lunes, junio 18, 2007

Olaizola II recupera su trono


Fin de curso en el Manomanista. La pelota ya tiene a un nuevo campeón: Aimar Olaizola. El de Goizueta doblegó (22-10) a Abel Barriola y diluyó a pelotazos la supuesta igualdad que gravitaba de víspera sobre el bien llamado partido del año. Los errores cometidos por el de Leitza -10 tantos- y una pelota que puso en juego su rival, tosca y difícil de mover, fueron determinantes para la resolución del partido.

Aimar Olaizola se reencontró en ese teatro de los sueños llamado Atano III, con la 'txapela' mas prestigiosa de la modalidad. En 2005, contra todo pronóstico, se hizo con su primer título de prestigio de la pelota vasca. Se impuso -22-18- Martínez de Irujo. El pasado año, que sí tuvo a la cátedra rendida a sus pies, el de Ibero se tomó la revancha y le arrebató los laureles, 22-17.

Esta vez tuvo otro rival como opositor a la gloria a Abel Barriola. Un zaguero en línea emergente y que había despertado una enorme expectación al llegar a San Sebastián desde la base de la pirámide, después de eliminar a Galarza V, Xala, Peñagarikano, Martínez de Irujo y Patxi Eugi y erigirse en un firme candidato al olimpo pelotístico. Pero esta vez topó con un rival que ofreció un tratado de versatilidad y saber estar en la cancha.

Aimar se adentró en el Atano III con ese manual que tantos pingües beneficios le ha dado desde que dio al saltó al profesionalismo en 1998. Usando indistintamente el repertorio del invasor y del invadido. Implacable en ataque y ordenado en defensa. Haciendo coincidir sus exigencias con sus ambiciones. Unas veces asemejándose a un toro y otras revistiéndose con el caparazón de una tortuga.

Pero, al margen de sus habituales metamorfosis, por todos es conocido que Aimar a nadie engaña: bajo sus disfraces lleva siempre una dentadura de cocodrilo. Frente al de Leitza, un zaguero hecho a martillazos y con un espíritu competitivo inusual, entró al cuerpo a cuerpo sin ningún tipo de ambigüedades y terminó destrozándolo a dentelladas. Además, le ganó la partida en el terreno que esta acostumbrado a desenvolverse: la zaga.

La cátedra cantó de salida el dinero a la par. Había muchos miedos y recelos. Nadie se atrevía a dar un euro de momio por ninguno de los contendientes. El primer saque le correspondió al 'becadero', que marcando su territorio y haciendo de cada pelotazo una cuestión personal puso tierra de por medio (0-7) y disipó el aparente equilibrio anticipado por los sabios pelotísticos. Aquel marcador fue una losa para las aspiraciones de su rival.

Hubo un corredor de apuestas, Juan Luis Arrarte, que lanzó un comentario al aire a estas alturas de la final. «Aimar ya ha marcado unas diferencias abismales y Abel si quiere remontar tendrá que ganarse la 'txapela' haciéndolo todo perfecto e imponiendo un ritmo de juego mucho más alto y más veloz». No fue así, jugó al 'tran tran' y aquella diferencia en el luminoso se constituyó en una losa muy complicada para levantar.

Abel se fue a vestuarios y cambió sus zapatillas, con las cuales mantuvo todo un conflicto al no asentar sus pies con firmeza sobre la cancha donostiarra, y se puso otras nuevas. Con un derechazo largo, muy cruzado a la pared izquierda, dos saques consecutivos, los únicos que logró con esta jugada, y una dejada de derecha, limó distancias respecto al representante de la empresa bilbaína. Sus seguidores, que se dejaron notar mucho más que los de Aimar, comenzaron a jalear su nombre. Pero la suerte estaba echada.

A continuación se subió al balcón de los errores. Con todo el frontón para él marcó un dos paredes bajo txapa, 4-8. Un nuevo fallo y un paradita al ancho, muy artística de Aimar Olaizola, sirvieron para ir desbrozando el sendero de la victoria: 4-10. El rezagado, un pelotari que nunca tira la toalla y que sabe que hay que improvisar para poder sobrevivir, volvió recortar distancias, 8-10. Los hombres de las apuestas comenzaron a resoplar de incertidumbre.

Poco después, Barriola le da un pelotazo en el codo a su oponente en un cruce involuntario, y tiene que refugiarse en vestuarios par ser asistido por el médico. Fue una falsa alarma. El partido de reanudó a los tres minutos sin ningún tipo de contratiempo. El benjamín de la saga de los Olaizola se vino arriba a la misma medida que su contrario desapareció del Atano III. El resultado final inapelable: 22-10.

Partido decepcionante. Olaizola II, muy metido en su papel. Sin concesiones, sólo llevó a cabo un regalo. Un sotamano de derecha que se le fue al suelo. Finalizó 10 tantos en ataque. Barriola muy por debajo de línea mantenida en el transcurso del torneo. Regalar 10 pelotas son demasiadas para salir indemne de un partido de estas características.

Fuente:
elcorreodigital.com

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