martes, septiembre 25, 2007

Have you been in Bilbao?


En Nueva York ya saben lo que es el kalimotxo. Se lo ha contado el periodista de viajes del 'New York Times' Denny Lee, que en un hábil ejercicio de síntesis lo define como «un brebaje de vino barato y cola». Hasta aquí, correcto. Pero luego el reportero se anima y al final da una imagen de Bilbao cuando menos pintoresca. «Por la mañana, las abuelas achaparradas esperan la cola para comprar pan fresco y jamón de Bayona en tiendas antiguas. Al mediodía, los hombres mayores comen pintxos (sic) deslucidos y beben txakoli, un vino blanco semiespumoso». ¿Abuelas achaparradas? ¿Jamón de Bayona? ¿Pintxos deslucidos? ¿El txakoli como vino blanco semiespumoso? Dios mío, ver para leer.

El bueno de Denny Lee trataba de poner en contraste la modernidad del Guggenheim y el Casco Viejo, que le parece sacado de una postal en sepia del siglo XIX, por lo menos la primera vez que estuvo allí, en 1999. Por un lado, el futuro; por el otro, la ciudad eterna, 'El Botxo', un nombre que según el periodista significa en euskera 'agujero' y que no resulta nada halagador para los bilbaínos. Ay, si le pillaran por banda Los Bocheros.

Lee pregunta a la gente que está por el Guggenheim y después, ahora sí, da unos datos interesantes. Gracias al Guggenheim, la pregunta 'have you been in Bilbao?' (has estado en Bilbao) queda bien en los cócteles 'chic' de Nueva York, dice Lee. También el museo ha conseguido que el nombre de la ciudad aparezca en la corrección ortográfica -en inglés- del programa Word de Microsoft. Bilbao se ha convertido, incide el periodista, en un ejemplo de cómo «ciudades de segunda clase» se transforman en «imanes turísticas». El cambio, estudiado en «universidades de todo el mundo», es un «ejemplo de libro» sobre cómo «reempaquetar» urbes en declive con el tipo de arquitectura que causa admiración.

Lee cuenta cómo empezó a tomar fotos del museo, a tocar con sus dedos el titanio, hasta que tuvo que pararse por un «olor horrible», el de la ría del Nervión. «Ahí estaba el magnífico museo, la pieza de arquitectura más celebrada de toda una generación, al lado de un río marrón como el fango y pútrido como un pozo séptico, un museo de clase mundial nadando en un peligro ambiental del Tercer Mundo».

Vaya con Lee. Qué genio tiene. Si vuelve a la Plaza Nueva, seguro que nadie le invita a un txakoli.

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