martes, junio 17, 2008

Entrevista a Gene Simmons, cantante de Kiss

El líder de la extravagante banda promete «el mejor espectáculo posible» en su gira europea, que el próximo fin de semana recala en Bilbao. «En Kiss todo es grande», presume.

El bajista, cantante y líder de la mítica y extravagante banda americana Kiss reflexiona sobre sus «35 años vivos» y promete «el mejor show posible» en el festival Kobetasonik de Bilbao. «Nosotros no somos Radiohead», bromea. Mientras en Moscú se ultimaban los preparativos del gran circo que Kiss arrastra, Simmons demuestra que sabe mover muy bien su larga lengua cuando no está en un escenario con botas de plataforma y maquillaje demoníaco.


En la vorágine del tramo europeo de su 'Alive 35 tour', que el fin de semana próximo recala en el macrofestival heavy bilbaíno, encuentra tiempo para la promoción. «El mito de Kiss también se debe a la cantidad de portadas de revistas y páginas en los medios que seguimos ocupando», explica, muy consciente de su rol de estrella de rock y responsable último de la vigencia de una banda clásica que, con su estrafalaria estética, revolucionó en los 70 el concepto del espectáculo aplicado al rock 'para todos los públicos'.

Se convirtieron en el grupo más popular de América. Después Kiss fue abriéndose al pop, al rock adulto y a la música disco, que tan bien explotaran en su mayor éxito en España: 'I was made for lovin' you'. Con 'Lick it up' (1983) mostraron sus caras, visitaron nuestro país por primera vez y siguieron con altibajos hasta protagonizar a finales de los 90 una macrogira de reunión con la formación original. Once años después le están dando continuidad con un intenso periplo europeo (30 'shows' en 15 países con varios 'sold outs' anticipados) y una alineación que completan el fundador Paul Stanley (guitarra) y los sustitutos Tommy Thayer y Eric Singer, que asumen los instrumentos (guitarra, batería) y los personajes (Spaceman, Catman) de los 'drogadictos' Ace Frehley y Peter Criss.

-¿Está respondiendo a sus expectativas el regreso de Kiss a Europa once años después?
-Está siendo genial. Los fans han aceptado muy bien a Tommy y Eric. Hemos agotado los aforos de sitios como Estocolmo, donde vendimos las entradas en veinte minutos. Estamos intentando añadir alguna fecha más pero es complicado, porque un 'show' como el de Kiss no lo puede hacer cualquiera. La reacción en los conciertos está siendo increíble. Han pasado 35 años, pero la gente aún tiene ganas de ver todo lo que este grupo ofrece en directo.

-¿Y qué se encontrarán en Bilbao?
-Un gran espectáculo. Todo lo relativo a Kiss es grande: grandes canciones, grandes luces, gran escenario, gran volumen, grandes audiencias No hay descanso, es como una montaña rusa con sorpresas continuas. Los fans son parte de todo ello, y les damos lo que esperan. Sabemos que somos para ellos una banda legendaria, y tenemos que responder a sus expectativas. Pero mucho mejor que lo que yo pueda decirte es echar un vistazo en la web kissonline.com.

-¿Cuándo se dio cuenta de que el rock tenía que ser algo teatral, extravagante y espectacular?
-Muy pronto. Cuando era un crío, con 15 años, recuerdo que fui a ver a los Beatles, a los que adoraba. Pensaba que iba a ser algo mágico y especial, pero me quedé insatisfecho: chicas gritando y poco más. Lo mismo me pasó con los Stones, Cream y demás. Desde entonces pienso que un concierto de rock tiene que ser algo excitante, que se escucha también con los ojos y no sólo con los oídos.

-¿Cuánto tiempo necesita Kiss para maquillarse y disfrazarse antes de tocar?
-Solemos empezar unas dos horas antes. Aprovechamos ese tiempo para escuchar música, charlar sobre cómo ha ido el día o planear el viaje del día siguiente en nuestro jet privado. Somos una auténtica e itinerante 'banda de gitanos', que diría Jimi Hendrix.

-¿Escuchan música estando de gira?
-Continuamente y de todo tipo. Viejos éxitos de Jackie Wilson y Bobby Darin, clásicos del soul, lo nuevo de Radiohead Hacemos lo que hacemos, pero somos aficionados a toda la buena música de cualquier estilo.

-¿Cuándo decidieron que era el momento de volver a Europa con una nueva gira? ¿Les ha dado el 35 aniversario la excusa perfecta?
-No necesitábamos ninguna excusa; con motivo del aniversario ya sacamos los volúmenes de 'Kissology', que han estado entre los DVD más exitosos nunca editados. Está bien celebrarlo con la gente, pero no hay una razón. Tenemos la suerte de no ser una banda que dependa de un calendario. Podemos ir de gira cuando queramos porque la gente siempre quiere vernos.

-Desde su último tour, hace once años, no han vuelto a grabar. Su último disco, 'Psycho Circus', es de hace una década. ¿Tienen intención de volver a sacar un nuevo trabajo de estudio?
-No, no tiene sentido. La gente quiere oír los clásicos, y además no tendría razón de ser porque en estos momentos no hay industria discográfica. Es como si los granjeros no tuvieran dónde vender su cosecha porque la gente fue a las tiendas y se llevó todo gratis. Así que las tiendas se quedaron sin negocio y despidieron a sus empleados. Los fans han acabado con la industria de la música y dejado sin trabajo a cientos de miles de personas. Todo se fue a la mierda cuando la gente dejó de pagar por la música, de darle el valor que tiene.

-Sin embargo, la música en vivo goza de mejor salud que nunca.
-Sí, pero eso sólo beneficia a los grupos grandes, a los artistas clásicos. Hay tanta oferta de música gratis disponible que las bandas nuevas lo tienen muy difícil. Nunca podrá volver a haber una banda como Kiss, los Stones o los Beatles, con un repertorio y una trayectoria de décadas. Todo es más efímero ahora.

-¿No hay después de tanto tiempo tensiones en la banda, viejos rencores? ¿Cómo se lleva con Paul Stanley? Se rumoreó que iba a dejar el grupo
-Nos entendemos mejor que antes. Casi nunca estamos de acuerdo en nada, pero eso es lo bueno. Nos escuchamos y tenemos nuestras diferencias, pero nos respetamos y damos la talla en lo que hacemos. La gente cree que soy el jefe, el cerebro, pero no es cierto. Somos como las dos caras distintas de una misma moneda. Cuando estamos en el escenario me doy cuenta de que formamos un gran equipo.

-Ya no están los fundadores de la banda Peter Criss y Ace Frehley.
-Si Ace no está en el grupo es porque es un drogadicto y un alcohólico. Si no ha mejorado como guitarrista es porque no ha dejado nunca las drogas. Lleva 35 años arriba y abajo, hoy puede estar bien pero mañana ya veremos. A estas alturas ya no va a cambiar. No podemos trabajar con alguien cuya mayor preocupación al levantarse es saber si va a poder colocarse o no. Y con Peter pasa algo parecido. Que no estemos todos los miembros originales es menos importante que la calidad del 'show'. Las grandes bandas están por encima. Ringo no era el batería original de los Beatles. Tampoco Ron Wood estaba en los primeros Stones y AC/DC siguieron sin Bon Scott. En Kiss queremos gente profesional que esté a la altura de la banda; si no es así, se pueden ir con cualquier otro grupo.

-Bueno, eso es lo que Ace Frehley está haciendo. De hecho, van a coincidir en el festival británico Download.
-Genial, me alegro por él. Espero que esté sobrio para hacer un buen concierto. Le deseo lo mejor pero no quiero un tío así en mi banda. Para estar en Kiss hay que estar en buena forma.

-Y eso exige más disciplina y menos excesos que en los 70.
-Claro. Hace falta mucha energía para recorrer un escenario y tocar dos horas y media con botas de plataforma de cinco pulgadas. No somos Radiohead, tío; no me entiendas mal, creo que son una gran banda, son músicos con talento, pero su directo no requiere un gran esfuerzo, ni siquiera tienen que sudar.

-¿En qué medida han cambiado Kiss en estos 35 años?
-Nos comportamos de otra manera, somos más serios y profesionales. No hay fiestas locas ni drogas. Viajar y hacer todo el trabajo que una gira exige es lo principal, y nadie se queja. Si dependes de las drogas es como tener una nube negra o una pistola siempre en tu cabeza. Lo tienes todo, pero te sientes miserable. Los que no están aquí para disfrutar de lo que la vida les ha dado no pueden culpar a nadie más que a ellos.

-¿Las drogas no forman parte de la cultura del rock?
-No, ésa es una idea estúpida. No tienes más que echar la vista atrás y ver cómo acabaron Janis Joplin, Hendrix, Morrison, John Bonham, Cobain y el resto. Eran grandes, pero también idiotas que se mataron a sí mismos. No lo siento por ellos. Eran ricos y famosos que se quitaron la vida en lugar de disfrutar de ella.

-Lo que no ha cambiado con el tiempo es la música de Kiss. Además de a toda la nación heavy, ¿cómo se explica que hayan gustado a artistas tan diversos como Lenny Kravitz, Garth Brooks, Lemonheads, Dinosaur Jr. y los demás participantes en el disco de homenaje 'Kiss my Ass?
-Es algo difícil de explicar. Creo que la idea de Kiss está por encima de todo. Es como una fantasía infantil que ha marcado a muchas personas, como esos dibujos animados de superhéroes que recuerdas de tu infancia.


Un estudio del semanario 'Entertainment Weekly' situaba a Kiss entre las mayores exportaciones de la industria cultural popular americana. Sin ir más lejos, su 'Reunion Tour' de 1996 fue una de las giras más lucrativas del siglo pasado. Al margen de los 80 millones de discos vendidos, ningún grupo le ha sacado tanto partido al 'merchandising' generado por su imagen. Su logo figura en los cerca de 2.700 productos que han licenciado. De ropa de bebé a condones, bolas de golf, muñecos coleccionables y ataúdes.

Y es que detrás de la luciferina caracterización que Gene Simmons asume en directo se encuentra un hombre de negocios de 58 años nacido como Chaim Wiltz en el seno de una familia judía de origen húngaro de Haifa (Israel). «Insano capitalista» le han llamado a Simmons, quien reconoce que le gusta el dinero y lo busca «trabajando sin parar en muchos frentes». Sea inundando el mercado de DVD; produciendo películas con su propia compañía; editando cómics y revistas sobre «sexo, estilo y rock» como 'Gene Simmons Tonge Magazine'; escribiendo sobre la fama o la prostitución en su propia editorial, Simmons Books; invirtiendo en la 'indie car'; y hasta protagonizando su propio 'reality show', 'Family Jewels'.

«La música es el negocio de la música. Genios que no lo tuvieron claro acabaron sin un lugar donde caerse muertos. Yo invierto en muchas cosas porque me gusta disfrutar a lo grande de la buena vida que el dinero te ofrece. Y el que diga que no le importa, miente». Pese a todo, no es la variable económica lo que le hizo querer ser una estrella de rock ni lo que le lleva a salir de nuevo de gira. «La primera razón fueron las chicas, el dinero vino después. Nos gusta que nos paguen bien, pero la única razón por la que volvemos es porque sigue siendo más excitante que ninguna otra cosa. Tocar con Kiss es como meter los dedos en un enchufe y recibir una increíble descarga de energía».

Fuente y mas sobre el Kobetasonic bilbaino aqui:
http://servicios.elcorreodigital.com/festivales/kobetasonik/

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