viernes, octubre 05, 2007

A Fournier le pintan bastos


Para mucha gente de cualquier punto cardinal, Vitoria es la capital del azar, el entretenimiento o las dos cosas por obra y gracia de Heraclio Fournier, la empresa de barajas que fundó un jovencito emprendedor burgalés hace 139 años en la capital alavesa con su rudimentaria piedra litográfica. Desde entonces, la firma de naipes y la ciudad viven una simbiosis orgullosa. Sienten a cuatro perezosos de la geografía en torno a una mesa con tapete verde y les verán reparar, aunque sea de modo subliminal, en la palabra 'Vitoria' cuando muestren con ruidosa satisfacción ese as de oros que completa las mágicas 'treinta y una'.

Pero a Fournier le pintan bastos. El Tribunal Europeo de Justicia dictó ayer una sentencia que le deja sin cartas en un mus donde va de postre. La firma alavesa pierde definitivamente el recurso de casación de un largo litigio, que nació por su deseo de patentar tres figuras -caballo de bastos, rey de espadas y el puñal con el que se componen varias cartas del palo de espadas- y continuó con la oposición de una empresa gala, France Cartes. La misma que le ha ganado por la mano.

El fallo judicial europeo niega a Fournier el registro como marca propia de esos tres diseños tras considerar que son signos descriptivos, y no privativos, a disposición de todos. «Representan características de los naipes españoles», condensa la resolución dictada ayer mismo en Bruselas. En realidad, la actual sentencia ratifica la firmada hace dos años por el Tribunal de Primera Instancia, al que Fournier acudió para patentar como suyas esas figuras de la baraja.

Tales son los antecedentes legales del asunto. Pero la historia ya es talludita, a punto de entrar en la adolescencia. Nació en 1996, cuando la empresa vitoriana solicitó a la Oficina de Armonización del Mercado Interior (OAMI), con sede en Alicante, la inscripción como marcas comunitarias de estos tres objetos de la discordia. Dos años más tarde, la OAMI accedió a la solicitud de Fournier. Y cuando todo parecían triunfos y briscas apareció France Cartes para retarle a las siete y media.

En 1999, la firma gala reclamó la anulación de ese privilegio. La partida dio un vuelco cuando la sala de recurso de la OAMI, tres años después, se desdijo de aquel permiso y atendió el requerimiento de la sociedad francesa. Ya entonces, la entidad ubicada en Alicante advirtió de que el puñal, el caballo y el rey carecían de carácter distintivo -negaba la condición de marca propia- y eran meros dibujos descriptivos. Se pasó del toma lo tuyo al café para todos.

Fue entonces cuando Fournier, representada por la oficina de patentes madrileña Elzaburu, decidió bregar por la defensa de sus factores diferenciales ante sus señorías togadas de Europa. Perdió la primera mano en 2005 y tampoco ahora ha podido levantar la mala racha. Ayer, Elzaburu se refugió en que «no había hablado con su cliente» para negarse a valorar la sentencia.

De cualquier modo, y pese al órdago, Fournier seguirá vendiendo más de veinte millones de barajas anuales a casinos y empresas de los cinco continentes. El juego sigue, que es lo que cuenta.

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