miércoles, marzo 05, 2008

El "Paco" golpea a los argentinos

Un día María Rosa González no pudo más. Después de ver cómo en pocas semanas su tercer hijo, Jerónimo, un joven de 19 años, había perdido kilos de manera alarmante, no se lavaba y prácticamente no dormía, decidió seguirle un día por los enrevesados callejones de una gran barriada de chabolas situada a las afueras de Buenos Aires.


Esta droga es barata, está al alcance de cualquiera y su efecto es inmediato
Un día María Rosa González no pudo más. Después de ver cómo en pocas semanas su tercer hijo, Jerónimo, un joven de 19 años, había perdido kilos de manera alarmante, no se lavaba y prácticamente no dormía, decidió seguirle un día por los enrevesados callejones de una gran barriada de chabolas situada a las afueras de Buenos Aires denominada oficialmente como Villa de Emergencia 15, pero a la que todos conocen como Ciudad Oculta. "Yo no sabía nada de esta droga. Para mí fue algo nuevo", indica la mujer, mientras recuerda cómo encontró a su hijo sentado en el suelo y fumando una especie de cigarrillo que le provocaba una reacción inmediata de bienestar que apenas duraba unos minutos.

Para María Rosa era nuevo, para Jerónimo un poco menos. Hacía apenas unas semanas que se había fumado su primer cigarrillo de pasta de cocaína -conocida popularmente como paco- una potente droga que surge del fondo de los recipientes donde se fabrica la cocaína y que está haciendo estragos entre la población más pobre de la capital argentina y la provincia de Buenos Aires.

Hace 10 días el gobernador bonaerense, Felipe Sola, hacía un dramático llamamiento a combatir el paco. "Está matando a nuestra adolescencia en los lugares más humildes". Pero los familiares de las víctimas de esta nueva droga y los responsables de la lucha contra el narcotráfico advierten de que el paco también se está cebando en niños menores de 10 años.

Un paco cuesta un peso -menos de 25 céntimos de euro- y está al alcance de cualquiera, no importa su edad. "Con una sola vez que se fume provoca una fuerte angustia que empuja a volver a fumar. Activa con fuerza el sistema de recompensa del cerebro", indica Norma Vallejo, una catedrática en toxicología nombrada por el presidente, Néstor Kirchner como número dos de la secretaría de programación para la prevención de la drogadicción y la lucha contra el narcotráfico (Sedronar). "De las sustancias que circulan por la calle es la droga que provoca el mayor deterioro en la menor cantidad de tiempo", advierte.

La droga es barata y su efecto es inmediato, una tentación difícil de rechazar por miles de jóvenes y niños cuya realidad cotidiana es un callejón sin salida. El paco hizo su aparición en Argentina en 2002, tras la crisis económica e institucional que puso al país al borde del caos y hundió en la pobreza a una porción importante de la clase media.

"Los narcotraficantes se dieron cuenta de que, con la devaluación del peso respecto al dólar, la gente ya no tenía dinero para pagarles y decidieron aprovechar los restos de la fabricación de la cocaína y venderla justamente en los alrededores de las cocinas, los laboratorios clandestinos donde se elabora la cocaína", señala el doctor Eugenio Nadra, coordinador del consejo científico del Sedronar.

María Rosa experimentó en su humilde vivienda otro de los efectos del paco. Comenzaron a desaparecer toda clase de objetos -incluso los de valor más ínfimo- que su hijo vendía con tal de conseguir otro cigarrillo. "Hace olvidar la realidad de forma inmediata y además se puede fumar. Y, claro, nadie se fuma uno solo", explica Norma Vallejo. Y un peso detrás de otro son muchos pesos en grupos de población donde las familias sobreviven con menos de 400 pesos al mes y en ocasiones con 200. "Lo venden absolutamente todo", asegura la madre del joven toxicómano. "Yo he visto entrar en Ciudad Oculta a muchachos de clase media bien pulcros y vestidos y salir prácticamente desnudos. Lo han vendido todo con tal de conseguir otro paco".

La delincuencia se dispara y en ocasiones pequeños transas -traficantes- se convierten en los amos del lugar. Todos están dispuestos a darle al camello local cualquier cosa a cambio de un cigarrillo de pasta de cocaína, ya sean pertenencias, una paliza a un tercero o un favor sexual a quien sea. "Les llamamos los muertos vivos. Caminan tan delgados y con los ojos hundidos...", dice María Rosa González. Jerónimo pasó de 70 kilos a pesar apenas 46. "Los consumidores de paco no comen porque dejan de sentir hambre. El pobre se droga porque tiene vacío el estómago, el rico porque tiene vacío el espíritu", apunta el doctor Eugenio Nadra.

En Argentina se la denomina "la droga de los pobres" y su consumo se centra fundamentalmente, por ahora, en la zona que rodea a la capital argentina y lo que ha disparado todas las alarmas es la vertiginosa rapidez con la que se extiende. Las cifras, no oficiales, oscilan entre los 30.000 y los 70.000 consumidores. "Ha aumentado en un 200% en cuatro años y es muy peligrosa. El desencanto, es decir, el momento en el que el drogadicto es consciente de que tiene un problema peligroso con una droga, suele ser de cuatro años, pero con el paco se produce en apenas nueve meses. El problema es que muchos no llegan a los nueve meses", destaca Mónica Neuenburg, especialista en adicciones de la Fundación Manantiales, un centro de diagnóstico y tratamiento de adicciones con sedes en Argentina, Uruguay y Brasil. "Cuando tras siete u ocho minutos cesa el efecto, el bajón que sufre quien fuma paco es sencillamente intolerable. Esta dispuesto a todo para volver a fumar". Se pueden fumar 20, 30, 50 o 100 cigarrillos de pasta de coca. El límite no es el propio cuerpo sino, en la mayoría de los casos, el bolsillo. Mónica Neuenburg añade que además los fumadores de pasta de coca comienzan a sentir un miedo permanente a que los maten. Al fin y al cabo el agudo deterioro físico no es sino el reflejo del deterioro mental.

Con todos los elementos en contra, hay personas que han decidido no rendirse ante la nueva droga. El mismo día que descubrió a Jerónimo fumando paco, María Rosa González se puso a recorrer todas las instancias posibles para conseguir que su hijo saliera del túnel. "Caminé por todos lados, hablé con todos y no tuve respuesta, pero finalmente logré que un tribunal obligara a mi hijo a internarse". Jerónimo estuvo 10 minutos de reloj en el centro de rehabilitación. Los responsables de la institución le explicaron a la madre que no podían obligar al joven a permanecer allí en contra de su voluntad. Probó a mandar al joven con su abuela a La Pampa, en el sur, donde el paco no existe. "Volvió lanzado a fumar. En 10 días perdió 15 kilos. No se puede contar, hay que verlo. Es impresionante cómo la droga le consume: desnutrido, deshidratado, con los pies llenos de ampollas".

Desesperada volvió a su casa y pensó en un nuevo plan. Y descubrió uno que en Argentina no es tan nuevo, pero a cambio es de una eficacia comprobada. Acompañada de otras madres cuyos hijos estaban enganchados al paco y de vecinos de Ciudad Oculta hartos de la situación en la barriada, cortaron una arteria importante: la Avenida Perón. "Llegaron los medios. No sabían ni por qué estábamos allá. Les hablamos del paco y de lo que está pasando". Y Buenos Aires abrió los ojos.

Hace dos meses y medio que Jerónimo permanece internado en una comunidad de rehabilitación. Ha recuperado peso y sabe que es un afortunado. Ha tenido más suerte que algunas niñas de nueve años que a diario se arrastran por delante de la casa donde vive su madre, encadenadas a una pesadilla que son incapaces de comprender y que las obliga a buscar droga cuando a su misma edad otras siguen pensando en muñecas. "Nunca hablamos con Jerónimo de lo que le pasaba porque se iba", recuerda María Rosa ¿Y ahora que dice del paco? "Repite una cosa: te seduce, te atrapa y te mata".

Uno de los fenómenos particulares de la pasta de cocaína es que no genera redes de narcotráfico, como otras sustancias. Sencillamente se consume prácticamente en el mismo lugar donde se produce, lo cual ha cambiado drásticamente el perfil del narcotraficante que, en lo referido al paco, no tiene por qué ser un señor local de la droga. Basta que sea quien consigue los restos de la fabricación de la cocaína.

"Un narcotraficante tipo podría ser perfectamente una jefa de hogar [una mujer cabeza de familia]", subraya Mónica Neuenburg, de la Fundación Manantiales, centro de tratamiento de adicciones.

La proximidad y conocimiento entre consumidores, productores y traficantes genera situaciones de extrema tensión. Desde que el año pasado algunas madres de Ciudad Oculta comenzaran a pedir ayuda en público contra el tráfico de paco, han sido constantes las amenazas. "La última la recibí hace dos semanas", revela María Rosa González, para quien lo más doloroso de todo es ver a niñas de la edad de su hija pequeña, y menores, deambular buscando droga. "A muchas de ellas las he visto nacer", destaca.

El Gobierno argentino considera que la prevención es fundamental, máxime cuando las diferentes estadísticas muestran una alarmante proporción de escolares que han consumido o son consumidores habituales de drogas.

El 7,1% de la población escolar argentina ha consumido recientemente alguna droga ilegal. Las autoridades argentinas se inclinan por la tolerancia cero respecto al consumo. "La ley que persigue el consumo es la ley que salva la vida", subraya Eugenio Nadra, coordinador del consejo científico de la secretaría de programación para la prevención de la drogadicción y la lucha contra el narcotráfico (Sedronar).

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