viernes, junio 13, 2008

Invasion pitufa en Bilbao II : Sobre Peyo

Así, bigotón, de gafas grandotas y sonrisa de cómic era el belga Pierre Culliford (Bruselas, 1928-1992), que firmaba sus historietas como Peyo.


Él es el padre de los pitufos - 'Schtroumpfs' en su idioma, francés, y 'smurfs' en inglés- y también creador de su extraño lenguaje. La historia de cómo nació este 'idioma' es curiosa: estaba cenando con el dibujante Franquin -el de 'Spirou'-, cuando necesitó el salero. Peyo se dirigió a su colega y le dijo: «¿Me puedes pasar el... el... pitufo?». Y éste le respondió entre risas: «Sí, te lo pitufearé».

Así empezaron a hablar los duendecillos azules, con una jerga equívoca que da lugar a numerosas y graciosas confusiones. Una frase como «¿Quieres que te pitufee el pitufo?», puede ser entendida como 'Quieres que te enseñe el libro', 'que te patee el trasero' o algo más procaz quizá.... Y qué decir si sueltan 'No pitufaba así desde hacía tiempo'... Vete tú a saber, mejor mirarles a la cara y tratar de adivinar.

Los pitufos habían surgido como invitados en el cómic de otro personaje y se quedaron. Primero en tiras cortas, luego en historietas completas, después con sus propios álbumes. En España, las aventuras fueron publicadas por primera vez en catalán como 'Els Barrufets' en 1967. Tres años después aparecieron en castellano -en euskera se llamaron 'Potxokiak'-.

También tuvieron un largometraje de animación, pero no fue hasta los ochenta cuando se hicieron mundialmente famosos gracias a la televisión, a una serie de 272 episodios realizada por Hanna-Barbera. A raíz de ello, llegaron sus canciones para una banda sonora que logró vender 40 millones de discos, además de los millones de artículos de 'merchandising' de tres mil clases distintas...

Pese a tratarse de inocentes duendecillos azules, siempre hay quien encuentra dobles lecturas a las cosas. Peyo fue acusado de racista y colonialista por el álbum 'Los pitufos negros'; otros le llamaron comunista al ver que la sociedad pitufa no manejaba dinero y se basaba en un sistema de trueque y bienes comunes. Sus herederos dejaron bien claro en la presentación de la celebración del cumpleaños, en enero, que Peyo «nunca tuvo interés alguno por la política y ni siquiera leía los periódicos, aunque en sus obras plasmaba lo que percibía de su entorno». Como ejemplo, una de las aventuras recordaba la situación que se vive en Bélgica entre flamencos y valones: dos pueblos de pitufos con idiomas diferentes se encuentran y son incapaces de entenderse para elegir a su líder.

Peyo acabó dedicándose en cuerpo y alma a estos pequeños seres. Dicen, incluso, que llegó a sentirse «prisionero» de ellos. Murió la Nochebuena de 1992 de un ataque al corazón.

Fuente:
elcorreodigital.com

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