lunes, enero 28, 2008

El hijo díscolo de Brando


Christian Brando actuó en algunas películas como secundario, pero no fueron esos papeles los que le convirtieron en un asiduo de los medios de comunicación. Primero, era el hijo de Marlon Brando, y luego había matado a su cuñado. El juicio se siguió en todo el planeta, lo mismo que las caricias que le dio su padre cuando estaba en el banquillo y su petición de clemencia al jurado. «No le he educado como debía», dijo entonces el protagonista de 'Un tranvía llamado deseo'.

Christian murió el sábado a los 49 años en un hospital de Los Ángeles a causa de las complicaciones de una neumonía. En 1990 fue condenado a diez años por matar a Dag Drollet, el marido de su hermanastra Cheyenne, que estaba entonces embarazada e insistía en que su compañero le pegaba.

Tenía razón Brando: su hijo no recibió una educación normal. Sus padres se separaron cuando aún dormía en la cuna y su madre, la actriz india Anna Kashfi, se quedó con él, pero no por mucho tiempo. A los cinco años le quitaron la custodia por su dependencia del alcohol y otras drogas, y el niño, entonces de seis años, se quedó con la hermana del actor.

Mientras éste se encontraba en el rodaje de 'El último tango en París', la madre de Christian se lo llevó ilegalmente. Les hallaron en Baja California, vivían en un tienda y el chico estaba enfermo de bronquitis.

Christian comenzó pronto a hacerse famoso. A los catorce años dejó la escuela y empezó a beber y a meterse LSD. Trabajó de soldador y cortando árboles, vivió en Alaska y se empleó en una fábrica de procesar pescado, mientras su padre almacenaba millones de dólares y subía al trono de los reyes del cine.

El hijo del actor terminó el bachillerato en la cárcel, de la que salió cinco años después de su ingreso por el homicidio de su cuñado. Casi al mismo tiempo se suicidaba su hermana Cheyenne en Tahití.

Pero aquí no terminaron sus problemas con la ley. En 2001 se le relacionó con el asesinato de una de sus amantes, Bonny Lee Bakley, aunque subió al estrado sin ser acusado del delito y sólo en condición de testigo. Cuatro años más tarde fue condenado por malos tratos a su mujer, Deborah Presley, que dice ser hija de Elvis.

El joven Christian vivió con ese punto rebelde que su padre tan bien interpretaba en sus películas, sólo que en su versión más sórdida. Las clínicas de rehabilitación y los programas de reeducación no tenían secretos para él: una película vieja y gastada.

Fuente:
elcorreodigital.com

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