lunes, diciembre 17, 2007

El gran salto de Casas Novas


París, Ginebra, Londres... Y La Coruña. Hace siete años habría sonado a chiste la idea de incluir a esta ciudad gallega dentro del circuito de las grandes urbes europeas de la hípica, porque la tradición era nula. Pero han pasado siete años, se han celebrado ya quince ediciones del Concurso de Saltos Internacional (CSI) de Casas Novas -la última finalizó ayer- y hoy día La Coruña puede presumir de estar al nivel de Londres en materia hípica sin que suene a broma.

Ciento cincuenta y ocho caballos y sesenta y dos jinetes, entre ellos Athina Onassis y su esposo, Doda Miranda, Luis Astolfi, Cayetano Martínez de Irujo, Jesús Garmendia, José Bono (hijo)... Y los número uno mundiales, Marcus Fuchs y Jessica Kürten, han saltado durante estos tres últimos días en el XV CSI La Coruña, patrocinado por Rolex. «Éste es el único campeonato de España de cinco estrellas -apunta el veterano Astolfi-. Los premios son altísimos, de hasta 200.000 euros.Y luego está el trato, las instalaciones... La gente se pelea por venir».

Al frente de todo el tinglado, discreto hasta el hermetismo, pero siempre omnipresente, está Amancio Ortega, el magnate de Zara. Su hija, Marta, comenzó a montar de niña y hoy es una consumada amazona. Así que el padre pensó que había que organizar algo... «Hemos conseguido hacer marca. Y esto, en España, donde no existe tradición de cría de caballo de salto, es como celebrar corridas de toros en Alemania con el nivel de Las Ventas», afirma satisfecho el donostiarra Álvaro Arrieta, director del concurso. «El secreto -aclara- consiste en aplicar la filosofía de Inditex, es decir, el inconformismo permanente: siempre hay que mejorar algo».

El sábado por la noche se celebró la prueba estrella, el Gran Premio Telefónica, en el lujoso picadero cubierto de Casas Novas, una 'bombonera' hecha de madera y materiales nobles. Sobre la pista, adornada con flores de pascua, y también con peliagudos obstáculos, saltaron los mejores jinetes del mundo, a lomos de caballos cuyo valor ronda el millón de euros. «Los míos no llegan a ese precio ni de lejos», se lamentaba Cayetano Martínez de Irujo, que abandonó la prueba tras derribar dos obstáculos. «He saltado con un caballo viejo, de quince años, pero no tenía otro. Necesito encontrar un espónsor o que alguien me compre un caballo, porque ahora tengo dos hijos que alimentar y este deporte es muy caro», nos comentó el hijo de la duquesa de Alba, mientras firmaba autógrafos. «En un par de años me retiraré de la alta competición. Seguiré en el circuito, pero más tranquilo».

En los palcos, contemplando los arriesgados saltos, cenaban políticos, empresarios, aristócratas todos con un Rolex en la muñeca, bebiendo Albariño y dándole al jamón Cinco Jotas... Al finalizar la prueba, que ganó el suizo Pius Schwizer, sonó la Marcha Radetzky y el público la acompañó con palmas. Aquello parecía el concierto de Año Nuevo de Viena, sólo que con caballos.

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