miércoles, junio 20, 2007

Un nazi en la oficina


«El trabajo hace libre», decía la siniestra frase colocada en la puerta de Auschwitz, y así ha sido para el ex oficial de las SS Erich Priebke, condenado a cadena perpetua en Italia y que, ahora, con cierta polémica, ha obtenido un permiso para salir a prestar sus servicios en una oficina de Roma. Es el bufete de su abogado y con él llegó ayer a trabajar a primera hora, subido de paquete en su 'motorino'.

Priebke tiene ya 93 años, pero lo que hizo el 24 de marzo de 1944 permanece en la memoria: colaboró en la matanza de las Fosas Ardeatinas, represalia a un atentado contra tropas alemanas. Por cada soldado muerto fueron fusilados diez italianos, elegidos en las cárceles de Roma. En total, 335 civiles. No salen las cuentas porque se equivocaron en cinco más, pero los asesinaron igual. Un centenar de personas, muchas de ellas descendientes de las víctimas, esperaron ayer a Priebke delante de su oficina para mostrar su indignación.

El despacho, situado en Via Panisperna, en el céntrico barrio de Monti, también tiene otra frase en la puerta que se presta al sarcasmo: 'Asociación Hombre y Libertad'. El letrado Paolo Giachini, defensor de Priebke, ya le consiguió un piso cuando le concedieron el arresto domiciliario en 1998, y ahora le ha dado trabajo. Cuando le preguntan por qué lo hace explica que la ley es igual para todos, que Italia es un Estado de derecho y que, de todas formas, Priebke «no era un pez gordo». A quien le hizo notar que su cliente nunca se ha arrepentido, respondió: «¿Alguien le ha preguntado alguna vez a quien soltó la bomba de Hiroshima si se ha arrepentido? No, porque la guerra es así». En cualquier caso a Priebke sólo lo pescaron en 1994, escondido en Bariloche, Argentina, gracias a la 'Ruta de las Ratas' o red 'Odessa', organizada para facilitar la huida a nazis con la ayuda de, entre otros, sacerdotes católicos.

La gente que protestaba ayer contra la decisión del tribunal se desahogó con pancartas y gritos, mientras el alcalde y otras autoridades de Roma les mostraban su solidaridad. «Mis abuelos murieron en Auschwitz y yo estoy aquí», decía un cartel. Una hora más tarde, ante la puerta de la 'Asociación Hombre y Libertad' sólo quedó una señora con un cartel que también encadenaba a esa frase una más: «Priebke... Si esto es un hombre», en referencia a Primo Levi. A las dos, el empleado Priebke salió para ir a comer.

Fuente:
elcorreodigital.com

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