domingo, septiembre 09, 2007

El Athletic mima a los árbitros


Kevin Blom, uno de los árbitros más destacados de Holanda, se encontró a finales de agosto en su buzón con una carta del Athletic. Escrita en inglés, con membrete del club y firmada por Enrique Ortiz de Artiñano, la entidad de Ibaigane se disculpaba por los incidentes del amistoso que el equipo rojiblanco jugó ante el Vitesse y que degeneraron en una tangana en el minuto 78 que obligó al colegiado a suspender el choque. «Quién sabe, igual dentro de dos años nos lo encontramos en la Copa de la UEFA», justifica el firmante de la misiva.

El árbitro holandés fue el primero en percibir que el club ha decidido ofrecer un «trato exquisito» a los colegiados, independientemente de las circunstancias de los partidos. Megía Dávila, que cometió dos errores determinantes para la derrota rojiblanca en el Camp Nou, también es testigo de los nuevos modos implantados por la entidad. Al acabar el partido, entraron en su vestuario Joan Laporta y Fernando García Macua. El primero, barriendo para casa, reescribió la segunda de la jugadas polémicas. «Las imágenes de televisión dejan la impresión de que el disparo de Touré Yaya ha entrado», le indicó. El segundo asumió un papel institucional. Se presentó ante él, le deseó suerte en el porvenir y un feliz viaje de regreso a Madrid. Ni una palabra sobre los errores que habían tumbado a su equipo.

La figura clave en este asunto es un ex juez de línea bilbaíno que hasta la pasada campaña corría banderín en mano por las bandas de Segunda B. De 36 años, Ortiz de Artiñano es el fichaje rojiblanco que más desapercibido ha pasado. Su misión, explica, es dirigir un sistema de atención preferente a los árbitros.

Fue un entrenador «muy protestón» de un equipo del Loyola Indautxu hasta que un amigo le inscribió sin decírselo en un cursillo arbitral. La pasada campaña aprovechó su amistad con el vicepresidente segundo, Fermín Palomar, para remarcarle que en el mundillo arbitral era un clamor que el tratamiento del Athletic era manifiestamente mejorable. «Me pidió un dosier sobre las cosas a aportar y él se lo entregó al presidente», relata. Su idea encontró en Macua una recepción entusiasta. El club llegó a un acuerdo con Ortiz de Artiñano por una temporada.

La junta quiere que el buen trato a los árbitros sea una seña de identidad en la política del club. Ortiz de Artiñano se dedicará a atenderles en cuerpo y alma en cada partido que jueguen en su campo el primer equipo y el filial.

Se estrenó en el partido ante Osasuna. La Federación prohíbe que representantes de los clubes anfitriones vayan a recoger a los árbitros a los aeropuertos, por lo que el madrileño Velasco Carballo y sus linieres llegaron en taxi hasta el hotel que ocupan en Bilbao todos los colegiados que pitan en San Mamés. En la recepción estaba esperándoles Ortiz de Artiñano. Les buscó un restaurante para cenar, les entregó su tarjeta de presentación y se puso a su entera disposición. «Estoy para lo que necesiten, desde conseguirles entradas para los museos o facilitarles los servicios médicos del club si alguno sufre molestias. Si me llaman a las tres de la madrugada porque necesitan acudir a un médico, allí me presento».

Si desean entradas, se les facilitarán también. Se evitará así que se repita el episodio de la semifinal de Copa ante el Betis en 2005, cuando Megía Dávila se encontró con que no había una invitación para su padre. El asunto tuvo que ser resuelto a última hora por parte del entonces presidente, Fernando Lamikiz, quien dio una consigna expresa a los porteros para que se le facilitara el acceso al campo.

El día del partido ante Osasuna, Ortiz de Artiñano se acercó a buscar a los jueces al hotel y acompañarles a San Mamés. Antes del partido le entregó el primero de los dos obsequios con los que el club recibe a los árbitros: un albornoz con el escudo de la entidad. En el descanso, introdujo en su vestuario una bandeja con frutas, queso y jamón. «Cuando llegue el invierno añadiremos un termo con caldo». A la conclusión del partido les entregó además una camiseta del equipo a cada uno de ellos. Un linier la recibió con especial agrado porque reveló que uno de sus hermanos es del Athletic. Con el filial, los presentes son más sencillos: neceser, banderín, insignia y llavero.

Ortiz de Artiñano hace en el túnel de vestuarios labores de vigilancia. «Macua me dejó muy claro que tengo la obligación de denunciarle cualquier comportamiento incorrecto con los árbitros. Me dijo que da una importancia suprema a que prevalezca el estilo Athletic. Si cualquier persona del club, un 'txapelgorri', un jugador o incluso un directivo, suelta una grosería al colegiado se lo tengo que comunicar inmediatamente para que él tome medidas».

El trabajo de Ortiz de Artiñano no acaba cuando el árbitro abandona San Mamés. Elabora un perfil del colegiado que pita el próximo partido, dará cursillos sobre reglamento a los equipos del club y además está especialmente atento a cada una de las reuniones en las que los colegiados analizan el reglamento y ponen el acento en determinado tipo de jugadas. «Comuniqué al delegado (Luis de la Fuente) las conclusiones de la cumbre de Santander. Allí los árbitros quedaron en que deben prestar especial atención a los codos que van arriba y en las entradas al área en los penaltis. Además, ahora hay que tener especial cuidado con los pinganillos. Están abiertos todo el rato, por lo que es muy peligroso que los jugadores que calienten le digan algo al linier. Les hemos avisado de que si lo hacen corren serio riesgo de ver una tarjeta».

Ortiz de Artiñano tiene claro que tratar con delicadeza a los árbitros «no nos valdrá para que nos piten cinco penaltis más, pero si eres atento con ellos puedes conseguir que si a un linier le cae una bolsa de pipas, como sucedió la pasada campaña, lo pase por alto y el club se ahorre así una sanción económica».

Fuente:
elcorreodigital.com

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