viernes, febrero 08, 2008

La guerra del buñuelo


Un simple problema alimentario, o un envenenamiento premeditado? Es la pregunta que se hacen millones de chinos y japoneses en este momento, mientras las autoridades de ambos países reviven rencillas pasadas y se acusan mutuamente de elevar un caso de seguridad alimentaria al fangoso terreno de la política internacional. Parece mentira, pero las relaciones entre ambos colosos asiáticos, que pasan por uno de sus momentos más dulces, pueden verse afectadas por un cargamento de buñuelos congelados en mal estado.

Todo comenzó cuando, el 31 de enero, una decena de japoneses comenzaron a sufrir vómitos y diarrea después de haber ingerido buñuelos procedentes de China, uno de los principales productores mundiales. La prensa nipona se hizo eco del incidente y, rápidamente, el caso ha alcanzado niveles desorbitados. China mostró su «gran preocupación», y comenzó una investigación propia después de paralizar todos los cargamentos de la empresa afectada, Tian Yang. Japón, por su parte, retiró todos los productos comercializados por el distribuidor afectado, JT Food Company. Los expertos chinos concluyeron que los buñuelos están libres de pesticidas, al contrario de lo que anunciaron las autoridades sanitarias japonesas, que encontraron altas concentraciones de un insecticida llamado Metamidophos, prohibido en China desde 2004. Y el culebrón continúa, porque ya son 300 las personas afectadas y una niña se encuentra en estado grave.

El lunes, China envió un grupo de cinco expertos en seguridad alimentaria a Tokio para comprobar 'in situ' el estado de los alimentos, de los que se han comercializado 2.000 paquetes, y Japón contraatacó con el anuncio de la visita de varios oficiales de sanidad a China para estudiar las condiciones de la empresa productora de los buñuelos. Mientras tanto, la población asiste atónita a esta nueva 'guerra' entre los dos gigantes del continente. Algunos expertos japoneses ya han anunciado que su país es rehén de las importaciones de comida de terceros países, porque sólo es capaz de generar el 26% del alimento que consume su población. Además, como los productos agrícolas nipones son mucho más caros que los chinos, una gran mayoría de empresas japonesas prefieren importar los alimentos. Para algunos, el asunto de los buñuelos debería ser tratado como una cuestión de seguridad nacional.

En juego no sólo están las relaciones bilaterales, también los cientos de millones de euros del comercio alimentario entre ambos países, que el año pasado se incrementó un 12%.

Ahora, las autoridades tendrán que determinar el origen de inexplicables agujeros en los paquetes de buñuelos contaminados, y depurar responsabilidades. En el aire flota la posibilidad de que, finalmente, el envenenamiento haya sido intencionado, en cuyo caso el serial podría ganar aún dramatismo y convertirse en un grave conflicto internacional.

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