lunes, junio 30, 2008

De compras en tren

Quiere recorrer en unas horas los establecimientos de los fabricantes de muebles más reputados del planeta sin cansarse?

La solución no está en Internet, sino en Shanghai.

El Red Star Macalline, un gigantesco centro comercial dedicado al mobiliario de lujo acaba de abrir sus puertas y, tras ellas, esconde una sorpresa: el primer tren interno del mundo, capaz de llevar a los clientes a cualquiera de las tiendas situadas en las seis plantas del enorme complejo, donde todavía están dando los últimos retoques después de la apresurada inauguración del sábado.


El metro ligero, similar a los que se utiliza en parques temáticos o para conectar entre terminales aéreas, tiene capacidad para unos veinte ocupantes que pueden relajarse en sus asientos de cuero mientras recorren los escaparates de los locales en los que espera todo lo necesario para convertir su hogar en un palacio estilo Luis XVI: candelabros de bronce, camas en maderas nobles con recargadas filigranas, sillas de dudosa comodidad que más parecen tronos, y un largo etcétera que se ajusta perfectamente a los gustos de los nuevos ricos chinos, ávidos de una Europa pretérita y un sabroso nicho de mercado para marcas de todo el mundo.

Para atraer su atención por encima de la treintena de centros comerciales que salpican la capital económica de China, los nuevos complejos se ven bajo la presión de ir un poco más allá en su audacia arquitectónica. Ya no sirven los diseños espectaculares, que son requisito base. «Tenemos que hacerles ver que no están comprando en Ikea y ofrecer elementos distintivos muy exclusivos que les impulsen a coger el coche y venir hasta aquí con la familia», comenta a este periódico Candy Jiang, empleada del departamento de relaciones públicas de Red Star Macalline. «Si, además, con el tren ayudamos a que el 'shopping' no sea muy cansado, mejor. Así es más fácil convencer a los hombres».

Y para animar también a los más jóvenes, el interior del 'mall' contiene varios bosques de cartón piedra en los que pueden perderse, y en la quinta planta se esconde una muestra futurista que elucubra sobre cómo será el interior de los hogares desde 2050 hasta mediados del milenio. Azafatas ataviadas con faldas minúsculas y camisas sacadas de una película de ciencia ficción guían a los visitantes por estancias en las que las camas son burbujas de aire y las mesas tienen formas imposibles.

La entrada cuesta 120 yuanes (11 euros), seis veces el importe que se cobra para visitar el Museo de Shanghai, un hecho que demuestra que los clientes del Red Star Macalline no son chinos cualquiera. Por eso, qué menos que evitarles la molestia de andar a la hora de elegir su mobiliario.

Fuente:
elcorreodigital.com

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