miércoles, junio 11, 2008

Un escaparate de película

Sarah Jessica Parker se cambia de modelito 81 veces en las dos horas y cuarto que dura la adaptación al cine de 'Sexo en Nueva York'. La actriz luce en el póster unos zapatos de Manolo Blahnik modelo Bebek. Casi tan caros como los 'manolos' Hangisi que su prometido le regala en la pedida de mano: raso de seda azul eléctrico, tacón clavo de nueve centímetros y broche de cristales Swarovski. Para los fans de la serie, estos detalles importan tanto como la trama. A los críticos sesudos, el 'glamour' de Carrie Bradshaw y sus amigas les ha empachado de frivolidad. Pero los 100 millones de dólares recaudados en apenas diez días demuestran que los espectadores americanos conservaban la curiosidad por los personajes de una telecomedia que dejó de emitirse hace cuatro años.


Hay que remontarse hasta 2001 para encontrar una película protagonizada por una mujer en lo más alto de la taquilla yanqui: 'Lara Croft: Tomb Raider'. Sarah Jessica Parker no disfruta del caché de Angelina Jolie, pero sin duda su influencia en la moda y las tendencias no encuentra parangón en el 'show business'. Tripictures estrena el próximo 20 de junio en España 'Sexo en Nueva York: La película'. Las colas en las salas contarán con abundancia de treintañeras que disfrutaron a lo largo de seis temporadas de las peripecias sentimentales de la periodista y escritora a cargo de una columna semanal, 'Sexo en la ciudad', en el ficticio diario 'The New York Star'.

Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) comparte hedonismo consumista con tres amigas: su confidente Miranda, madre y atractiva abogada (Cynthia Nixon); Charlotte, una galerista de arte igual de pija pero más conservadora al ser de pueblo (Kristin Davis); y Samantha, la más madura y desprejuiciada en la cama (Kim Cattrall). Hombres y compras acaparan sus conversaciones. De fondo, una urbe retratada con la ironía de una comedia de Woody Allen y la melancolía de 'Desayuno con diamantes': por algo Holly Holightly (Audrey Hepburn) sobrellevaba las depresiones en la joyería Tiffany's.

El canal de cable HBO, el mismo que ha hecho historia en la ficción reciente con series del calibre de 'Los Soprano' y 'A dos metros bajo tierra', no sabía el filón que tenía entre manos cuando estrenó el 6 de junio de 1998 'Sexo en Nueva York'. Su origen era un 'best-seller' de Candance Bushnell que recopilaba sus columnas y ensayos en 'The New York Observer'. Del estilo entre feminista y 'fashion victim' de la autora da fe el eslogan que publicita su página web, www.candacebushnell.com: «Hay una selva ahí fuera. Vístete en consecuencia».
Michael Patrick Night, guionista del primer y último episodio de cada temporada, se ha hecho cargo de un largometraje que juega con cartas marcadas. No hace falta perder tiempo en presentar a los personajes porque el espectador ya los conoce, pero la frescura inicial se antoja difícil de recuperar. Carrie ya ha superado los cuarenta. Sigue viviendo en su apartamento del Upper East Side y ya no escribe una columna sino que tiene una página web. Ansiosa de disfrutar de una relación estable, acepta el ofrecimiento de Mr. Big (Cris North) para casarse.

La estabilidad sentimental también se antoja una quimera para sus amigas. A la sarcástica Miranda le engaña su marido, mientras la dulce Charlotte ha adoptado una niña china y la promiscua Samantha se ha mudado a Los Ángeles y abrazado la monogamia. Repiten todos los actores televisivos. Hasta el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, tiene un cameo.

'Sexo en Nueva York' ha reventado las previsiones más optimistas de los magos del marketing. El filme ha generado negocios de todo tipo, incluso fraudulentos. Hay agencias que ofrecen paquetes de viaje por las tiendas y bares favoritos de los personajes de la serie. Algunas hasta incluían entradas falsas para el estreno vip y la fiesta posterior. Una fan de Singapur pagó 12.000 euros, y a los productores les dio tanta pena que la consolaron invitándola a un sarao donde, por un momento, se confundieron realidad y ficción. Allí se mezclaron el magnate Donald Trump, la diseñadora Donna Karan y Anne Wintour, la temida editora del 'Vogue' americano que inspiró 'El diablo viste de Prada'.

Las leyes del 'product placement' también han saltado por los aires con Carrie y compañía. La sibilina estrategia con la que las empresas hacen publicidad en las películas (las marcas que se citan o se ven) se ha llevado al paroxismo. Un ejecutivo de New Line ha llegado a definir 'Sexo en Nueva York' como «la Super Bowl de las mujeres».
Ya no sólo beben cosmopolitans en el barrio de Meat Packing. Se calzan 'manolos' y 'jimmy choos'; teclean ordenadores Apple; beben agua mineral Vitamin Water; mordisquean sandwiches de Pret A Manger y alquilan bolsos de Gucci en la web Bag Borrow or Steal. La protagonista conduce un modelo de todoterreno Mercedes tan exclusivo que no sale a la venta en EE UU hasta el próximo enero.

Fuente:
elcorreodigital.com

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