jueves, junio 28, 2007

Tony Blair cede el Gobierno a Gordon Brown


Tony Blair dejó ayer la jefatura del Gobierno británico al hasta ahora ministro de Hacienda, Gordon Brown, y fue nombrado horas después como el nuevo enviado en Oriente Próximo del Cuarteto, compuesto por la ONU, la UE, Estados Unidos y Rusia.

Tras diez años como primer ministro de Reino Unido, Blair logró despedirse de la política británica en una atmósfera cordial y que, particularmente en su última sesión de 'Preguntas al Primer Ministro', en la Cámara de los Comunes, tuvo un aire triunfante, con todos los diputados puestos en pie y en su gran mayoría aplaudiendo al líder laborista cuando abandonó la Cámara.

Los líderes de los partidos de la oposición -el conservador David Cameron, el Liberal Demócrata, sir Menzies Campbell; y el unionista Ian Paisley-, se turnaron en ofrecer palabras elogiosas a la trayectoria de Blair y le manifestaron deseos de felicidad para él y para su familia.

La sesión fue tan cordial que los parlamentarios rugieron con buen humor cuando el presidente de la Cámara dio la palabra a un diputado laborista crítico con el mandato de Blair, con la esperanza de que se viviese un momento teatral. Pero incluso el izquierdista fue ayer manso.

Sólo un par de diputados 'tories' intentaron criticar el legado de Blair. Recibieron una réplica partidista pero leve, que sirvió para recordar el gran dominio que ha tenido el ya ex primer ministro de la arena parlamentaria.

Y Blair se permitió el lujo de no responder a un excéntrico diputado liberal, que preguntó al primer ministro cuáles eran sus ideas sobre las relaciones que debe tener la fe con el Estado. «Creo que esta vez voy a permitirme pasar de esa pregunta», respondió entre la rechifla general.

Poco después de abandonar el Parlamento con un elogio a la nobleza de la política representada en todos los escaños, Blair acudió al Palacio de Buckingham, donde presentó su dimisión a la reina Isabel. Que dio a Gordon Brown la tarea de formar Gobierno tras una entrevista inusualmente larga, de cerca de una hora.

Continuidad y cambio

Si la cordialidad en la Cámara de los Comunes y el relevo en el Gobierno entre políticos laboristas ofrecía una imagen de continuidad, la llegada de Brown al número 10 de Downing Street la subrayó. Allí recibió al nuevo primer ministro y a su esposa, Sarah, el secretario del Gabinete, jefe del alto funcionariado, Gus O'Donnell. Fue jefe economista del Tesoro, cuando Brown estaba a cargo del Ministerio y antes portavoz del último primer ministro conservador, John Major.

Aunque la transición de ayer ofrecía los habituales rasgos de continuidad en el sistema británico, Brown ofreció el horizonte de una «nueva política» en su breve discurso ante el número 10 de Downing Street, antes de hacerse cargo del Gobierno.

Afirmó que, en las últimas semanas, cuando ha viajado por el país como parte de la coreografía de la transición, ha percibido la demanda del público para que haya cambio en las políticas y en la manera de hacer política. Mencionó la sanidad, la educación, la vivienda y también la cuestión de la confianza en la política. Dijo que «el cambio no puede hacerse con la vieja política».

En las últimas semanas, ha intentado incorporar a miembros destacados del Partido Liberal Demócrata a su Gobierno. Ayer, antes de comenzar la formación del Gabinete, insistió en que se extenderá «más allá del interés de partido» y que «construirá un Gobierno de todos los talentos». Brown parece dispuesto a formar un Ejecutivo que no se limite a parlamentarios de su propio partido, como ha sido la norma en cerca de tres décadas de gobiernos británicos.

Por su parte, el ya ex primer ministro, Tony Blair, abandonó Downing Street con su familia. «Creo que no os voy a echar de menos», dijo su mujer, Cherie, a la prensa congregada para fotografiar su despedida- y, tras unos días en la residencia oficial de Chequers, se trasladará a su nueva vivienda privada, en el centro de Londres.

En la noche de ayer, viajó a su circunscripción, en Sedgefield, en el nordeste de Inglaterra, donde anunció a sus seguidores que abandona el Parlamento. Un comunicado oficial había confirmado horas antes que es el nuevo enviado del Cuarteto para Oriente Próximo. Rusia, que había reaccionado negativamente a la sugerencia de su nombramiento, finalmente lo aceptó.

Según han informado fuentes próximas a Blair, ejercerá su labor desde sendas oficinas en Jerusalén y Londres. Cuando fue preguntado ayer, en la Cámara de los Comunes por las ideas que guiarán su nueva labor, respondió: «La prioridad absoluta es intentar que tenga efecto lo que es ya el consenso en la comunidad internacional, que la única manera de llevar estabilidad y paz a Oriente Próximo es la solución de los dos estados».

Sus allegados han manifestado que los primeros pasos del político británico estarán encaminados a lograr que Hamás haga una declaración de reconocimiento del Estado de Israel. En diferentes declaraciones, Blair ha expresado su convicción de que el proceso de paz en Irlanda del Norte es una inspiración para avanzar en la política - «de enorme intensidad y trabajo», dijo ayer- de Oriente Próximo.

Es un papel diplomático que ofrece continuidad, según sus propias explicaciones, a su polémica decisión de apoyar la invasión de Irak. Ayer, comenzó su alocución de despedida parlamentaria, recordando la muerte de tres soldados británicos en Irak. «Penséis lo que penséis de mí, ellos son los mejores», dijo.

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