jueves, febrero 28, 2008

Sobre el museo nacional dedicado al cómic y la ilustración

Se llamará Museu del Còmic i la Il·lustració, estará en el área metropolitana de Barcelona y en cuestión de "semanas", según ha puntualizado la conselleria de Cultura, "comenzará a andar".


Las viñetas tendrán por fin su esperado y merecido espacio en la red de museos catalanes públicos, "un sueño largamente ansiado" por el sector catalán del cómic, explica Carlos Santamaría, director del Salón Internacional del Cómic de Cataluña. Un proyecto que llevaba años en proceso embrionario (ya empezó a cocinarse en la anterior legislatura, en la etapa Mascarell) y que, por fin, despegará apoyado por la conselleria que dirige Joan Manuel Tresserras, que hace unas semanas llevó a cabo una reordenación de los museos catalanes y acaba de dar luz verde a otro museo, el de Castellers de Valls.

Aunque no hay fecha oficial de inauguración, el carácter del futuro museo se perfila como un centro de vocación divulgativa, donde se catalogará y se expondrá parte del enorme legado patrimonial del cómic catalán. "La idea es que también sea un laboratorio de ideas y que ejerza de dinamizador del cómic y la ilustración, además de su labor de conservardor", aclara Santamaria. Tanto Ficomic como la Apic (la Asociación de Ilustradores de Cataluña), editores, autores y coleccionistas como Joan Navarro han sido tanteados para definir el futuro del centro, el primero de su especie en España. "Ya era hora", comenta Francesc Capdevila, el dibujante conocido como Max, que hace poco recibió el primer Premio Nacional de Cómic, otro paso más hacia el reconimiento cultural y político de la viñeta como arte. Para algunos, tardío. "Se están perdiendo muchos originales de las décadas de los 50 y los 60, hay editoriales con fondos geniales que no se sabe en qué condiciones se encuentran", dice el autor de Bardín, el superrealista.

Ilustraciones de Opisso, Apa, Mestre Apeles, ejemplares del TBO y de En Patufet y material de Bruguera o Vértice quizá encuentren aquí un lugar al que confiar un legado que ha situado a Barcelona como epicentro de creación y edición de cómic. Max apunta: "Se ha tardado demasiado. Supongo que ha influido el que, de manera misteriosa, el cómic se ha puesto de repente de moda. Y con los políticos, pues ya se sabe".

Fuente:
elmundo.es

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