martes, noviembre 27, 2007

Sobre Bruce anoche en Bilbao


Lo que ya se sabía, que a estas alturas Springsteen es el último gran catalizador de masas del rock, quedó una vez más demostrado durante la esperada visita a Euskadi del músico de New Jersey. Con U2 presa de su gigantismo y de las ínfulas de su líder y unos Stones que en su huida hacia adelante han terminado por vender su parque temático al mejor postor o banquero, el Boss representa para muchos el máximo garante de la identidad, sinceridad y experiencia física y anímica que se le supone a la mayor manifestación de la cultura popular del pasado siglo.

Puede que a sus muy bien llevados 58 años no transmita la urgencia de antaño, que el ímpetu de su épica rockera se haya aplacado un tanto y que la fertilidad creativa propiciada por su voluntad política haya afectado al calado de su desigual producción reciente, pero incluso en sus peores momentos, el autor de 'The River' está muy por encima de la media. El tiempo ha pasado, pero, en esencia, Springsteen no ha cambiado y eso explica la respetuosa entrega de todos los que anoche le escuchamos en Barakaldo.

Ante un público variopinto y más bien maduro, Springsteen elevó el termómetro sentimental del rock haciendo sentir al personal que iba a vivir una experiencia irrepetible. Aunque como siempre que actúa al sur de los Pirineos contaba con la audiencia entregada de antemano (los conversos eran ayer también mayoría), en su medio natural el Jefe despliega una fe y una convicción en lo que hace que es difícil sustraerse. Sus conciertos se han acortado (poco más de hora y media frente a las casi tres del pasado) y su despliegue físico no es el mismo, pero conserva el carisma y el vigor al recrear en vivo toda la bohemia urbana y el romanticismo implícito en sus temas.

Para defender su enfoque directo y esencialista del rock, cuenta con ese grupo de amigos que han envejecido juntos; una E Street Band que, aunque transmita por momentos un 'feeling' un tanto maduro, funciona todavía como una maquinaria rockera de primera. Con un Clarence Clemons un tanto disminuido, el juego de guitarras entre Steve Van Zandt y el enorme Nils Lofgren y la solidez de la tremenda base rítmica formada por Max Weinberg y Garry Tallent sustentan a un grupo al que ahora aportan solvencia Charles Giordano (sustituto del teclista y acordeonista Danny Federici) y Soozie Tyrell, la violinista, guitarrista y corista de la 'sessions band' que el año pasado ya suplió la señora Springsteen, una Patti Scialfa que, como se rumoreaba, se ha caído de la alineación.

Su show en Barakaldo escondía algunas sorpresas sobre el guión más conocido del tramo final americano del 'Magic Tour' y del estreno europeo de Madrid. Sobre un escenario austero y con veinte minutos de retraso, un organillo de feria dio paso a un «Gabon Bilbao», seguido del habitual «¿Hay alguien ahí?» con el que dio inicio al recital, provocando el delirio y componiendo en la penumbra: una pose ya icónica en la historia del rock.

'Radio Nowhere', el dardo garajero a las radios americanas que tira de su último disco 'Magic', lanzó al respetable por una autopista emocional jalonada de clásicos, que intercaló con temas de su última entrega. Los 16.000 afortunados que estaban allí se emocionaron con 'No Surrender', 'Lonesome day', 'Gypsy Biker' y 'Magic'. Ese descreído remanso que da título a su disco fue presentado con un «Posik nago (Estoy contento)». Con la convicción de los grandes animales de escenario, Springsteen acercó al boogie-blues del grupo tejano Zz Top el 'Reason to believe', elevando la temperatura de un recital que despegó con 'She's The One', 'Living in the future', que explicó en castellano denunciando la «pérdida de derechos civiles, las guerras innecesarias y los valores tradicionales de América». Hacia la primera hora, el show entró en su momento cumbre con la música de clásicos como 'Backstreets', 'Darlington county'. Después, la cosa perdió algo de ímpetu y el grupo recuperó aliento con temas sentimentales como 'I'll Work For Your Love', 'Devils Arcade' y la tríada patriótica 'The Rising', 'Last to Die' y 'Long Walk Home'. Una relectura prolongada y enfática de 'Badlands', otro tema de su disco más revisitado ('Darkness on the Edge'), elevó la temperatura antes de los bises, poniendo al personal al borde del éxtasis.

Con la euforia desatada y el público intuyendo que la cosa se acababa, Springsteen dedicó «a las chicas de Bilbao» la canción 'Girls in Summer Clothes', para pisar el acelerador del rock and roll setentero en la recta final con apoteósicas versiones de 'Thunder Road' y 'Born to Run'. El hit 'Dancing in the dark' precedió al jolgorio folk and roll de 'American Land', tema en homenaje a Pete Seeger, que puso broche a una noche con magia y con el 'savoir faire' que da la experiencia y la fe ciega en lo que se hace y se cree.

Gracias Jefe

Fuente:
elcorreodigital.com

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