pequeño país africano situado en el golfo de Guinea. "Ni corto ni perezoso, me planté en África", recuerda este comerciante valenciano de 55 años. "En Togo me enteré de que allí la chufa crecía sólo de modo salvaje, pero me dijeron que se cultivaba de manera organizada más al norte", relata Carrión, quien decidió viajar en busca de la chufa cultivada hasta encontrarla en el Sahel, la zona semiárida que separa el desierto del Sáhara y la sabana africana.

Carrión compra hoy el tubérculo a los agricultores de Níger, Burkina Faso y Malí, tres países situados a miles de kilómetros de la huerta valenciana que siempre aparecen en los puestos de cola del índice de desarrollo humano de Naciones Unidas. Su empresa, Tigernuts Traders (comerciantes de chufa, en inglés), transporta la mercancía desde pequeñas comunidades del interior a los puertos de África occidental para llevarla por mar a Valencia, donde el tubérculo se vende a los productores de horchata o se exporta para otros usos.Como en Valencia, la chufa comenzó a cultivarse en el Sahel tras la expansión árabe de los siglos VII y VIII. Hasta la llegada de Carrión a la zona, el tubérculo se utilizaba exclusivamente para consumo propio o para intercambio de productos de primera necesidad. Su siembra y recolección es un trabajo tradicionalmente reservado a las mujeres, ya que los hombres se dedican al mijo, la soja o el algodón, considerados más masculinos por la población local. Durante seis meses, de junio a diciembre, cientos de mujeres doblan el espinazo para arrancar el fruto oculto bajo la tierra.

La actividad generada por la empresa ha contribuido a dinamizar unas economías de subsistencia dependientes del trueque. "Con el dinero que les pagamos, los habitantes de esas zonas obtienen plusvalías que les permiten comprar otras cosas", explica el empresario. Sostiene Carrión que su negocio da trabajo, directa o indirectamente, a unas 10.000 personas en unas comunidades que, con frecuencia, ven marchar a sus jóvenes hacia las costas de Senegal en busca de un cayuco que los lleve a Canarias.

Escuchando a Carrión en su oficina de L'Eliana (Valencia), decorada con mapas y carteles con motivos africanos, da la sensación de que lo suyo, más que un negocio, es una aventura. A la dificultad de adaptarse a tradiciones centenarias se suma la necesidad de luchar contra la falta de infraestructuras, la sequía y la corrupción de las administraciones locales. En ocasiones, cuando los cargamentos de chufa atraviesan Costa de Marfil en dirección al mar, los camioneros tienen que pagar un impuesto a las guerrillas que dominan buena parte del país.

Los tres millones de kilos de chufa africana que Tigernuts Traders importa anualmente no siempre acaban en las terrazas de las horchaterías de la costa mediterránea. El tubérculo se utiliza en Europa como alimento de peces, y en EE UU sirve para dar de comer a los animales de granja. Otro testimonio de la globalización: la chufa cultivada por mujeres del Sahel hace escala en Valencia y ayuda a engordar los pavos que los estadounidenses comen en su fiesta mayor, el día de Acción de Gracias.

En estos últimos años, Carrión y su equipo se han preocupado por investigar y desarrollar otros usos para la chufa. "Estamos descubriendo y difundiendo propiedades de un fruto rico en fibras, vitamina E, glucosa y antioxidantes naturales", explica.

Con Ainia, una asociación valenciana dedicada a la investigación del sector agroalimentario, Tigernuts Traders trabaja en la extracción de aceite de chufa, en la creación de un nuevo sistema de pelado del fruto y en varias aplicaciones dietéticas. La empresa también elabora muesli de chufa, utilizado en repostería y, sobre todo, como complemento en barritas energéticas. La lista de posibles aplicaciones de la chufa es larga: champú, cremas dermatológicas, yogur, licor, cerveza, biodiésel...

Carrión subraya que el avance de los pisos, las autovías y los polígonos industriales está dejando la zona norte de Valencia sin tierra para cultivar la chufa. La ronda norte de la capital, recién estrenada, atraviesa lo que en su día fueron campos de chufa, y el crecimiento de Alboraya y los pueblos colindantes también se resienten del empuje del ladrillo.

El presidente del Consejo Regulador de la denominación de origen Chufa de Valencia, Miguel Muñoz Traver, niega que cada vez se cultive menos y afirma que, por ejemplo, la producción este año es más que suficiente para satisfacer la demanda de horchata. Sin entrar en si es de mejor o peor calidad, Muñoz Traver sostiene que la chufa valenciana cumple todas las normas de calidad de la Unión Europea, algo que no sucede con la procedente de África.

Fuente:
elpais.com

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