lunes, octubre 22, 2007

Waylander de David Gemmell

Acabo de devorarme la primera novela del Ciclo de Drenai, Waylander.

Entretenidisima en su sencillez, nos presenta a un hibrido entre Conan y el Clint Eastwood de los spaghetti western, que en su carcomida existencia de asesino con corazon va avanzando como puede en pos de su mision, conseguir una armadura magica para el padre de una de sus victimas, de forma que este consiga parar una invasión que asola su reino.

Creo que lo que nos cuenta Gigamesh en su web es lo mejor que puedes oir al respecto de este libro, asi que voy a copiar lo que aquí nos dicen…



Tras el asesinato del rey, Drenai es devastada por el implacable Imperio Vagriano y los últimos reductos de su ejército resisten al borde de la aniquilación. Sólo si se encontrara la mítica Armadura de Bronce existiría alguna esperanza de victoria, pero la búsqueda es encomendada al hombre que acabó con la vida del rey y que propició el inicio de la guerra: Waylander el Destructor.

Waylander es la primera novela del ciclo de Drenai, con el que el británico David Gemmell se ha consagrado como el más destacado sucesor de la tradición encarnada por Robert E. Howard, Fritz Leiber y Michael Moorcock. Con un estilo sobrio y elegante, Gemmell recrea un personaje despiadado, amoral y tan complejo como seductor, y lleva a la fantasía heroica a unas cotas de dramatismo y madurez desconocidas hasta el momento.

Waylander el Destructor es el nombre por el que se conoce al despiadado asesino que mató al rey Niallad de Drenai por encargo del vecino Imperio Vagriano. Por eso Dardalion, sacerdote de la Fuente, se sorprende cuando Waylander lo rescata de sus torturadores y, posteriormente, se une a él en la lucha contra el invasor. Waylander recibe el encargo de buscar la Armadura de Bronce, con la que general Egen podrá reagrupar sus tropas y derrotar al enemigo. Debe atravesar el peligroso territorio de los nadir y enfrentarse a un sinfín de enemigos: el general Kaem y el ejército vagriano, la Hermandad Negra y... sus propios compañeros de viaje. Pero Waylander se pregunta por qué, de entre todos, ha sido escogido él para salvar Drenai del holocausto.

David Gemmell es uno de los más firmes valores de la fantasía inglesa contemporánea. Sus obras rehuyen de la banalidad para recrear un mundo rudo, sórdido y muchas veces cruel, donde los personajes se ven obligados a enfrentarse a situaciones extremas que cuestionan los límites de su humanidad. Narrador brillante y amante del detalle, Gemmell evita la retórica hueca y las descripciones innecesarias, pero no escatima recursos en hacer sentir al lector el horror de la guerra, la impotencia de los débiles y la fragilidad e incoherencia inherentes al ser humano.

David Gemmell (1948-2006) nació en Londres. Tras ser expulsado de la escuela a los dieciséis años, su físico imponente le permitió ganar un sobresueldo como portero en diversos clubes del Soho. Trabajó también como periodista para el London Daily Mail, Daily Mirror y Daily Express. Su primera novela, Leyenda (presentada en castellano junto a la totalidad del ciclo de Drenai), se publicó en 1984 y constituyó un éxito de ventas que le permitió profesionalizarse de inmediato. En los más de veinte años de carrera se mostró como un autor prolífico que dotaba a su obra de un tono rudo y amargo no muy común en la fantasía.



De las nueve novelas que David Gemmell ha escrito hasta el momento del ciclo de Drenai destacan dos héroes: Druss el Hachero y Waylander el Destructor. Cada uno protagoniza tres novelas del ciclo, y aquí acaba toda similitud entre ellos, pues son personajes completamente diferentes.

Druss tiene una caracterización plana: tiene amigos y enemigos; si alguien se interpone en su camino, o si hay que tomar partido por una causa justa, Druss tomará su hacha, se despedirá de su mujer y partirá. No teme las adversidades por abrumadoras que sean, pues ya ha vencido en muchas batallas desesperadas gracias a su tenacidad, y anima a sus hombres a luchar con un valor desconocido que los conduce a la victoria contra enemigos hasta diez veces superiores.

Se puede establecer un paralelismo entre Druss y algunos héroes clásicos como Ulises, Aquiles o Agamenón: ninguno cesa en su empeño hasta lograr el objetivo marcado. Los personajes que acompañan a Druss son los que imprimen profundidad a la historia; consideremos al poeta Sieben o a algunos de los enemigos de Druss, que no son tan malvados como aparentan, o al menos se comportan como caballeros.

Esto no implica que la intención de Druss fuera convertirse en héroe. Es un joven que se conformaba con ser leñador y vivir feliz con su mujer, pero el destino quiso que la pequeña aldea de montaña donde vivía fuese asaltada por unos esclavistas que secuestraron a todas las mujeres jóvenes (incluyendo a la esposa de Druss) y mataron al resto. Al regresar y ver lo sucedido, Druss busca el hacha de guerra de su abuelo (una pieza maldita de la herencia que su padre se encargó de esconder) y persigue la horda para rescatar a su mujer. Los hechos que vive posteriormente llevan a Druss a descubrir que ya no es aquel granjero y a aceptar su condición de guerrero. En este aspecto difiere de Waylander.

En su juventud, Waylander, cuyo auténtico nombre es Dakeyras, no deseaba nada más que vivir una vida feliz en su granja con su mujer e hijos. Pero un buen día, al volver a casa, descubre que su familia ha sido asesinada. Desde ese preciso momento se marca un único objetivo: vengar a su familia. De esta forma, el pacífico Dakeyras se convierte en el sangriento Waylander, un mercenario que no descansará hasta haber castigado a los criminales. Según Gemmell, waylander es un término arcaico inglés que significa «vagabundo», nombre que se ajusta a un personaje que, tras cumplir con su venganza, vaga sin descanso.

Aunque las circunstancias mantengan a Druss alejado, tiene un hogar y una esposa que lo esperan a su regreso. Waylander intenta volver a ser Dakeyras, pero los acontecimientos lo obligan a empuñar la ballesta para salvar el mundo, y a abandonar toda idea de formar un hogar. Sus acciones lo definirán como héroe, pero lo será a su pesar; el pasado es una carga y lo único que desea es compensar todo el daño causado.

Esto marca la gran diferencia entre Druss y Waylander. Druss no se arrepiente de nada, y a lo largo de sus novelas, el lector no duda de que es un hombre feliz; aparte de algún contratiempo puntual, sus planes se cumplen. Incluso durante el secuestro de su esposa, no da muestras de aflicción. Druss rara vez aprende de sus experiencias, excepto cuando estas le enseñan cómo combatir al enemigo. E incluso en estos casos, la máxima que aplica es: si la útima vez funcionó, ¿por qué no va a funcionar ahora?

Por el contrario, Waylander carga con el peso de la culpa. En esta primera novela han pasado veinte años desde que su familia fuera asesinada. Ha dado caza a los criminales, pero él se ha convertido en un asesino a sueldo. Waylander es el polo opuesto de Druss: es plenamente consciente de en qué se ha convertido, y que él es el único responsable; por otro lado, no podía evitar las circunstancias que lo han conducido hasta este punto. Detesta el hombre que es, y este hecho hace que vea la vida desde el punto de vista de un cínico: cuando Waylander mata a los torturadores del indefenso sacerdote Dardalion, recrimina a este que no haya levantado ni una mano en defensa propia, a pesar de saber que tiene prohibido cualquier acto violento. O quizás no quiera entenderlo, pues en lo más hondo sabe que, años atrás, antes de perder a su familia, Dakeyras pensaba igual que el sacerdote.Y cuando se encuentra con Orien, el antiguo rey drenai, no entiende (o no quiere entender) por qué no lo odia por ser el asesino de su hijo Niallad.

Aunque se arrepiente de haber matado al rey Niallad, y comprende que este acto violento dio pie a la guerra que asola el territorio, admite que, a veces, el uso de la violencia es inevitable para poder defenderse. Postura que más adelante compartirá el mismo Dardalion.

Al contrario que Druss, Waylander aprende de sus actos y su evolución hace que sea un personaje más rico y trágico que el hombre del hacha. Alguien que se ve obligado a emplear la violencia, que sabe que cualquier cosa que haga no deshará el daño que cometió anteriormente. De aquí su asunción de la culpa, que lo llevará a aceptar el encargo de apoderarse de la Armadura de Bronce y devolvérsela a los drenai.

Pues tras todo esto ya sabes, en tu libreria tienes a Waylander con su pistola, digo ballesta de dos disparos.

Puntuacion:6/10
Te entetendrá seguro.
Yo tengo el segundo en el monton para antes de fin de año.

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