sábado, marzo 01, 2008

El mayor aeropuerto del mundo

Recién acabadas las vacaciones por el Año Nuevo Lunar, China se ha lanzado de lleno al que, sin duda, será el año de su puesta de largo en el mundo gracias a los Juegos Olímpicos de Pekín. Para empezar a calentar motores de cara a este magno evento, que será inaugurado el próximo 8 de agosto, ayer abrió sus puertas la nueva terminal del aeropuerto de la capital, uno de los símbolos arquitectónicos de estas Olimpiadas.


Como suele ocurrir en esta nueva China que ha surgido al amparo del extraordinario crecimiento económico experimentado en los últimos treinta años, una vez más todo es a lo grande, ya que se trata del mayor aeropuerto del mundo. Diseñado por el revolucionario arquitecto británico Norman Foster, el edificio de la Terminal 3 emula a un dragón, se extiende a lo largo de 3,25 kilómetros y ocupa 98 hectáreas de superficie, el equivalente a 170 campos de fútbol, y es casi un 20% mayor que las cinco terminales de Heathrow juntas.

«A Heathrow le ha costado 50 años alcanzar su estado actual. En Pekín, el proceso debía ser completado en menos de cinco», se vanaglorió Foster esta semana en una visita a la nueva terminal. Y lo cierto es que tenía motivos para estar orgulloso porque las obras comenzaron en 2004 y se han desarrollado a un ritmo frenético. Claro que el régimen comunista, que pretende aprovechar las Olimpiadas para legitimar ante el mundo su autoritario sistema político, ha hecho de la renovación de Pekín una cuestión de orgullo nacional.

Con dicho propósito, el Gobierno chino ha invertido 27.000 millones de yuanes (2.500 millones de euros) en la nueva terminal, que ha sido construida por 50.000 trabajadores. Como es habitual en este país que funciona a golpe de decreto, 10.000 vecinos de las zonas colindantes fueron desalojados a la fuerza sin que los medios, controlados por la censura, informaran de incidentes y problemas con las expropiaciones y ni siquiera de accidentes laborales graves. De hecho, las estadísticas oficiales sólo hablan de tres fallecidos durante las obras, una cifra ridícula en China, donde la seguridad en el trabajo brilla por su ausencia.


Pero, al margen de estos detalles, parece que el proyecto ha sido todo un éxito y, tal y como quedó claro ayer durante su puesta en funcionamiento, el resultado no podía ser más espectacular.

El descomunal recinto se erige en tres plantas visibles por una impresionante fachada de cristal que realza su claridad y amplitud. Semeja en todo a un palacio imperial, con tejado dorado y aspecto de piel de dragón, el mítico animal chino.

Acogerá 76 millones de viajeros cada año.

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