martes, julio 03, 2007

Picasso en Bilbao


La 'Suite Vollard', realizada entre 1930 y 1936, permitió a Picasso medirse con Rembrandt y aun con Goya, y no salió mal parado. Era ya un artista controvertido y cotizado, y durante cerca de seis años creó una serie de cien grabados, la mayoría en la técnica del aguafuerte, de matriz metálica, que es celebrada como una de las obras cumbre del arte gráfico. En ella, Picasso afronta sin rubor el reto histórico y da fe de sus preocupaciones compositivas, al tiempo que deja girones de su propia vida.

El origen de la imponente serie de grabados que crea para el marchante y editor parisino Ambroise Vollard estaría en el interés de conseguir a cambio, para su colección particular, algunas obras que el marchante guardaba de tiempo atrás; «no se sabe muy bien si del propio Picasso o de otros artistas, como Cezanne o Matisse», refiere Javier Viar, director del Museo de Bellas Artes de Bilbao, en la presentación al público de la serie de grabados.

El ciclo completo se exhibe desde hoy en esta pinacoteca, dentro de su programa El papel del arte, que patrocina Bancaja. Esta entidad es, de hecho, la propietaria de los grabados, en una de las pocas ediciones completas de la 'Suite Vollard' que se conservan en el mundo. Posee asimismo otras series gráficas del genial artista, muy prolífico también en este campo, como las suites 60, 156 y 347, 'Los fumadores' y 'Caja de Remordimientos'; ésta última ya fue objeto de exposición en la histórica pinacoteca bilbaína en el otoño de hace dos años.

El artista español, que entonces está en una época calificada de clásica en su trayectoria, toma como excusa el tema del artista y su modelo, como Rembrandt había hecho tres siglos atrás en un misterioso aguafuerte fechado en 1639, poco después de morir la mujer del artista; en él, lo más detallado es el fondo, donde aparece un busto femenino, mientras la modelo y el pintor trabajan en un primer plano muy indefinido, como si la imagen hubiese quedado sin terminar. Sin embargo, el mismo Rembrandt, al que Picasso caricaturiza en varias de las estampas, dejó dicho que una obra de arte está acabada cuando el artista ha dicho lo que tenía que decir.

Picasso había encontrado años atrás sentido a su inspiración en el libro de Honoré de Balzac 'La obra maestra desconocida', que el propio Vollard le había pedido en 1927 que ilustrara; en él, un artista presta a otro a su modelo y amante. Picasso aún le seguía dando vueltas y en el cúmulo de imágenes de la 'Suite Vollard' convoca al artista con sus modelos, muchas veces confrontados con el minotauro que se aparea con una hembra humana, en dos imágenes simnultáneas que con las que establece un paralelismo entre el acto de crear y el de procrear.

El maestro español del siglo XX juega por momentos a la indefinición, como Rembrandt en su famoso grabado, y al mismo tiempo recurre a los mitos clásicos tanto para expresarse acerca de su vida íntima, como para ensayar su poderosa y mediterránea iconografía.

Picasso, que graba él mismo las planchas de cobre que luego manda editar, vive unos años en que todavía está casado con Olga Khoklova, se acuesta con Marie-Thérèse Walter, cuidadora de su hijo Paulo, y no tarda en conocer a Dora Maar, su amante siguiente. Y su atareada vida afectiva se manifiesta a cada paso en buena parte de los 100 grabados, tomados todos ellos por su poderosa e inteligente manera de dibujar.

Fuente:
elcorreodigital.com

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