sábado, junio 14, 2008

Invasion pitufa en Bilbao VIII : Dónde quedan pitufos?»

Las 6.45 horas. El centro de Bilbao aparece tomado por pitufos blancos de unos 20 centímetros. En las fuentes, sobre la hierba, entre las flores... Pero no duraron ni media hora. En algunos casos, segundos. A las ocho de la mañana no quedaba ni rastro de ellos. Sólo los más madrugadores mostraban con orgullo su pequeño gnomo, la recompensa por levantarse al amanecer para acudir al trabajo o al centro de estudio. La invasión azul de la capital vizcaína, con motivo del 50 aniversario de estos diminutos personajes, fue un éxito para unos y un chasco para muchos, sobre todo para los más pequeños.


Como cada día, Alberto Martínez y su compañera Merche llegaron pasadas las siete a la Plaza Moyua para arrancar su jornada. «Estaba plagado de muñecos. Había por todas partes, pero en poco tiempo se los han llevado». Estos funcionarios pudieron rescatar dos pitufos antes de que se esfumasen. Al verles con los duendecillos en las manos, la gente se paraba para ver si tenían más. «Al leer el periódico hemos salido del trabajo para coger alguno». «Es que la gente es muy madrugadora», se lamentaba Horacio Pérez, a quien tampoco le acompañó la suerte. «Era un encargo de mi pequeña Letizia. Se va a quedar decepcionada».

A cada paso, más bilbaínos se arremolinaban en torno Alberto y Merche. «¿Dónde quedan pitufos? Va a ser la pregunta del día. Yo he entrado a trabajar a las 7.30 y ya no había ni uno. Me he cruzado con una mujer que llevaba una bolsa con cuatro y me ha dicho que los daba una chica», relataba Inés Aguirrezabal, mientras otra joven suspiraba por atrás: «¡Qué pena!».


Los repartidores de periódicos a la salida del metro fueron también testigos de variopintas anécdotas. Los organizadores de la iniciativa colocaron de modo estratégico varios duendecillos en lo alto del 'fosterito'. El objetivo: que permanecieran más tiempo en la villa. Pero la gente, al descubrirlos, derrochó ingenio para que cayeran en sus manos. «Una señora los arrojaba al suelo con el paraguas. Y los de seguridad del metro también se han llevado unos cuantos», desvelaba Laura Polo, quien cogió uno para su sobrina de 14 meses en Jardines de Albia. «A las 7.10 habían desaparecido de allí y de Moyua».

Menos fortuna tuvo Teresa Urria, que entraba a trabajar a las 8.00. «Puedo decir que los he visto, pero como no sabía nada me ha pillado todo por sorpresa; y, además, la gente los acaparaba rápido». Para hacerse con uno de los pitufos había que estar en una posición privilegiada como Argiñe Lirrazalde, a quien una clienta de su quiosco le avisó de la plaga. «Cuando supe que los podía coger me acerqué para llevarme tres: una para mi niño y dos para mis sobrinos».

Muchos bilbaínos fueron más listos que Gargamel. Atraparon de forma veloz a los más de 3.000 gnomos distribuidos por nueve puntos de la capital vizcaína. La única pega es que no se respetó la consigna de coger uno por persona, aunque tampoco hubo excesiva vigilancia, salvo en las escaleras del Ayuntamiento, donde no duraron ni dos minutos. Pero con orden y control.


Con esa misma disposición, en varias escuelas bilbaínas disfrutaron de la minúscula invasión. En el colegio Cervantes, los niños no salían de su asombro al entrar en las aulas. «¡Cómo han llegado hasta aquí!». «¡Son para nosotros!». Los pequeños de seis a ocho años estaban ilusionados con la presencia de sus nuevos 'compañeros'. Cada uno de los chavales tenía un pitufo en su pupitre, al que tenían que pintar como quisieran. «Yo de azul». «Yo de rojo». «Al mío le voy a poner un bañador para la playa».

La misma inyección de alegría recibieron los chavales ingresados en el Hospital de Basurto, que fueron visitados por otra 'delegación azul'. Y para los que se han quedado sin el tan preciado muñeco, sólo tienen que prestar mucha atención este fin de semana porque 2.000 más se repartirán por la ciudad a distintas horas del día. Eso sí, siempre queda la opción de comprarlo por 10 euros en el stand de Unicef dispuesto en el paseo de Abandoibarra, donde una exposición recorre hoy -de 11.00 a 20.00 horas hasta mañana -de 11.00 a 19.00- la historia de estos adorables duendecillos.

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