miércoles, junio 25, 2008

Sobre el nuevo Guggenheim en Urdaibai IV

El tópico del 'efecto Guggenheim' es cierto. Estamos aburridos de escuchar a nuestros políticos los múltiples beneficios que este museo ha aportado a Bilbao y por extensión al País Vasco. Es verdad. Aunque no es el único factor que ha propiciado el despegue de Bilbao, se ha convertido en un símbolo de la regeneración urbana. Si el impacto económico para la ciudad y su entorno es bueno, el social -de difícil cuantificación pero más fundamental si cabe que el monetario- es muy importante. Tampoco se puede obviar que el desgaste que produce el tiempo no perdona a nadie.

Alrededor de un millón de personas visitan cada año el serpenteante edificio diseñado por Gehry, que dejan una media de 243 euros cada uno, según los cálculos del propio Guggenheim, lo que supone una destacada aportación a la economía del País Vasco. El 'efecto Guggenheim' en su vertiente económica del pasado año supuso -entre el impacto directo, indirecto e inducido- una generación de riqueza de 220,2 millones de euros, que se tradujeron en unos ingresos adicionales para la Hacienda vasca de 30 millones.


El turismo aporta al PIB vasco en torno a un 5,3%, un porcentaje modesto si lo comparamos con otras actividades, pero todo suma y además está el valor 'escaparate', que acude en ayuda de otros sectores de mayor peso para la economía de la comunidad. Los informes facilitados por el museo señalan que en estos más de 10 años de funcionamiento han 'ayudado' a la comunidad con unos gastos superiores a los 1.900 millones de euros. En cuanto al empleo, su contribución al mantenimiento del mismo en 2007 lo cifra la institución en 4.400 puestos de trabajo. Otros estudios, por el contrario, introducen una sensible rebaja y sitúan los empleos directos generados en 900 y los inducidos entre 200 y 300.

La cifra de los que llegan de fuera ha ido creciendo año tras año hasta alcanzar casi casi el 70% del total, lo que implica una bajada continuada del público nacional y local, aunque se ha observado un repunte de estos dos sectores de público en los primetros me4ses de este año. El problema es que pocos repiten. Los responsables del centro son conscientes de ello e intentan, a través de diferentes programas e iniciativas culturales, 'fidelizar' al público del entorno para convertirlo en asiduo.

Hasta ahí los fríos datos facilitados a primeros de 2008 por los responsables del Museo Guggenheim sobre el pasado año. Pero hay otros hechos que no se traducen fácilmente a números.

Diez años y medio después de su inauguración, ya nadie discute que el museo ha colocado a Euskadi en el mundo (otro tópico, pero que resulta cierto) y ha propiciado una serie de negocios a su alrededor que producen un beneficio para toda la sociedad. La llegada creciente de personas de fuera ha llevado parejo el desarrollo del sector turístico, hasta hace poco casi inexistente en la capital vizcaína. Gastronomía, hostelería, ocio, compras... se repartieron el año pasado esos 243 millones de euros de gasto directo.

Un pellizco nada despreciable. Los establecimientos hosteleros en Vizcaya se duplicaron entre 1997 y 2006 (89 a 169) y las agencias de viajes ofrecen San Sebastián y Álava por proximidad.


La gastronomía se ha convertido en la 'otra cultura' del País Vasco, y aquí el pintxo es el rey. Por ello, la restauración se 'comió' 96.000 euros el año pasado de los gastos de los visitantes. Los datos de hostelería señalan que cada turista se gasta una media de 58 euros en esos pequeños bocados sumando la bebida. Los que acuden a los restaurantes, que son muchos menos pero muy atractivos para la economía, abonan cifras de otra galaxia. El alojamiento alcanzó los 48.400 euros y las compras unos 31.000. La economía vasca pide que no cese el tópico.

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