lunes, febrero 18, 2008

La carrera más larga


Como un Marco Polo moderno, el alavés Patxi Huélamo, taxista de profesión desde hace nueve años, quiere recorrer mundo al volante de su taxi, un 4x4 con suspensiones especiales, una especie de camión en miniatura, acarreando a cinco clientes que puedan costear la generosa tarifa que marcará el contador. Lo de surcar 'mundo' no es una exageración. Tampoco lo de tarifa abultada. La idea de este hombre que parece incapaz de concebir una idea que no sea descomunal es hacer un «crucero de secano» con «cinco 'Willy Fogs' modernos». Así ha bautizado a la idea de cubrir en su taxi la ruta Vitoria-Shanghai en dos meses.

Y como Patxi Huélamo es de los que piensan que el camino más corto entre dos puntos no es la línea recta, 35.000 kilómetros y una veintena de países distan de por medio en el itinerario que él mismo se ha encargado de diseñar. «Por cuestiones climatológicas y de disponibilidad debo ajustarme a las fechas estivales», dice. Pretende llegar a la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín, el 8 de julio, y estar de vuelta en casa para septiembre a más tardar. Y, de paso, figurar con la hazaña en el Guinness como el taxista que ha cubierto la carrera más larga de la historia. Nadie hasta la fecha ha podido arrebatar el récord al vizcaíno Carlos Arrese, que fue en taxi de Londres a Ciudad del Cabo en el año 1994.

«Sueño con que algún día un cliente contacte conmigo para solicitar mis servicios para una aventura todavía mas larga», confiesa Huélamo. Hace meses que esta idea descabellada estacionó en su cabeza y ahora se ha convertido en algo tan permanente como el paisaje que durante esta entrevista tiene ante sus ojos: el descampado donde se alza la basílica de Armentia en Vitoria. Por eso está deseando meterle la primera, la segunda, la tercera y la cuarta marcha al asunto.

Pero la velocidad está siendo más bien limitada. Hasta ahora, sólo «un gallego» se ha apuntado con los ojos cerrados a este viaje intercontinental. «Ha habido más respuestas, pero no convencidas». Modernos 'Willy Fogs' no faltan, pero «no que dispongan de dos meses para pegarse un viaje así», advierte. «Ni de presupuesto».

Hechas las cuentas por lo alto, calcula Patxi Huélamo que cada cliente deberá desembolsar entre 6.000 y 16.000 euros. «Dependerá de los hoteles que se elijan y de si conseguimos patrocinadores», apunta este taxista con apego a la aventura desde que tiene uso de razón. El dinero se irá en gasolina, alojamiento, comida... «Y en sobornos a policías, por si surgen imprevistos», advierte el aventurero, al tiempo que una sonrisa baila en sus labios.

Si la idea navega a favor de su exultante estado de ánimo, el viaje promete. Una agencia de viajes ha asegurado apoyo logístico para todo el trayecto. Un fabricante de taxímetros facilitará y precintará el aparato que marcará la tarifa y el kilometraje de la carrera, además de instalar un monitor en el vehículo que permitirá tenerlo localizado en todo momento desde Vitoria. Y «apalabrada» está con una productora la realización de un vídeo que inmortalice la hazaña, «siempre que los clientes den el visto bueno». La Asociación Española contra el Cáncer recibirá el 10% de los beneficios obtenidos con la difusión del documental.

Aunque el itinerario es «negociable», el programa determina avanzar de 800 a mil kilómetros por jornada de asfalto. En una primera etapa, el taxi llegará a París. De la Ciudad de la Luz viajará a Roma en la segunda, y a Berlín en la siguiente. Atravesará la capital húngara antes de tomarse un día de respiro en Varsovia. Sólo uno, porque habrá que partir de inmediato para Riga y, de ahí, a San Petersburgo, Moscú y Volvogrado, la antigua Stalingrado... El trayecto se inspira en el 'rally' intermongólico y atraviesa ciudades de nombres impronunciables: Cheliavinsk, Omsk, Novosibirsk, Balangansk, Barthan, Xilinhot, Tianjin, Qingdao... Hasta Shanghai, el escaparate de la nueva China.

Faltan cinco meses mal contados -si se cuentan bien, salen menos- para que lleguen las Olimpiadas de Pekín. Pronto aún para preparar el equipaje y poner rumbo a la gran dama de Asia, que exhibe orgullosa impresionantes rascacielos. Si todo sale como Patxi Huélamo espera, a su regreso le aguardan otras damas en casa; su mujer y su hija recién nacida, y un muchachito de tres años.

Y si no cumple su sueño, este intrépido taxista se quedará con la conciencia tranquila de quien lo ha intentado y no fue culpa suya. Montará una agencia virtual de reservas de taxis a nivel nacional desde 'www.patxitaxi.com' y hará planes para otra carrera.

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