sábado, junio 30, 2007

Metallica revienta Bilbao


Mientras miles de seguidores hacían cola para coger el bus que les llevaría al concierto de Metallica, los componentes del grupo visitaban el Guggenheim.

Han sido capaces de reunir a 35.000 almas en Kobetamendi, pero apenas un puñado de estos fans tuvieron la oportunidad de verles ayer, en carne hueso y muy de cerca a los pies de Puppy.

Eran las siete de la tarde cuando James Hetfield, cantante y guitarra de Metallica, y Lars Ulrich, el batería, llegaron a bordo de dos mercedes oscuros a la explanada del Guggenheim. Mientras, miles de sus acólitos hacían cola para coger los buses para subir al Festival, y se hacían notar por toda la capital vizcaina con sus camisetas negras.

Apenas había expectación en torno al museo. Sólo una docena de seguidores, con la camiseta con el nombre de la formación estampado a fuego en la pechera, esperaba con el corazón en un puño.

Noemi, de Donosti, y Josep, Felix, otro Josep, y Penumbra (seudónimo de buen heavy) de Barcelona, fueron ayer al Guggenheim con la intención de sacarse una foto junto a la araña, Mamma antes de subir a Kobetamendi, cuando un cámara de televisión les comentó que Metallica visitaría el museo durante la tarde. Así, que, armados de paciencia, y con los nervios como escarpias, se sentaron en la explanada dispuestos a esperar que Los Maestros aparecieran. Y aparecieron. Se hicieron de rogar, pero cumplieron. Bajaron como las estrellas, eso sí, como las estrellas fugaces. Sin atender a los pocos medios presentes y con la seriedad de quien está hasta las narices de ser el centro de atención allá por donde va. Lars Ulrich, tocado con un sombrero negro, no tuvo problemas en pararse unos segundos para fotografiarse con los jóvenes acólitos que revoloteaban alrededor. De muy distinto talante se mostró Hetfield, que de un empujón tiró al suelo a un fan que osó poner su mano en el hombro del artista. "Don't touch me!", tronó el vocalista de Metallica mientras el incauto seguidor volaba hasta caer en el ingrato asfalto. Algunos todavía no se han enterado de que es imposible tocar las estrellas. Queman.

Atravesaron la explanada con la velocidad del rayo y se metieron al edifico de titanio, dejando una estela de confusos fans que se debatían entre la perplejidad y la admiración aún virgen. Félix, Penumbra y compañía daban botes de excitación y repasaban aún temblorosos las fotos que fueron capaces de capturar con sus cámaras digitales. Fans de esta calidad, que le veneran a uno a pesar de los pesares, sólo se los merecen los mejores...

A pesar de que los componentes de Metallica ya habían declarado estar interesados en visitar el Guggenheim, no fue hasta el último momento cuando realmente se confirmó su asistencia. Al parecer, era Lars Ulrich el más interesado en pasarse por la pinacoteca, ya que es un gran aficionado al arte y posee una gran colección.

La banda llegó a Loiu en su jet privado alrededor de las 18.00 horas y, directamente, Hetfield y Ulrich salieron disparados para el Guggenheim. Mientras, otro de los miembros del grupo quiso pasarse por Bakio para pillar unas olas, aunque no lo hizo finalmente; sin embargo el batería sí que se despejó antes del concierto practicando footing. Su intención era llegar al polideportivo de Zorrotza, pero antes de llegar se apeó del coche y empezó a correr.

Los integrantes de la banda manifestaron estar interesados en degustar la gastronomía local y parece que lo consiguieron, porque a su camerino llegaron un abundante surtido de txuletones adquiridos en una sidrería de Muskiz y varias botellas de sidra.

Fuente:
deia.com
elcorreodigital.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pudiste verlos en el concierto?

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