martes, enero 22, 2008

La mejor colección privada vasca, en Bilbao


Pocos podían pensar que alguien en el País Vasco pudiera guardar en su casa obra de cubistas como Juan Gris, Albert Gleizes, Fernand Léger y Pablo Picasso, revisitando éste el estilo quince años después de su vanguardista pulso con Braque. Pues sí, un coleccionista que prefiere guardar el anonimato se lanzó en plena década de los 90 a comprar destacados cuadros de lo más granado del surrealismo; de Max Erns, Salvador Dalí, De Chirico y el Joan Miró de poética codificada. También logró las firmas de Vasily Kandinsky y Paul Klee, artífices de la más primigenia abstracción. Su colección reúne además al Picasso más viejo y más libre para confrontarle con el más joven y osado Miquel Barceló en las lindes entre la figuración y la abstracción. El valor de toda la obra se ha cuantificado, a efectos del seguro, en 55 millones de euros.

Cubistas, surrealistas y los primeros abstractos, justamente algunas de las corrientes del siglo XX por las que un museo como el Bellas Artes de Bilbao pasa como de puntillas, comparten sitio ahora. Es como si el coleccionista, que entró en el mercado del arte a principios de los años 90, hubiera comprado pensando precisamente en las carencias de este centro de referencia en las artes plásticas en España.

El caso es que el propietario, celoso por mantenerse fuera del ojo público, ha decidido prestar sus importantes fondos al museo vasco por un periodo de cinco años -luego prorrogables- y ayer se exhibieron por primera vez en público dentro de una exposición temporal que se mantendrá hasta el 2 de marzo. «Al día siguiente, las obras serán incorporadas a la colección del museo allí donde corresponda en casa caso», adelantó el director de la pinacoteca, Javier Viar.

La colección arranca con varias obras del XIX, colgadas ya en sus emplazamientos definitivos: dos estampas populares de Leonardo Alenza sobre tabla y una vista urbana de Zaragoza obra de Regoyos, de una España destartalada, como de cómic; el retrato de una misteriosa dama de París de Anglada Camarasa y, sobre todo, el luminoso cuadro de Joaquín Sorolla 'Después del baño. Asturias' -retrato de la mujer del artista al borde del mar, ya de 1904-, que se complementa de manera perfecta con un oscuro ejemplo que del mismo pintor tiene el museo, la escena de un interior de iglesia ('El beso de la reliquia'); lo mismo que sendos desnudos femeninos de Pinazo y Federico de Madrazo. Todo ello reaviva el interés de la metódica colección del XIX.

Viar, que ha negociado personalmente la cesión temporal de una colección particular que no dudó en calificar como «la mejor del País Vasco; aunque no la única», certificó lo que supone de «refuerzo sustancial» para el contenido del museo. El actual director, él mismo coleccionista, recordaba cómo el propio centro es obra en buena medida de mecenas históricos como Laureano de Jado, Horacio Echevarrieta, José Palacio, Ramón de la Sota y Aburto y Lorenzo Hurtado de Saracho; aunque en su época primaba la donación absoluta, sin más contrapartidas que el orgullo personal y el prestigio social.

En el caso del nuevo mecenas captado para la causa de la vieja pinacoteca, sus contrapartidas son tener los fondos a buen recaudo -este museo dispone de uno de los mejores talleres de restauración- y conseguir los lógicos beneficios fiscales por su gesto. Parte de los fondos, concretamente varias esculturas de Chillida, Palazuelo, Navarro, Txomin Badiola y los británicos Anish Kapoor y Tony Cragg figuraban ya entre las cesiones que el museo viene disfrutando desde 2006.

«Ésta es una colección inusual, porque va más allá de lo autonómico y lo nacional; un hecho raro en el panorama del coleccionismo español. El propietario tuvo claro desde el principio que quería reunir un conjunto de importancia internacional», aclaraba ante los periodistas Guillermo de Osma, conocido galerista de Madrid y comisario de la muestra junto con su colega bilbaíno Pedro Carreras. Ambos «han sido esenciales en el modelado de esta colección», justificó Viar. «Después de años de intensa recopilación, es bueno que la colección repose y se muestre al público», añadió el marchante madrileño al presentar la muestra.

El conjunto comprende 63 obras -15 de ellas esculturas- y en él figuran también el maestro cubista André Lothe y su discípula de Santander María Blanchard, que pronto dejaría el cubismo por una extraña figuración, en un viaje parecido al de Manuel Ángeles Ortiz, igualmente representado aquí. La nómina de los surrealistas crece de modo espectacular con Óscar Domínguez, Francis Picabia, Wifredo Lam y Roberto Matta.

Cierran la lista Tàpies, Richard Serra, Antonio Saura, Millares, Gordillo y el Equipo Crónica, con un cuadro de 1981 que evoca los grupos de gente de Kirchner, maestro del expresionismo alemán, uno de los movimientos del XX de los que el museo sigue huérfano.

Fuente:
g.carrera en correodigital.com

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