lunes, junio 16, 2008

Bengoetxea VI pone patas arriba el Atano

La locura se ha instalado definitivamente en el Manomanista de los ases. Cada partido se convierte en una pelea impredecible. El VI de los Bengoetxea, que en la presentación de la competición fue calificado «como un participante de relleno», puso patas arriba el Atano III al imponerse, 22-11, a Abel Barriola. Con su rotunda victoria estrena su palmarés que hasta el día de ayer estaba vacío de contenido.
La cátedra, que tiró el dinero 100 a 2,5 euros, sufrió un fuerte varapalo. Un día más sus tesis se diluyeron en la misma medida que el delantero de Asegarce fue poniendo con su juego de aire tierra de por medio. Hubo apostantes que jugaron de salida por abajo 5.000 euros contra 20.000, y se fueron para casa con los bolsillos llenos.


El delantero logró un triunfo para muchos de los sabios de la pelota 'imposible', como anticiparon en las horas previas a la final. Sin embargo la fe, la competitividad y su enorme repertorio de aire le sirvieron para conquistar la 'txapela' más importante de la modalidad e hizo relidad el sueño de su vida. Una auténtica hazaña.

Oinatz era un pelotari hermético que desde su debut en el campo profesional, el 5 de octubre de 2002, nunca había ganado nada. Pero en el Manomanista de 2008 tuvo un presentimiento: «este año pueder ser el mío. El ocho es mí número favorito, el de la suerte», dijo Sus presagios se han cumplido y de un forma que no deja ningún poso de duda.

En octavos de final se deshizo del vizcaíno, Iñigo Leiza, En cuartos eliminó al gran favorito de la competición, Aimar Olaizola. Con su gran ramillete de recursos puso en evidencia al considerado el gran 'capo' de la especialidad. En semifinales acabó con las aspiraciones del mayor de las saga de los Olaizola. Y ayer dio la campanada ante Barriola.

Sus éxitos los ha cimentado en varios pilares. Su gran espíritu competitivo, no da una pelota por perdida -presiona una y otra vez al rival-, su sotamano y sus privilegiadas piernas. Es uno de los pelotaris de la actualidad que mejor se desplaza sobre la cancha. Para meterle un tanto hay que esconder las pelota en esos recovecos donde habitan las telarañas. Se mueve a una velocidad de vértigo.

El Atano III, lleno a rebosar. Salieron los contendientes y el graderió tronó. Los minutos que precedieron al lanzamiento de la chapa para sortear el primer saque estuvieron llenos de augurios. El favorito con un color mortecino, torpe de movimientos y arrastrando una enorme desazón. Miedo escénico. El chaval, sudando de forma copiosa y luciendo su habitual desparpajo.

Oinatz miró a los ojos de Abel y la final se abrió con el primer disparo del zaguero de Aspe, que en pleno dominio del tanto mandó la pelota por encima de la pared izquierda: 0-1. Su oponente propició el empate (1-1) al cometer un fallo de una volea defensiva, pero a continuación fue tejiendo con su juego eficaz una importante diferencia en el luminoso, 1-5.

Los hombres de las apuestas comenzaron a ponerse nerviosos. Con la reacción del rezagado, 5-5, volvieron las aguas al cauce de la lógica. El delantero pegó un arreón y se plantó a un tanto del ecuador del partido (5-10), y acabó por convertir la tarde de su convecino y amigo en un suplicio. ¡Vaya sorpresa! susurraban esos hombres que se juegan asiduamente su dinero.

Con un nuevo error de Bengoetxea VI, Barriola se sacudió la gran presión que llevaba encima (6-10), pero era un manomanista irreverente, con sus señas de identidad perdidas, y sin saber buscar soluciones a su gran atasco. Nuevamente el pequeño delantero de la empresa bilbaína, sin concesiones y con la plena convicción de su victoria, se fue para adelante: 6-16.


El choque terminó certificándolo (11-22) con absoluta autoridad Bengoetxea VI . Y se acabó todo. Barriola se marchó directamente a vestuarios y se negó a comparecer en la posterior rueda de prensa. Estaba completamente deshecho anímicamente y no era para menos. Era la sexta final consecutiva que perdía. Aunque la culpa de la debacle es suya y de nadie más. Falló ocho pelotas claras. En sus eliminatorias anteriores, cuartos y semifinales, sólo regaló dos. La estadística es lo suficientemente elocuente. La final mala, muy mala. Errores por doquier.

Fuente:
elcorreodigital.com

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