jueves, febrero 14, 2008

Sobre Madonna en Berlin I

Madonna escribió ayer una página inédita en la historia de la Berlinale. La cantante, que este verano cumple 50 años, se apropió literalmente del festival. Los periodistas se olvidaron de la sección oficial. Nadie quiso perder la oportunidad de ver de cerca a la reina del pop, que presentó su ópera prima como directora de cine, 'Filth and Wisdom' (La mugre y la sabiduría).

Aunque la cantante no aspira al Oso de Oro (participa en la sección Panorama), su presencia revolucionó el festival. Por primera vez se prohibió la asistencia de fotógrafos a la rueda de prensa, y solo un grupo limitado de cámaras pudo grabar a la diva. 300 periodistas no pudieron acceder a un cine que se quedó pequeño. El drama continuó en la sala de prensa, donde una multitud esperó más de una hora para entrar.

La espera valió la pena. La cantante, vestida con traje negro casi transparente, recibió una ovación, un gesto que la convirtió en una simpática estrella del mundo del espectáculo, que no tuvo problemas para confesar que hace 30 años la felicidad era tener algo que llevarse a la boca y un techo donde vivir en Nueva York.

«Ahora la felicidad significa agradecimiento para lo que me ha regalado la vida», dijo Madonna, quien evitó explicar las razones que la movieron a buscar un nuevo desafío, esta vez como directora de cine. «A pesar de mis éxitos materiales, en los últimos 25 años me sigo sintiendo como los personajes de la película. Lucho por encontrar mi camino y para no dejarme engañar por las ilusiones, por eso oscilo siempre entre la luz y la sombra».

Madonna le dio un toque mágico al festival, pero la sorpresa no fue su presencia -«estoy aquí como directora de cine»-, ni la locura mediática que desató, sino la presentación de su película. Casi todo el mundo esperaba un fracaso de la cantante en su debú como directora.

Pero no. 'Filth and Wisdom', aunque no es una buena película ni dejará una huella indeleble en la historia del cine, resultó ser una cinta que no aburre, quizás, gracias a una sabia decisión de la cantante, que optó por ubicarse detrás de la cámara y no actuar en su propia película.

Algo raro en el mundo del espectáculo, Madonna tuvo la generosidad de rodar un filme de promoción para Eugene Hütz, un joven músico ucraniano que ha tenido éxito con su grupo Gogol Bordello, una especie de orquesta punk de rock.

El narrador de la película es Andrly, interpretado por el propio Hütz, un inmigrante ucraniano, un filósofo sin estudios, poeta y gran autoridad sobre las cosas buenas y malas de la vida, que sueña con una carrera musical, pero como no puede vivir de su arte incomprendido debe dedicarse a satisfacer los sueños eróticos de sus clientes masoquistas y en las horas libres hace las compras para un escritor ciego.

Andrly comparte su vivienda con dos hermosas jóvenes poco airosas y que sueñan con una gran carrera. Juliette (Vicky McClure) trabaja en una farmacia, roba medicamentos y su sueño en la vida es ayudar a los pobres en África. Holly (Holly Weston), en cambio, quiere convertirse en una bailarina de ballet, pero mientras llega la gran oportunidad debe ganarse la vida como bailarina de striptease en un cabaret, donde tiene éxito al cautivar al público vestida con un uniforme de escolar.

Algunas escenas son cómicas y otras muestran la otra cara de los seres humanos, como los masoquistas que se dejan castigar por el músico frustrado. La cinta tiene un final feliz y todos los personajes ven cumplidos sus sueños.

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