sábado, noviembre 24, 2007

El milagro del Titanic argentino


«Yo estaba en el bar con otros viajeros. Era medianoche, se sentían los golpes del hielo contra el barco pero parecía algo común porque estábamos desplazándonos entre témpanos. Pero de repente la gente comenzó a subir mojada de las cabinas gritando '¿hay agua!'», relataba ayer Andrea Salas, una tripulante argentina rescatada del buque que chocó contra un iceberg y naufragó en la Antártida.

Fue una historia muy parecida a la del 'Titanic', el majestuoso crucero inglés que se hundió en 1912 de viaje a Estados Unidos. Sólo que esta vez tuvo un final feliz. Del total de cien tripulantes, hubo apenas dos que padecieron una hipotermia leve. Sin embargo, la angustia vivida durante casi cuatro horas en los botes salvavidas con un oleaje agresivo y un frío gélido será un recuerdo imborrable para todos.

El accidente fue protagonizado por el buque 'M/S Explorer', construido en Finlandia y operado por la firma turística canadiense GAP Adventures. Llevaba 91 pasajeros de 14 nacionalidades, 9 acompañantes del operador turístico y 54 tripulantes. Habían partido el pasado día 11 de Ushuaia, capital de la provincia argentina de Tierra del Fuego, hacia las islas Shetland del Sur, un archipiélago que está al norte de la península Antártica y mil kilómetros al sur del continente. Se proponía volver el lunes, pero ya no podrá ser.

La Antártida es un continente de hielo de unos 14 millones de kilómetros cuadrados de superficie. Los vientos alcanzan una velocidad de 200 kilómetros por hora y la temperatura llega a 70 grados bajo cero. Sólo en las costas, donde se concentra la emblemática fauna de la región, la temperatura es más benigna, con mínimas de -30 grados y vientos más amigables. La presencia humana se registra en un puñado de bases científicas administradas por países signatarios del Tratado Antártico, el acuerdo madre de protección internacional del continente destinado sólo para usos pacíficos, no militares.

La pesadilla comenzó en la madrugada de ayer. La nave, de bandera liberiana, se movía con elegancia en el mar helado y la luz del día se negaba a despedirse. Al sur del paralelo 60, casi no existe la noche cerrada en verano. De repente, un golpe pareció más fuerte que los anteriores. El crucero había chocado con un iceberg que desafió a la nave, como ocurrió con el 'Titanic'.

Según la ejecutiva de GAP Susan Hayes el buque «golpeó un trozo de hielo de la isla King George y el impacto dejó al barco un agujero del tamaño de un puño». Fue entonces cuando los pasajeros que dormían en sus camarotes notaron que había agua bajo sus pies. «Enseguida nos informaron por el altavoz que el buque había chocado, pero que la situación estaba controlada», relató Salas. «No hubo pánico, pero notamos que el barco se inclinaba hacia la derecha y tuvimos que evacuar inmediatamente», indicó la mujer. «Por suerte no llovía ni nevaba. Estaba amaneciendo», agregó.

Los náufragos cogieron los botes neumáticos. A diferencia del 'Titanic', en el que murieron 1.500 personas por falta de embarcaciones de salvamento, aquí hubo lugar para todos. Pero la demora del rescate los hizo temer por su destino. «Fue lo peor, todo ese tiempo ahí en los botes, mojados, con frío, con ese oleaje, viendo que el barco se hundía», recordó la testigo en declaraciones a una emisora de radio.

La alta frecuencia de viajeros en la Antártida en esta época del año permitió que el auxilio llegase relativamente pronto. Todos fueron recogidos por el crucero noruego 'Nord Norge' cuatro horas después. Los nuevos tripulantes atendieron a los accidentados, de los que dos tenían síntomas leves de hipotermia. De allí fueron trasladados a la base científica Frei, de Chile, donde un avión les llevará de regreso al continente, a la localidad de Punta Arenas, en el extremo sur chileno.

A pesar de que no hubo que lamentar víctimas, los científicos de la Dirección Nacional del Antártico, un organismo científico y técnico dependiente de la cancillería argentina, manifestaron su preocupación por el impacto ambiental del naufragio a medio y largo plazo. El barco, que al cierre de esta edición se inclinaba en un ángulo que parecía crítico, cargaba 185 toneladas de gasóleo que podría derramarse con el hundimiento. El combustible es liviano y en su mayoría se evapora, pero el remanente es muy tóxico y soluble en el agua. Los expertos temen que ese concentrado llegue a las costas de las islas, donde se expande una rica y frágil fauna.

El accidente es el segundo que ocurre en lo que va del año. El anterior fue a finales de enero, cuando un buque noruego encalló frente a las costas de la isla Decepción. En ese caso tampoco hubo que lamentar víctimas entre los 300 viajeros, pero sí se produjo un gran derrame de combustible.

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