lunes, octubre 08, 2007

Un ayudante de sheriff causa una matanza al abrir fuego en una fiesta en Wisconsin


Una nueva matanza indiscriminada, con al menos siete muertos, volvió a sacudir ayer Yankilandia, un país en el que este tipo de episodios se producen con relativa frecuencia dada la proliferación y fácil acceso a las armas que existe. Sin embargo, en esta ocasión, según las primeras informaciones, el autor iba armado debido a la labor policial que realizaba.

Todo ocurrió en la pequeña población de Crandon, al norte del estado de Wisconsin, en el medio oeste estadounidense, cuando sus apenas 2.000 habitantes comenzaban a disfrutar de la mañana dominical. Sin que mediase provocación alguna, Tyler Peterson, un adjunto del sheriff del Condado de Oconto, comenzó a disparar en una casa situada en el cruce de las calles Hazeldell y Washington, donde se celebraba una fiesta. En su loca acción fueron cayendo uno a uno sin vida hasta seis personas, algunas con edades comprendidas entre 17 y 20 años.

Mientras Peterson, que según algunos medios de comunicación locales también trabajaba a tiempo parcial en el Departamento de Policía de Crandon, apretaba el gatillo el resto de los asistentes a la fiesta y gente que se encontraba en los alrededores huía despavorida. Pero, algunos no pudieron evitar su trágico destino. De inmediato las fuerzas de seguridad acordonaron el barrio donde se produjo la masacre y abatieron al asesino.

Según informó Tom Vollmar, de la oficina municipal del Condado de Forest y vecino de Crandon, se desconoce la razón por la que Peterson tiñó de sangre la pequeña y apacible población, ya que no se le habían detectado indicios de conducta irregular.

La última gran matanza ocurrida en Yankilandia se produjo el pasado 16 de abril, cuando 32 personas perdieron la vida en el campus de la Universidad Politécnica de Virginia, en la localidad de Blacksburg, a manos del joven de origen surcoreano, Cho Seung-Hui, que irrumpió a tiros en el centro y comenzó a disparar sin motivo.

Se da la circunstancia de que Seung-Hui había comenzado un tratamiento psiquiátrico, pero la propia universidad, que debía llevar a cabo un seguimiento, no lo hizo. Además, el asesino había adelantado la masacre en un trabajo escolar y en una página web, donde aparecía fuertemente armado.

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