martes, abril 15, 2008

Mingote y Sánchez Ron presentan ¡Viva la Ciencia!

Un buen día el brillantísimo historiador de la Ciencia que es el académico José Manuel Sánchez Ron le propuso -¡eureka!- una magnífica idea al Velázquez de la Ciencia que es Antonio Mingote. «Deberíamos dejar un legado». Para sorpresa de Sánchez Ron, Mingote no sólo dijo que sí, sino que añadió: «¡Qué honor!». Se puso a dibujar, y el resultado es una magnífica obra, que se puso de largo en el Círculo de Bellas Artes: «¡Viva la Ciencia!»


Es un libro tierno y de divulgación, que contiene «una visión del mundo laica y respetuosa», lo define Sánchez Ron. Es un libro con buen humor y con excelentes pulsiones sentimentales, porque «lo que la ciencia da es conocimiento». Y dignidad, gran dignidad como la que proyecta esta magna obra sobre la Historia del conocimiento.

Deleita «¡Viva la Ciencia!» con un magnífico desplegable en el que aparecen retratados los «42 magníficos de la ciencia»: sí, han leído bien, los cuarenta clásicos más Mingote y Sánchez Ron. «Bueno, nosotros somos dos piratas», apunta Sánchez Ron. «Más bien ocupas», se autorretra el genio, o sea don Antonio Mingote, orgulloso de haber colaborado en esta magnífica obra de pura alegría científica. «Lo acepté por mi amistad y admiración hacia el sabio: o sea José Manuel Sánchez Ron. Es un libro deslumbrante, de aventuras de unos tipos fantásticos, que han tenidos ideas brillantes, éxitos y fracasos... Todos nos debemos, y hay que estarles agradecidos. Esto no acaba ni bien ni mal. Sigue... porque dentro de cien años haremos otro libro idéntico. Yo sólo he realizado una modesta colaboración como dibujante».

¿Cuál fue el primer científico? «El primer contable, el primer tipo que realizó muescas en un hueso para contar», responde Sánchez Ron. Y surgen las primeras ciencias: matemáticas, astronomía, medicina. En este sentido, el historiador propone elevar un monumento al científico desconocido. Mingote aporta a la cuestión una sentencia magistral: «El primer científico fue el primer hombre que se preguntó: ¿por qué está pasando esto?».

«¡Viva la Ciencia!» nació como un libro para niños -«sois pequeños, pero no tontos», les defiende en un dibujo Mingote-, y fue creciendo hasta hacerse para adolescentes, jóvenes «y jóvenas» -como diría la ministra del ramo-, y mayores con o sin reparos. «¡Viva la Ciencia!» repara en todo, y lo primero en la curiosidad, «que es la madre de la Ciencia», incorpora Sánchez Ron. Y en su dimensión humana, aunque -ya que «Dios es un tema del que me tengo prohibido hablar», Mingote dixit- la «ciencia se hace asunto de Estado», detalla el historiador. La esperanza del dibujante y autor es que seamos más libres con la Ciencia.

El conocimiento se adquiere leyendo «¡Viva la Ciencia!», una obra sublime, y tierna, como la escena final. En ella se ve a Charles Darwin caminar hacia el paraíso terrenal, seguido por una tortuga gigante. Se trata de Harriet, un ser pluricelular superior, que durante mucho tiempo fue el animal viviente más longevo conocido. Al parecer fue una de las tres tortugas gigantes que Darwin se llevó de las Galápagos, cuando visitó las islas en el Beagle, en 1835. Después de pasar un largo tiempo en Inglaterra, Harriet fue llevada a Australia, donde falleció en 2006. Vivió 176 años. ¿Podremos ser alguna vez como Harriet y vivir cerca de 200 años? La viva respuesta está en «¡Viva la Ciencia!».

Fuente:
madridmasd.org

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