lunes, noviembre 12, 2007

Quad volador made in Guipuzkoa


Pierce Brosnan los ha descubierto. El que fuera intrépido James Bond, agente 007 en la gran pantalla, quedó prendado en París al ver el invento de los guipuzcoanos Ugaitz Iturbe y Aratz Arregi, dos jóvenes emprendedores que presentaron a nivel internacional un curioso modelo de aeronave. Fue en la última edición del Salón de la Aviación de Le Bourget, a finales de junio, en la cita mundial por excelencia con lo más innovador en aparatos que surcan el cielo, y donde la creación de estos donostiarras compartía espacio con la estrella mediática, el Airbus A-380. «Hemos creado un nuevo sistema de transporte aéreo, una plataforma de vuelo autoestable y polivalente», comenta Arregi, ingeniero industrial y piloto privado, que hace poco más de dos años se unió profesionalmente a Ugaitz Iturbe, piloto e instructor de vuelo para trabajar codo con codo en este proyecto.

Bautizado con el nombre de AN-1 aeroquad -es un quad que vuela-, el aparato no es una aeronave al uso, sino una herramienta que podría llegar a pilotar cualquier persona, por la sencillez en su manejo. «Utilizando la inestabilidad del sistema, lo hacemos controlable, balanceando el cuerpo en la dirección que deseamos. Es como un ala delta: el centro de gravedad del piloto hace que se mueva de un sitio a otro, pero en este caso con rotores. Es un aparato que ni vuela alto ni vuela rápido, sino seguro», nos explica Aratz Arregi.

Vuela a una altura de entre 50 y 200 metros del suelo y posee una autonomía de hasta cinco horas. Además del pasajero, puede llegar a soportar 100 kilos de peso, lo que la hace ideal en casos de rescate de personas en zonas de mar o ante incendios. Debido a su clasificación, es posible manejarla con una licencia de ultraligero.

En la década de los cincuenta del pasado siglo ya existía algo similar a este concepto de aeronave de bajo coste, pero se abandonó por el auge del helicóptero. Estos dos guipuzcoanos contactaron hace año y medio con un ingeniero alavés para retomar aquella idea, y enfocarla a trabajos aéreos.

Tras su presentación en París, los ingenieros volvieron con más de doscientas opciones de compra de Nueva Zelanda a Chile, pasando por Brasil, Qatar, Rusia, Ucrania, Polonia... o Corea. Estos últimos, por ejemplo, estarían interesados en una treintena de unidades del AN-1 para utilizarlas en la fumigación de campos en su país.

En Estados Unidos, sería de gran utilidad en ranchos, para vigilancia de ganado. En Rusia, los nuevos ricos también han mostrado interés, y han sugerido además que se le ponga un GPS, un carenado... Los potenciales clientes de Qatar, utilizarían el invento para limpiar los aisladores eléctricos del polvo o salinidad del desierto. En definitiva, el mismo producto se puede adaptar a las necesidades de cada lugar y de cada usuario.

¿Y el precio? La versión básica para países en vías de desarrollo o aficionados alcanza los 40.000 euros, mientras que la versión de trabajo, más performance (con carenado, palas más sofisticadas...) se hallaría entre los 60.000 y 70.000 euros. También hay versión anfibia.

La plataforma voladora, que no se controla como un helicóptero pero que nos recuerda a éste por las hélices, se compone de cuatro módulos: cabina, barra de control, rotores y tren de aterrizaje. Dependiendo de las necesidades del cliente, se pueden cambiar los módulos a gusto del consumidor. Es un equipo muy sencillo, como los extras de un coche.

«Siempre hemos querido acercar la aeronáutica a todo el mundo. Además, hay un mercado muy amplio dentro de este campo que nos gustaría explotar», confiesa esta creativa pareja, cuya sociedad, Aeris Naviter, recibió recientemente el premio Gaztempresa, y quienes han contado única y exclusivamente con empresas vascas a la hora de idear el AN-1. «Astilleros Amilibia, por ejemplo, se ha encargado de hacer las palas», cuentan. «Es su primera incursión en el terreno de la aeronáutica».

El modelo está fabricado íntegramente con materiales aeronáuticos, incluido el motor. Las hélices se han realizado en fibra de carbono, un diseño de última generación.

Transportarlo de un lado para otro resulta muy sencillo: las palas, el tren y la cabina se pliegan. Por ejemplo, a la exposición de París la transportaron en el interior de una Renault Traffic. La sacaron y en tan sólo 12 minutos ya estaba montada.

A los donostiarras, les falta aún homologar su creación como avión ultraligero, un procedimiento burocrático y no demasiado largo, en el que se incluyen diferentes pruebas en vuelo, antes de llegar a la comercialización. A lo largo del verano realizarán varias pruebas en el aire, con el objetivo de conseguir para finales de año la certificación. En 2008, su objetivo es comercializarlo primero en Europa.

El proyecto de estos donostiarras es conocido ya internacionalmente. Prestigiosas revistas como la Aviation International News, han publicado reseñas, y el efecto ha levantado, por suerte, el interés de las instituciones vascas. Es hora de levantar el vuelo.

Fuente:
eldiariovasco.com

La imagen es de Google

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