lunes, enero 14, 2008

El último capítulo del 'e-book'


El libro electrónico, el 'e-book', no es precisamente una novedad. Desde principios de los noventa, distintas compañías han intentado introducirlo en el consumo, pero entonces los lectores no tuvieron ojos para él. Modelos como el Rocket Ebook, el Softbook, el Librius o el Everybook pertenecen al museo de la tecnología, y han pasado a sus salas casi sin utilizarse. Pero ahora puede ser distinto.

«En cinco años no hubo demanda. Quizá salieron por pura soberbia tecnológica, porque se podían hacer. Ahora la gente está mucho más habituada a las descargas y éstas funcionan mejor. De hecho, el 'kindle' utiliza un sistema muy parecido al 'iTunes'», argumenta Joaquín Rodríguez, sociólogo, editor y autor de 'La edición 2.0. Los futuros del libro' (Melusina).

Entre las ventajas del Kindle, que sus promotores publicitan como 'iPod de los libros', se encuentra su portabilidad -pesa 300 gramos y mide 18 centímetros de largo y 13 de ancho-, la alta resolución de su pantalla, los 200 libros que puede almacenar y la posibilidad de bajarse una obra en cualquier lugar y momento. Hay 90.000 títulos disponibles, lo que no es tanto como parece -en España se publican 70.000 al año-, y cuestan bastante menos que el precio habitual (menos de siete euros por volumen). Además, incorporan conexiones a diccionarios, periódicos y blogs, así como a imágenes y sonidos. Un festín para los mayores, y enormes posibilidades para la lectura de los niños. Apple y Sony ya están trabajando en la misma dirección.

Entre las pegas cabe citar el idioma, ya que los libros sólo están en inglés, no se pueden compartir y aún no se ha demostrado que sean más cómodos que el formato tradicional. Además, el diseñador Philippe Starck, ha dicho que su apariencia es «un poco triste».

La edición, en todo caso, está en el umbral de un gran cambio, y no sólo por este artilugio, sino por todas las posibilidades que ofrece Internet. Alfredo Landman es el director de Gedisa, una editorial que acaba de cumplir 30 años y que tiene una prestigiosa y pionera colección sobre cibercultura. «Internet ya ha cambiado la edición académica. Las revistas, los trabajos y los libros se venden por la Red. Incluso está la posibilidad de adquirir la parte de la obra que nos interese, no toda. Otra cosa es la literatura, que yo la veo asociada al papel», explica.

Una investigación realizada en 2006 entre profesores y estudiantes del University College de Londres corrobora la perspectiva de Landman: los universitarios usan los formatos electrónicos para los libros de texto, los manuales y las monografías, indepedientemente del sexo y la edad. Pero los libros 'de lectura' se piden en papel.

Lo mismo que en su día pasó con Internet, el libro electrónico se postula como la salvación para los autores a los que no publican las editoriales tradicionales. El gran jefe y fundador de Amazon, Jeff Bezos, casado con una novelista, ofrece a través de Kindle el gancho de poder saltarse el filtro del editor. El escritor que opte por este sistema recibirá el 35% del precio de venta, cuando ahora suele recibir el 10%. Las editoriales y los distribuidores se quedan sin trozo de pastel, y Bezos, con el 65%.

Lo que en principio parece un chollo para los noveles, en realidad lo es para los consagrados. Un Follet puede permitirse el lujo de poner en el Kindle 'Un mundo sin fin' porque la gente le concoce y le buscará en a Red. De hecho, el libro 'e-book' más vendido en 2004 fue 'El código Da Vinci'. Entonces, ¿qué ocurrirá con un perfecto desconocido?

La tarea del editor como barrera y garantía de calidad no desaparecerá, según Landman. «Somos editores de contenidos y debemos evolucionar al ritmo de los soportes. Pero la edición seguirá necesitando una estructura profesional que gestione los derechos de autor, las traducciones, las correciones, y que tenga un conocimiento del mercado. Las marcas editoriales como prestigio y garantía serán cada vez más importantes».

En la misma dirección se expresa Joaquín Rodríguez, para quien los sellos editores pondrán orden al caos de Internet. «La Red democratiza, pero la maraña es monumental. La discriminación resulta más necesaria que nunca».

Adolfo García Ortega, escritor y director literario de Planeta, otea un futuro en el que cambiará tanto el concepto de autor como el de editor. «La divulgación del texto será tan accesible que la frontera de la calidad se difuminará. Si ahora el editor es la figura que otorga respetabilidad a un libro, en Internet esto puede cambiar y los lectores quizá se fíen de lo que dicen otros lectores en la Red, de la puntuación que le den. Ir al editor será como ir al dentista. En vez de arreglarte de la boca, se encargará de las correcciones y de otros detalles de producción para que el texto salga limpio. Y eso lo podrá hacer desde casa. Ya no se necesitarán grandes y pesados grupos editoriales».

Fuente:
elcorreodigital.com

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...