jueves, diciembre 06, 2007

El difunto está muy vivo


John Darwin se presentó el pasado sábado en una comisaría del centro de Londres y dijo: «Creo que soy una persona desaparecida». Es algo bien extraño en boca de alguien que asegura no recordar nada de lo ocurrido en los últimos cinco años, pero eso es exactamente lo que Darwin dijo. La Prensa británica no ha desvelado los detalles de la rapidísima investigación que llevó a la Policía a identificar al hombre desmemoriado como el ex profesor de instituto y funcionario de prisiones que, en una tarde de mar tranquila, el 21 de marzo de 2002, a sus 52 años, zarpó con su canoa en una playa cerca de su casa, en el nordeste de Inglaterra. Y hasta hoy.

La marea arrastró hasta la playa restos de la canoa, que era roja, y su mujer, Anne, recepcionista en la consulta de un médico, se quejó de su viudedad inmaterial. Quedó sin enterrar el cuerpo remero de su marido, sin la pompa de un buen funeral para sellar tal duelo. La resurrección de Darwin provocó extrañeza. ¿Por qué un hombre de la austera Cleveland reaparece en la meca de la farándula, el West End de Londres, bronceado y con buen aspecto, diciendo que él es, aunque no recuerde nada, un desaparecido? ¿Por qué su padre, de noventa años, dejó caer una frase incoherente, tras agradecer a Dios la buena nueva: «John es sensato, sabía que no haría nada estúpido?». Pero, a los noventa años, uno puede decir cosas raras sin causar alarma.

Mucho más raro era lo de su mujer, que, tres semanas antes, había vendido sus dos casas por 700.000 euros y partido rumbo a Panamá. Los compradores de las viviendas tuvieron que utilizar más de diez contenedores para sacar ropas, muebles y enseres abandonados por Anne. Sus vecinos decían que se fue del país como si se hubiese ido a hacer la compra. Se debe aclarar que en los supermercados locales hay que pagar por lo que se compra y, en Panamá, no hay que pagar impuestos por rentas obtenidas fuera del país.

Estaban así las cosas cuando, en la madrugada de ayer, la Policía de Hampshire, en el sur de Inglaterra, detuvo a John Darwin, que estaba en casa de uno de sus dos hijos. El 'Daily Mirror' publicaba esa mañana la foto de John y Anne, en Panamá, en julio de 2006, ambos sonrientes junto a un empresario local que ayuda a los extranjeros a asentarse en el país.

La Policía de Cleveland, que investiga la veracidad de la foto, abrió hace tres meses una investigación sobre la desaparición de Darwin, que está relacionada con asuntos financieros. Anne, al ser informada de la aparición de su marido el pasado sábado, ya advirtió de que había cobrado el seguro de vida, y que ésa era una de las cosas que tenía que encajar en un momento de tan fuertes emociones.

La conmoción es compartida. La saga de los Darwin ha expulsado de las portadas de los periódicos a todos los famosos.

Fuente:
elcorreodigital.com

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