miércoles, septiembre 03, 2008

Ajedrez en Bilbao dia 1


Forma parte de la historia de Bilbao que, allá por 1871, con motivo de la visita a la Villa del Rey Amadeo de Saboya, la Plaza Nueva se llenó de agua al taponarse sus pórticos. Las góndolas, como en Venecia, navegaron por este lugar emblemático de la ciudad. Lo que se dice una verdadera bilbainada. Desde ayer, otro evento se redactará en los libros que rememoren los actos más destacados en la Plaza Nueva. «Aunque estemos en Bilbao, esto no supone una bilbainada.


Éste es uno de los mejores torneos de la historia y va a marcar un antes y un después». Leontxo García, periodista especializado en ajedrez, aludía a la Final de Maestros del Grand Slam que empezó ayer poco después de las cinco de la tarde. Él es el artífice de la idea de la urna de cristal insonorizada y climatizada de donde saldrá el ganador. «En el siglo XXI no tiene sentido que un espectador de ajedrez esté cinco horas sentado. Y en la Plaza Nueva hay algo que te invita a venir», resaltaba.


El tinglado allí montado no es nada sencillo y se advierte más complicado de lo que en un principio se aprecia. Antes de comenzar, Andoni Madariaga, director del torneo, ya había aplacado algo los nervios «por cuestiones que no tienen que ver con el deporte, sino por la infraestructura de la urna», la cual tiene hasta baños químicos. Madariaga hizo de maestro de ceremonias en el protocolo inaugural, celebrado con rapidez porque en la cercana calle Correo había un incendio y el alcalde Iñaki Azkuna tenía que atender este contratiempo.


Los seis maestros fueron presentados a las autoridades. Vasili Ivanchuk, que a su llegada a la Plaza Nueva permaneció aislado de sus rivales, hizo una reverencia al alcalde; a Radyábov y a Aronián les presentaron a Azkuna como «the mayor of the city»; Carlsen escuchó cómo el mandatario le dijo «you are the younger» (eres el más joven); a Anand le anunciaron como el «number one» -aunque sabe castellano perfectamente por vivir en Madrid- y el búlgaro Topálov, el local, fue reconocido por el alcalde tras su partida a ciegas en el Guggenheim hace dos años. «A ti ya te conozco» le dijo.

Azkuna hizo el saque de honor, un E4 en la mesa en la que el hindú Anand e Ivanchuk, números 1 y 2, iban a dilucidar su emocionante partida. Al ucraniano, el típico genio con aspecto de despistado, se le notó molesto y algo enojado con los fotógrafos. Incluso se levantó de la mesa. Cosas de un tipo que llegó a jugar un torneo con un chándal del Real Madrid. Después, Iñaki Azkuna y los medios de comunicación salieron de la urna para que empezara lo bueno. «Entrar ahí me ha recordado a una película sobre la momia», ironizó, antes de soltar: «Ellos tenían ganas de empezar y les he dejado en paz».

Las tres mesas formaban un triángulo. En el foco más atractivo de la primera ronda, Anand jugaba contra Ivanchuk. El hindú se quitó pronto la chaqueta e Ivanchuk metía la cabeza apretada fuertemente entre sus manos. También tenía un tic en su pie derecho. «Qué pinta más rara tiene», bromeaba un chaval que asistió a la primera jornada con su padre. Unas cien personas rodeaban la urna en el arranque del torneo. Luego, mientras avanzaba la tarde, el panorama se animó. «Estos parece que discurren ¿eh?», instaba un aficionado a su compañero de paseo por la Plaza Nueva, sorprendido por la 'bilbainada'. Los primeros movimientos fueron veloces. «Los jugadores los hacen de memoria y el ritmo es rápido, pero ahora todo se ralentiza», explicaba Leontxo García, sentado junto a la maestra Susan Polgar (la primera mujer en entrar en la élite del ajedrez), en la terraza montada junto a la singular urna que empezó a despertar la curiosidad de la ciudadanía y que será protagonista en Bilbao durante dos semanas. «Esto va a ser exponencial y esperamos que la Plaza Nueva sea un hervidero durante los días del torneo», aventuraba Madariaga.


Las otras dos partidas también tenían sus historias. El armenio Levon Aronián contra el joven noruego de 17 años Magnus Carlsen, el Mozart del ajedrez, que entró a la urna con un refresco isotónico de naranja. O eso parecía. Aronián, en medio de sus concienzudos pensamientos sobre qué jugada decidir, se trajo una ponchera con una bebida que no se apreciaba. Ivanchuk y Anand se decidieron por el café. Topálov, casi siempre con los codos clavados en la mesa, y Radyábov no daban tanto juego a los comentarios. El de Azerbaiyán miraba fijamente al búlgaro en una especie de juego de nervios. Topálov le ignoraba. A medida que avanzaban los minutos, los maestros se levantaban de las sillas, paseaban con las manos entrelazadas sobre la espalda y contemplaban los movimientos y situación de las otras mesas.

Siempre abstraídos del bullicio de la chavalería que jugaba en la Plaza Nueva y de las muchas personas que a escasos metros pisaban la señal que rezaba: «Do not cross». «Están acostumbrados a jugar con gente alrededor. Ellos ven menos hacia fuera que lo que vemos nosotros hacia la urna», advertía Madariaga. La sensación que deben sentir los jugadores se la trasladó un día el mítico Anatoli Kárpov a Leontxo García: «En la urna se está muy bien. Lo único es que, dentro de ella, el silencio es tan absoluto que casi molesta. No se oye el habitual murmullo del público». Los aficionados a esta modalidad, además de comprobar y comentar las jugadas de los maestros, podían participar en un torneo de partidas rápidas al lado de la estructura acristalada.

También se comprobó ayer que el torneo ha levantado expectación entre la Prensa extranjera, con alrededor de 35 enviados especiales de Estados Unidos, Rusia, India, México, Argentina, Francia, Alemania, Bulgaria, Holanda e Inglaterra, concretamente del diario 'The Times'.


«¡Vaya historia han montado!», exclamó una joven al mirar al interior de la enorme caja de cristal. Por allí cerca andaban también Miguel Ángel del Olmo y Txema Lambea, del club Sestao Naturgas, que hoy juega el Campeonato de España de División de Honor en Mallorca ante el Caja Canarias. Los isleños tienen bajas importantes. Las de Carlsen e Ivanchuk, metidos entre cristales insonorizados en una plaza donde un día también navegaron góndolas.


Fuente:
elcorreodigital.com

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