miércoles, junio 04, 2008

Reconstruyen un pene con sensibilidad a un joven mutilado en una acción de guerra

La cirugía plástica y reparadora vuelve a sorprendernos. En los últimos años, las manos de los cirujanos han sido capaces de convertir en realidad retos que a finales del siglo pasado podían parecer ciencia ficción. Han salvado el brazo amputado de un paciente manteniéndolo cosido durante días a su propia pierna, han recuperado para la vida a una joven que sufrió quemaduras en el 97% de su cuerpo, han trasplantado caras... Y ahora han dado un pene a un varón a quien se lo sajaron de raíz. El éxito es de un equipo de especialistas de la Fundación catalana Puigvert y del hospital de la Santa Creu i Sant Pau, de Barcelona. La fortuna, para un senegalés de 26 años, víctima de la Guerra Civil de Costa de Marfil.


La operación, que se prolongó durante diez horas, ha sido un éxito. El paciente no simplemente dejará de verse mutilado, sino que además ha recuperado sus funciones sexuales, la sensibilidad erógena de su miembro y la capacidad para eyacular. Los médicos que le han intervenido aseguran que será capaz incluso de sentir orgasmos, de mantener su capacidad reproductiva y de fecundar a una mujer «sin problemas».
Su nuevo falo tiene, de momento, una pega. No tiene erecciones; pero ése, según adelantaron ayer, es sólo un mal menor que se resolverá «en apenas seis u ocho meses». Una prótesis hidráulica, como las que se implantan a muchos varones afectados por problemas de erección, le permitirá tener una vida sexual plena, según aseguran los expertos.

El paciente es un joven de la tribu mandinga, que reside en Cataluña desde hace tres años. La amputación del pene era la última lesión que le quedaba por curar del ataque que sufrió en 2003, durante una acción bélica de la Guerra Civil de Costa de Marfil. Un grupo de hombres le cortó entonces el pene con un cuchillo y le causó heridas tan graves que pusieron en riesgo su vida. El chico, que tenía entonces 21 años, logró escapar a Mauritania, de donde pasó a las islas Canarias, Madrid, Asturias y, por fin a Barcelona. La fuga terminó.

Poco después de llegar allí, solicitó asistencia a la Fundación Puigvert. Según relataron los médicos que dirigieron la intervención, el director del servicio de Andrología de la Fundación Puigvert, Eduard Ruiz Castañé; y el del servicio de Cirugía Plástica de Sant Pau, el joven que llamó a su puerta era una persona muy introvertida, deprimida y de carácter cerrado. Su vida había dejado de ser normal porque pequeñas rutinas a las que habitualmente no se da importancia para él formaban ya parte del pasado. Por ejemplo: el muñón que le quedó después del ataque no le servía ni siquiera para orinar de pie.

La intervención requirió el trabajo coordinado de diferentes profesionales sanitarios: cirugia plástica, urología, anestesia, enfermería... Según explicaron Masiá y Ruiz Castañé, la intervención no sólo ha dado una solución quirúrgica a su problema físico, sino que le ha cambiado de manera radical su actitud ante la vida.
Ahora podrá ser «hombre con todas sus consecuencias y sentir un pene como el que había perdido». La reconstrucción del órgano se llevó a cabo mediante la extracción de una lengua de tejido subcutáneo del antebrazo, una parte del cuerpo que tiene unas características bastante similares a las del pene, junto con una arteria, una vena y dos nervios sensitivos. Con todo ello se construyó el nuevo falo.

Según explicó a EL CORREO el jefe del servicio de Cirugía Plástica del hospital de Cruces, Javier Gabilondo, los vasos en este tipo de intervenciones se utilizan para irrigar el miembro, con el objetivo de que esté permanentemente vascularizado. La arteria permite que la sangre entre en él y la vena facilita su salida. Que la sangre circule por su interior no significa que vayan a producirse erecciones. Para conseguirlas -y así se hará- será preciso implantar al paciente una prótesis hidráulica, que se acciona con una perilla de control y que le permitirá disfrutar de erecciones normales y mantener relaciones sexuales con penetración.

La piel extraída del colgajo sirvió, por su parte, para recomponer la uretra. De manera paralela, los cirujanos reconstruyeron el glande y unieron el nuevo pene con la femoral y la vena safena, aprovechando los nervios para conseguir que el paciente pudiera tener sensibilidad. «Dado que el sistema genital masculino reproductivo del paciente (los testículos, la próstata y las vesículas seminales) estaban intactas -detallaron los responsables de la intervención-, al conectar el nervio antebraquial cutáneo con el nervio dorsal del pene se ha conseguido preservar la sensibilidad y la posibilidad de llegar al orgasmo. Esta nueva técnica aporta así estética y funcionalidad», matizaron.

La construcción de un neopene, que es así como se llama lo que le han hecho a este hombre, suele practicarse habitualmente en operaciones de cambio de sexo y con pacientes oncológicos, mutilados tras afrontar un cáncer de pene. La cirugía reparadora utilizada en este caso en realidad tampoco es nueva. Especialistas consultados detallaron que el trabajo desarrollado es comparable al que se practica en amputaciones de mamas afectadas por tumores.

El uso de colgajos como éste, llamado antebraquial, radial o chino y extraído del antebrazo, se viene practicando desde la década de los ochenta. Los miembros de un equipo médico de Shangai fueron los primeros en hacerlo, según detalló Javier Gabilondo, quien consideró que la intervención «no puede decirse que sea novedosa, pero sí poco frecuente». De ahí su interés informativo.

La vida, en cualquier caso, ha comenzado de nuevo para el paciente mandinga de Barcelona. Hace cinco años, un cuchillo estuvo a punto de sesgársela. Cinco años después, se la ha devuelto un bisturí.

Fuente:
elcorreodigital.com

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