martes, abril 01, 2008

Artículo sobre King : Noticia King IV

La inercia y el tirón de la noticia del comic apocalíptico me lleva asi que vaya este articulo que he encontrado por ahí...

KingSize

Hasta el accidente que casi le cuesta la vida, en 1999, Stephen King era considerado un best-seller de terror que algunos escritores se empecinaban en empujar dentro del panteón de la literatura. Hoy, ya no parece necesario defenderlo: recibió el National Book Award, la prestigiosa revista The Paris Review le dedicó una de sus canónicas entrevistas, se anuncian nuevas adaptaciones al cine de sus libros y —lo más importante— ha publicado en el último año dos libros que parecen marcar el fin de una etapa y el comienzo de una aún más auspiciosa. Por eso, Radar reproduce los mejores momentos de esa entrevista con el Paris Review, en los que habla de sus libros, del miedo, de Internet, de las grandes corporaciones con las que lidia, del snobismo académico y de cómo hace literatura con el mundo en el que vivimos.

Algo sucedió, algo que quizá tan sólo haya tenido que ver con su propio crecimiento como escritor; Stephen King siempre dice que si uno perservera y no se estanca, finalmente será tomado en serio. Pero es probable que hayan intervenido otros factores: su accidente de 1999, que encendió la luz de alarma (¿y si se moría?), o el excelente cuento que ganó el O. Henry Award, “El hombre de negro”, que en círculos académicos fue comparado con el trabajo de Nathaniel Hawthorne. Como sea, en los últimos diez años Stephen King se fue volviendo respetable. Cada vez más. En 2003 le otorgaron el National Book Award por Contribución Distinguida a las Letras Estadounidenses, especie de homenaje a su trayectoria. El agradeció con un largo discurso dedicado a su esposa, y nombró una larga lista de escritores de “ficción popular”, pidiéndoles a los académicos presentes en la ceremonia que al menos los leyeran. A fines del año pasado, la prestigiosa (pero no por eso pomposa) revista The Paris Review le dedicó una de sus célebres entrevistas (cuyos mejores momentos se reproducen en estas páginas), ubicándolo en un panteón en el que ahora convive con nombres como Nabokov, Borges, García Márquez y –entre sus contemporáneos– Irving y Updike. La conversación muestra a King relajado, consciente de quién es pero nada solemne ni presumido –aunque agudo y acertado en sus provocaciones–. La primera parte de la entrevista se llevó a cabo en Boston, donde King se instaló para ver al equipo que lo desvela, los Red Sox. La segunda, en su casa de Florida, ubicada a pocos kilómetros del campo de entrenamiento de... los Red Sox.


Hoy ya no hace falta defender a Stephen King. Salvo por voces aisladas como la de Harold Bloom, que enloqueció después del premio nacional y clamó que considerar “literaria” la obra de King era síntoma de “idiotez”, la mayoría de la crítica tuvo que admitir lo que el público siempre supo: ¿por qué se lo resistió durante tanto tiempo? El encarnizamiento ni siquiera parece justificarse por la teoría del habitual desprecio académico por los géneros menores, porque hace rato que los críticos más aggiornados los reivindican. Su amigo y escritor Peter Straub tiene alguna pista: hace poco, dijo que el propio King se había boicoteado cuando declaró que su literatura era lo más parecido a una hamburguesa con queso. “Se equivocó, porque no sólo no es cierto, sino que es una tontería y una provocación innecesaria al establishment literario. Quizá nacida de su propia inseguridad.”

Con 43 novelas, 8 colecciones de cuentos, 11 guiones, 2 libros sobre el oficio de escribir, y un diario escrito junto a Stewart O’Nan sobre el prodigioso triunfo de los Red Sox en el campeonato del 2004, a punto de cumplir 60 el próximo 21 de septiembre (fecha en la que murió de sobredosis el conductor de la camioneta que lo atropelló en el ’99, dato que sus lectores sabrán apreciar), éste es un gran momento para King. Escribe como columnista en la revista Entertainment Weekly (que se puede leer online), y cada uno de sus pequeños ensayos es una lección sobre cómo leer la cultura pop; se están preparando varias películas sobre sus novelas más recientes (ver recuadro), y hasta se dio el orgulloso lujo de ver debutar como novelista, y con excelentes críticas, a su hijo Joe (que usó el apellido “Hill” para publicar). Pero, sobre todo, editó dos novelas fabulosas y muy distintas, una tras otra. El año pasado, la divertida Cell, gran síntesis de sus habilidades como entretenedor: zombies, apocalipsis, personajes campechanos y buena gente, terror y ternura. Y éste, La historia de Lisey, un sincero homenaje a su esposa y por extensión a las mujeres –como escritor no se registra en King un solo vestigio de misoginia, pero tampoco de paternalismo–. Lisey es viuda de Scott Landon, un escritor exitoso pero también respetable y venerado por los críticos. El muere, y cuando ella se dispone a limpiar su estudio, descubre la fuente de inspiración de Scott... o más bien la revisita, porque en 25 años de matrimonio, el amor guardó muchos silencios y secretos, y ella ya sabe lo que está buscando. De todas sus novelas sobre y con escritores (Un saco de huesos, Misery, El resplandor, La mitad siniestra, El cuerpo, La hora del vampiro: King es uno de los autores que más escribieron sobre el tema, probablemente junto a Henry James), La historia de Lisey es la más triste y la más brillante, realmente entrañable, al punto que al cerrar el libro se extraña a los personajes de una forma casi física. Esa es, quizá, la gran habilidad de King, la que lo convierte en un escritor genial y popular en partes iguales: entiende la literatura no como una disquisición intelectual que disecciona el mundo ante nuestros ojos, sino como algo mucho más importante y emotivo, que nos abriga, incluso al exponernos a sus aspectos más escalofriantes.

Por Mariana Enriquez en página12.com

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