jueves, junio 05, 2008

Ha muerto Mel Ferrer..

Los amantes del cine pierden a una leyenda, a un actor "de los de antes", icono del Hollywood clásico. Un intérprete que personalizaba la época en que los actores eran actores en lugar de productos mediáticos. Mel Ferrer, actor, director y productor, falleció el lunes a los 90 años en Santa Bárbara, California.

Más de 100 películas y telefilmes avalan la trayectoria de Melchor Gaston Ferrer, nacido el 25 de agosto de 1917 en Elberon, Nueva Jersey, hijo de padre español, como se encargó de recordar en 1989 a la agencia Efe en la que se confesaba "muy orgulloso" de su origen español y se refería al castellano como "uno de los idiomas más hermosos de la Tierra, con el que me familiaricé desde mi infancia". Dos años más tarde recalcó que su padre había nacido en Cataluña y que su nombre, Melchor, nació del deseo paterno de llamarle como su mejor amigo "y como uno de los Reyes Magos".


Por suerte para los amantes del cine, Mel Ferrer abandonó sus estudios de medicina en la Universidad de Princeton para dedicarse al teatro y debutar como bailarín en Broadway. De espíritu inquieto, también trabajó para un periódico en Vermont y se introdujo en el mundo radiofónico, hasta trasladarse definitivamente a Nueva York. Pocos aficionados recordarán que, antes de debutar como actor, Ferrer llegó a dirigir una película para la Columbia Pictures, el drama The girl of the Limberlost (1945). Ese mismo año también interpretaba en Broadway la obra de Lillian Smith Strange fruit, centrada en un amor interracial, y un año después sería dirigido por José Ferrer en Cyrano de Bergerac. Su primera aparición ante la cámara tiene lugar, sin acreditar, en el drama The fugitive (1947), de John Ford, y pronto hace estallar su poderío actoral en The brave bulls (1951), de Robert Rossen. Su trabajo crece en la memorable Encubridora (1952), de Fritz Lang, y, sobre todo, en Scaramouche (1952).

Su reconocimiento popular y crítico aumentó tras encarnar, en un impactante cambio de registro, al entrañable titiritero de Lili (1953), la inolvidable comedia protagonizada por Leslie Caron. Un año después, contrae matrimonio con la legendaria Audrey Hepburn: juntos representaron en Nueva York la obra teatral Ondine, por la que ella obtuvo un premio Tony. En 1959, Ferrer la dirigiría en Mansiones verdes, drama romántico donde Anthony Perkins encontraba el amor en Hepburn, y poco antes de su divorcio, en 1968, produciría el thriller Sola en la oscuridad.

Desde entonces Mel Ferrer se convierte en un actor imprescindible en el Hollywood de los años cincuenta y sesenta, un actor de raza, capaz de tocar todos los registros posibles, derrochador de elegancia y talento. Cabe destacar el atrevimiento que supone resaltar algunas películas de su filmografía en detrimento de otras, pero resulta imprescindible detenerse en obras cumbre como la monumental Guerra y paz (1956), dirigida por King Vidor, en la que Ferrer, que compartió pantalla junto con Audrey Hepburn y Henry Fonda, logró el milagro de que ningún aficionado pudiera imaginar a otro príncipe Andréi que no llevase su rostro. Más tarde rodaría en Europa obras emblemáticas como Elena y los hombres, de Jean Renoir, junto a Ingrid Bergman, y El diablo y los diez mandamientos (1962), de Julien Duvivier. De regreso a Estados Unidos, participó en superproducciones como El día más largo (1962). En 1965 se embarca de nuevo como director en otra película, Cabriola, una auténtica rareza, rodada en España, ambientada en el mundo taurino y protagonizada por Marisol.

Su ritmo de trabajo se atemperó en los años setenta, tras divorciarse de Audrey Hepburn y sufrir un infarto que mermó su salud. La última ocasión en la que apareció ante las cámaras fue hace 10 años, en la miniserie Catalina la Grande (1998), capitaneada por Catherine Zeta-Jones.

Fuente:
elpais.com

La iamgen es de Google

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...