miércoles, junio 25, 2008

Sobre la nueva bodega de Benjamín Romeo

Fue una tarde hermosa. El aire de San Vicente de la Sonsierra (La Rioja) estaba perfumado por aromas de hinojo, romero, mostaza y tomillo y la luz se filtraba entre nubes grises. Al pie de la nueva bodega Contador, Benjamín Romeo, autor de uno de los mejores vinos del mundo, recibía a sus invitados con esa cordialidad riojana que derriba murallas.

Allí estaban, codo con codo, las mujeres de edad (sesentonas muchas) que seleccionan, uno a uno, los racimos óptimos para el 'Contador', los primos, la familia toda, los colegas de Vitoria, San Vicente y Labastida, los críticos madrileños, los compañeros de promoción, el viticultor recién llegado de los majuelos con las botas aún blancas de polvo, el párroco con 'clergyman', algún vendimiador suelto y el neozelandés que importa los caldos de Romeo y los lleva al otro lado del mundo. Todos juntos y revueltos, porque es de bien nacidos, en alegre comandita y sin distinción porque el vino tampoco hace distingos, visitaron las nuevas instalaciones. «Esta bodega es mi alma, una realización personal», explicaría luego, emocionado, el enólogo a quien 'The Wine Advocate', la revista de Robert M. Parker, ha otorgado en dos ocasiones el 100, la máxima nota, lo más parecido a la perfección, un pasaporte al Olimpo del vino y garantía de tener vendida la producción de antemano.

La nueva bodega de Benjamín Romeo se acuesta sobre el cerro San Pelayo, en las afueras de San Vicente. Como explicó Hernán Herrera, el jovencísimo arquitecto encargado de la obra (tenía apenas 24 años cuando presentó la maqueta, hace de eso dos años largos), era imposible vencer a la mole de piedra, así que la opción más sabia fue aliarse con ella. Contador aparece como una sucesión de terrazas de hormigón acostadas sobre el otero y tachonadas con 20.000 plantas de tomillo que, un día, harán desaparecer la bodega entre el paisaje.

Dentro de este edificio «pensado para el vino más que para deslumbrar» se esconde el modo sabio de hacer de Romeo. 15º de temperatura, 85% de humedad, luz tenue, silencio, barricas nuevas de distintas variedades «y hasta de distintos bosques» para que los vinos ('Contador', 'La Cueva del Contador', 'La Viña de Andrés Romeo', el blanco 'Qué bonito cacareaba' y 'Predicador', bautizado así en honor a Clint Eastwood y con el que quiere llegar al gran público) adquieran la «complejidad» que los hace únicos.

Hubo sencillas jotas dedicadas «al Parkeeeer», una procesión de niños siguiendo por la bodega a un Romeo convertido en un moderno flautista de Hamelin, juegos de magia a los que tan aficionado es el enólogo, vino tinto servido en redomas y hasta fuegos de artificio. La Naturaleza, de la que tanto ha aprendido Romeo y a la que tanto observa, quiso sumarse al espectáculo y desplegó un festival de relámpagos como telón de fondo.


Fuente:
elcorreodigital.com

Benjamin es el de la gorra.

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