martes, julio 08, 2008

Kobetamendi suena muy fuerte

Quién sabe qué habría pasado si los Madness hubieran aparecido el sábado en el barrizal de Kobetamendi, si a todos los que aguantaban el tipo ateridos les hubieran puesto a bailar ska... Eso hicieron el domingo en un fin de fiesta de lujo para el III Bilbao BBK Live Festival, exitoso en público -con casi 80.000 asistentes-, en oferta musical y en ese limpio y potente sonido.

Es difícil saber cuántas personas quedaban en Madness de las 16.231 que, al parecer, había en la última jornada, porque después de tres días agotadores, uno de ellos con diluvio universal, y del abandono que se produjo en Tequila, a saber si por su culpa o porque un solo escenario para todos los bolos provocó los retrasos en víspera de laborable. Madness salió a tocar un par de horas después de lo previsto, sobre las dos de la mañana, y sin embargo lo dieron todo para poder exprimir esta fantástica edición que ya terminó y que recordaremos por muchos motivos. Nada que envidiar al Rock in Rio de Madrid (300.000 personas en cinco días); esto es más auténtico.

Madness, tan elegantes y divertidos, abrieron con 'One Step Beyond', su hit más conocido, con el que pueden provocar terremotos, y todo el mundo supo que el regreso a casa sería con sonrisa de oreja a oreja. Quedaban pocos ya y aquello parecía una fiesta de pueblo introducida por Tequila, aunque Stivel debería ensayar un poco más su simpatía ante el espejo. El recinto se había encogido porque la organización cerró una buena parte, la correspondiente al escenario grande y a algunos cotos donde se acumulaba el barro del día anterior. El olor a tierra y paja vertida para evitar resbalones lo impregnaba todo y la buena música, que había empezado con ZZ Top, lograba que la cosa tuviera un aire melancólico, de esto se acaba, señores, qué pena.


Había tan buen rollo que los barbudos lograron algo de lo que pocos son capaces: acostumbrados los artistas a pedir colaboración, con ellos fue al revés: habían detenido un instante 'La Grange' y el público, ansioso, se aprestó a exigir el punteo de guitarra imitando sonido y ritmo. Los rockeros moteros rieron y otorgaron lo que se les pedía.

Se ha portado bien el público. Aguantando colas para subir en bus a ver, entre otros, a los geniales Police. Los disfrutaron 35.458 personas, cifra cercana a los 40.000 del año pasado en Metallica, aunque no hubo un colapso como el de entonces. Y muchos bajando a pata luego.

El recinto satisface estéticamente, el sitio es precioso día y noche, pero es difícil encontrar solución al problema del acceso. Si esto sigue, y ojalá sea así (el Bilbao Live y también Kobetasonik, claro), se podría pensar en ir ampliando el ancho de la carretera, no sólo por los festivales, sino porque Botica Vieja tiene las horas contadas y habrá que saber dónde se harán los conciertos de fiestas. Y porque no gusta que desde las 19.30 horas haya que subir un kilómetro cuesta arriba desde Beyena (desde luego no son 10 minutos y los que llegan tarde no es porque no madruguen, es que la gente trabaja). La organización se enfrentaba, como en el festival heavy, a la huelga de autobuses, pero la contratación de 36 autocares solventó este tropiezo.

El segundo contratiempo fue la lluvia, que nos respetó más o menos el viernes pero nos machacó el sábado. Y ahí estuvieron las 28.121 personas pasadas por agua, participando con Kravitz y REM de barro hasta las cachas. El domingo se abrió el cielo y los 16.231 que subieron -algunos invitados- elevaron la asistencia hasta los 79.810 aficionados, cerca de los 88.000 de la pasada edición, y doblando los 43.616 de 2006.

Insistimos en que hay que tener más de una marca de bebidas y que ocho euros por un katxi de cerveza y tres por caña es precio excesivo, con lo que pagan por el festi los que compran su entrada en taquilla. Quizás no suponga tanto a los que se hicieron con invitaciones por la décima parte de su precio -buena idea tuvo Springsteen al restringirlas-.

Nos rebelamos también contra la ley de los festivales de no dejar meter comida (aunque se agradeció la vista gorda), a no ser que la oferta gastronómica mejore en cantidad y calidad. Y no es justo, no es justo que los que van un día no puedan salir del recinto si lo abandonan, que son casi doce horas seguidas. Ah, por cierto, molesta bastante que sólo los 'vips' puedan salir y volver a entrar por el acceso cercano a la cervecera. Entre lo mejor, aparte de haber conocido a las viejillas Nemesia y Emérita en su caserío de la carretera, geniales momentos musicales que no olvidaremos.

Fuente:
elcorreodigital.com

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