jueves, septiembre 25, 2008

Sobre la gran apuesta Izeta II – Irigoien, V

El 19 de marzo pasado, el harrijasotzaile Jose Ramón Iruretagoiena, Izeta II, de 41 años, lanzó un desafío en el programa «Hiru Erregeen Mahaia» de Euskadi Irratia. A quien quisiera, le retaba a una prueba con la piedra cúbica de 125 kilos, en tres tandas de 10 minutos. El joven Aimar Irigoien, de 22 años, aceptó el envite.

Será el próximo día 28, en Tolosa, pero sobre tres tandas de diez minutos cada una con la cúbica de 11 arrobas (137,5 kilos) para decidir quién se lleva 20.000 euros del rival.

La empresa de apuestas Kiroljokoak ya ha abierto las apuestas con sus nuevas máquinas en dos bares de Tolosa y las primeras traviesas se cruzan desde hace días.

Pero antes que ella ha habido desde hace siglos muchos otros desafíos históricos. Éstos son algunos de las más famosos y curiosos.


- Qué te apuestas?

Este reto sentencia desde hace siglos incontables disputas verbales entre vascos. Hoy en día es una coletilla de uso casi diario, que suele terminar en una cena que abona el perdedor, pero desde mucho tiempo atrás viene siendo antesala de históricos desafíos protagonizados por hombres que hacían alarde de la fuerza o la maña de las que les dotaban sus duras ocupaciones de sol a sol en el campo, la mina o la mar.

Ya en el siglo XVII el juez Pierre de Lancre recriminaba a los vascos su afición por estas rivalidades deportivas y la vida al aire libre. Pasar de aquellos envites de sana rivalidad a jugarse los cuartos, las propiedades e, incluso, se decía, la mujer, seguro que no medió mucho tiempo.

La primera apuesta escrita de la que se tiene noticia, por ejemplo en Araba, data de mediados del siglo XIX, teniendo como protagonistas a dos aizkolaris de Amurrio y Albeniz.

«Los labriegos guipuzcoanos acuden tan alegres y bien vestidos a los partidos y concursos, llevando en sus bolsas secretas ocho ducados. Y aunque no posean más porvenir que su sudor de trabajo, frecuentemente se les ve apostando cinco, diez y hasta sus veinte onzas de oro, cada cual a su libre albedrío», relataba el folklorista Jose Ignazio Iztueta a finales de aquel siglo. Esa imagen la seguimos viendo hoy en frontones, carrejos y plazas donde muchos vascos siguen dejándose sus buenos cuartos.


Afirmaba hace unos pocos años el entonces director de Juegos y Espectáculos de Lakua, Alberto Sanz, que «el vasco más que jugador es apostador. Jugador es el que juega y juega, mientras que un apostador es el que admite un reto». Y el vasco es hombre de retos. La apertura de las primeras casas de apuestas en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa puede catapultar una afición apostadora ligada históricamente a los deportes tradicionales en los que los vascos siguen dirimiendo quién levanta más peso, quién corta más troncos o quién barrena más una roca.

El desafío es inherente a los vascos. Y la apuesta es su perejil. Es la máxima olímpica del más alto, más fuerte, más rápido... o lo que se tercie. En 22 de febrero de 1912, según recogía la prensa de la época, un casero de Deba se apostó 200 pesetas a que a las once de la mañana daba un grito en el caserío Arriola y se oiría en el muelle, a kilómetro y medio. O más rara aún es la apuesta que narra Pello Errota, consistente en el acarreo de sacos por burros, pero uno marchando hacia adelante y el otro hacia atrás.

El próximo 28 de setiembre la centenaria plaza de toros de Tolosa revivirá uno de esos desafíos «del siglo», de los muchos que los cronistas de todas las épocas han relatado a lo largo de los últimos dos siglos. Sobre la arena, la más alta apuesta en juego hasta ahora: 20.000 euros. Con la piedra, Aimar Irigoien e Izeta II. Por delante, tres tandas de diez minutos cada una con la cúbica de 11 arrobas (137.5 kilos).

Muchos apostadores -algunos de los cuales se llegaron a jugar hasta 6.000 euros- aún guardarán en la retina el reto que por ahora ocupa ese privilegio, el que enfrentó ante la aizkora a Jose Mari Olasagasti y Mikel Mindegia, el 17 de diciembre de 2006, con 18.000 euros en disputa sobre 24 kanaerdikos (troncos de 54 pulgadas). Casi 3.000 personas -una cifra también récord- aplaudieron en el coso tolosarra cómo el de Ezkurra, a sus 57 años, venció a Olasagasti, protagonista hasta entonces de las tres apuestas más sustanciosas de los dos años precedentes: Le ganó 6.000 euros a Azurmendi, perdió 12.000 ante Erasun y volvió a dejarse 3.000 euros frente a Otaño y Lasa.

¿Apuestas récord? Un más que lejano 11 de setiembre de 1988 los segalaris Erasun e Irazusta se jugaron en las campas de Iturriotz dos millones de pesetas de las de entonces, que con la conversión a la nueva moneda y la inflación equivaldrían hoy a unos 25.000 euros. Muchos años antes, en 1925, pero en esas mismas campas, seis mil personas acudieron al enfrentamiento entre Pedro Mendizabal Lokate y José Arrieta Pantxesa, y donde las traviesas cruzadas entre la gente alcanzaron las 150.000 pesetas de la época.

Pero si de cifras económicas sobre el tapete hablamos, nada como los 20.000 reales de la época -el equivalente a 3.000 euros actuales- que se cruzaron en Azpeitia Santa Agueda y Atxumberria en la primera «gran prueba» de aizkolaris de la época moderna. Hablamos de 1903. Medio siglo después, en 1958 y después de siete largas horas de negociación, los aizkolaris Ramón Latasa y Juan José Narvaiza, Luxia, se cruzaron 500.000 pesetas.

Estos dos superhombres fueron protagonistas de dos históricas apuestas, cada cual contra el mismo o, mejor, contra el tronco. Luxia se enfrentó con la famosa haya airoko-pago, de 2,10 metros de diámetro, con un tope de dos horas para terminar la labor. El calor agobiante que hizo aquel 25 de julio de 1949 le impidió llevar a cabo la hazaña. Latasa sí salió triunfador tras 3 horas y 17 minutos unos pocos años más tarde con un gran tronco de eucalipto de 5,15 metros de circunferencia. El tope de tiempo sobre el que se concertó la apuesta fue de cuatro horas.


El desafío entre Aimar e Izeta II que culminará el próximo 28 de setiembre, como se comprueba, tiene tras de sí una larga trayectoria de apuestas, cada cual histórica en su momento. El «¿qué te juegas?» forma parte de la idiosincrasia del pueblo vasco. Contaba José de Arteche que la colonia vasca del Estado de Idaho era contraria a John Kennedy porque éste se mostraba contrario a las apuestas en su programa electoral.

Esta costumbre de retar al contrario viene de lejos, mucho antes de que fuera en 1915 cuando los corredores de apuestas irrumpiesen en los frontones; incluso no es hasta las décadas de 1940 y 50 cuando los periódicos vascos se empiezan a hacer eco de los herri kirolak. Pero esas disputas por ser más fuerte o más rápido venían de mucho tiempo atrás y en las más variadas especialidades. Sólo hacía falta un retador y alguien que aceptara el envido.

En 1885 ya tenemos noticia del duelo entre dos forzudos de Itziar y Elgeta, que reunió a 1.200 espectadores en Ermua. O del desafío lanzado en 1890, a través de la prensa, por el hernaniarra Miguel de Echevarría para ver quién levantaba un hierro de unas cuatro arrobas, con 5.000 pesetas de por medio. Ese mismo año, dos aizkolaris azkoitiarras de apellidos Altube y Costa se cruzaron 15.000 pesetas puestas por dos sociedades que defendían a cada uno de ellos, ante casi tres mil espectadores. También en Iruñea levantó gran expectación la cita entre dos barrenadores, José Lasa y Tiburcio Nain, que trabajaban en sendas brigadas en la cantera del monte San Cristóbal. Se jugaban 1.000 reales, pero las traviesas entre los compañeros llegaron a los 8.000.

Olga Macía Muñoz, profesora de la UPV-EHU, aportaba en algunos artículos publicados en la revista electrónica Euskonews algunas de las grandes citas que tenían como protagonistas a bueyes y carneros. En 1879 ya se encuentran reseñas en Elgoibar de desafíos entre los primeros, en concreto entre una pareja de Eibar y otra de Bergara. «Las apuestas en esta prueba fueron muchas y variadas. Hubo quien apostó un macho y otro que apostó 100 cañones de escopeta. En total se estima que se cruzarían 3.000 duros en apuestas entre ambas partes», describe.

Sólo unos años antes, en 1876, se anunciaba en la plaza de toros de la capital vizcaina un duelo entre un carnero guipuzcoano y otro de la villa bilbaina. De por medio, 5.000 reales. En 1912, 3.000 personas acudieron a ver en Tolosa a dos ejemplares de Astigarreta y Altzo. Gana quien más golpes propina; hay carneros que han llegado a sumar hasta 300 golpes.

Pero no sólo las apuestas y traviesas se cruzaban con herri kirolak. Entre los vascos hubo siempre una tradición korrikalari que dio lugar a históricos duelos con distancias a veces maratonianas. La propia prueba Behobia-Donostia nació en 1919 como un desafío entre atletas aficionados y los korrikalaris que participaban en apuestas en las plazas de toros. O la Legua de Lekunberri, toda ella en cuesta, en total 6.040 metros.


Quién resistía más andando o quién cubría una distancia en menos tiempo. Entre los primeros, nos recuerda también Olga Macías, destacó un joven carpintero, natural de Elgoibar y residente en Urtuella, pero cuyo nombre se desconoce, que en 1894 protagonizó hasta tres desafíos en tres días: de Urtuella a Bilbo, ida y vuelta, en tres horas y quince minutos (dicen que en Basurto se paró y dio buena cuenta de una merluza con vino); de Urtuella a Gallarta (antes, acordaron que cada cual ingiriera tres cuartillos de vino); y de nuevo el tramo Urtuella a Bilbo y regreso, con dos mil reales de por medio.

En 1980 tenemos constancia del reto entre dos caseros de Orio, que debían ir y volver hasta Zarautz, dando uno al otro medio kilómetro de ventaja; el ganador lo hizo en 61 minutos. En 1912, un popular deportista bilbaino se apostó 1.000 pesetas contra otro contrincante a que iba de Bilbo a Donostia en 24 horas como máximo.

Pero uno de los que más interés concitó en aquellos años fue el que enfrentó en 1912 a un caballo, un grupo de ciclistas y un corredor, por ver quién llegaba antes desde el muelle de Uribitarte al monte Artxanda. Ganó el corcel, y hasta los trabajos de los muelles se paralizaron.

En Mutriku, en 1917, un tal Telo desafió a salir del puente de Deba, en chanela, llegar al de Mendaro, saltar a tierra, levantar diez veces una piedra de ocho arrobas, volver al puente de Deba esta vez corriendo y cortar seis troncos de seis pies. ¡Como el triathlon actual! Y 1.000 pesetas sobre la mesa.

Pero quizás el trayecto más conocido en estos retos es el que va de Zarautz a Aia, 13 kilómetros, escenario de muchas apuestas e incluso de un trágico suceso el 21 de mayo de 1922. Se enfrentaban un belga, De Nys, y un vasco, Etxenagusia; el segundo se derrumbó asfixiado en la cuneta y murió dos días después.

En Bizkaia en el siglo pasado era conocido el trayecto Durango-Bilbo, pero si había una prueba por excelencia en cuanto a larga distancia ésa era la que iba de Tolosa a Iruñea y vuelta, en total 124 kilómetros. Narpazar acabó allí su vida deportiva, en 1908, al ganar a los Juanagorri, padre e hijo, que se turnaban a relevos.

Hoy día, encendidos desafíos como aquéllos son mucho menos habituales. Pero los sigue habiendo. En mayo pasado, un pastor de Ziga, Felipe Saharrea, protagonizó uno de ellos en las fiestas de Berroeta, una apuesta «de las de antes». A sus 41 años, sorteó los 8 kilómetros con más de mil metros de desnivel hasta la cima del Saioa, cargado con un saco de 44 kilos sobre sus hombros, bajó a Berroeta, levantó dos veces la piedra de 100 kilos y dio cuatro cortes a un kanaerdiko. En total, 6 horas y 22 segundos y se dice que en los entrenamientos lo llegó a hacer ¡en una hora menos!


En la actualidad las apuestas, no ya entre los propios competidores, sino entre los asistentes al evento se vuelcan en los frontones y los campos de regatas. Pero antaño, los enfrentamientos eran verdaderos cara a cara. En 1885, Angel Mujika, «El Vergarés», retó por carta en los periódicos a Indalecio Sarasketa, «Chiquito de Eibar», a dos partidos de pelota (en el primero, uno jugaría con cesta y el otro con pala) en Bergara, con apuestas de 2.500 y 3.000 pesetas, respectivamente.

Tampoco el deporte de las traineras vivió ajeno a los cruces de apuestas, como ocurre hoy. Un ejemplo es el reto del 30 de noviembre de 1890 entre donostiarras y ondarrutarras. Se apostaron 25.000 pesetas, pero es que semanas antes de la cita ya había personas que se querían jugar sumas mayores y se calcula que las traviesas llegaron a alcanzar las 250.000 pesetas. ¿Quién ganó? Donostia; en Ondarroa muchos se arruinaron y perdieron lanchas, incluso los marinos participantes en el desafío necesitaron de suscripciones populares para pagar la apuesta.

Pero si de ganar y perder se trata, nada como el reto cruzado entre Bermeo y Mundaka el 22 de julio de 1719, en el que se jugaron nada menos que la isla de Izaro. Huelga decir que ganaron los primeros y que desde entonces cada 22 de julio lo celebran en el pueblo. Ya lo advierte el refrán: «Jokoa azkarragoa da jokalariak baño».

Los bueyes que ganaron a una elefanta con la piedra de 1.900 kilos en Berriz
Ricardo Urzelai Astegia, natural de Berriz, hizo del carrejo de esta localidad vizcaina uno de los más renombrados en las pruebas de arrastre. A los 15 años organizó su primera exhibición de idi-probak y en sus muchos años aupando la cultura y el deporte vasco llegó a ser el artífice de que un 2 de junio de 1963 se viera lo nunca visto en un desafío de esta modalidad: una pareja de bueyes frente a un elefante.

Todo comenzó con la llegada a Bilbo, al parque de La Casilla, del Circo de Milán, el cual contaba con un paquidermo hembra de nombre ``Mary'', que había tenido su momento de gloria en la mítica película ``El maravilloso mundo del circo''. Hasta allí se desplazó Urzelai para convencer al director del espectáculo circense del reto que le planteaba: arrastrar la mole de 1.9oo kilos durante media hora.

Aquello era publicidad para el circo, pero también para Berriz. Frente a frente estaban los 20 kilos de habas que comían los bueyes de Beningo Azpitarte, del caserío Antzua, y las casi 5 toneladas de peso, 3,10 metros de altura y 55 años de la elefanta. Según su domador, en cierta ocasión el animal había arrastrado un vagón de tren de 60 toneladas; incluso contó que llegó a beberse casi de un trago 100 litros de ron de un tonel. No es de extrañar, por tanto, que la mayoría de apuestas se decantaran por el enorme animal.

El día del encuentro, 800 privilegiados tuvieron a bien pagar los 15 duros de entrada al carrejo. Sobre él, los bueyes avanzaron 52 clavos. Llegó el turno de ``Mary'', nada acostumbrada a aquel arrastre, nerviosa y sin conocimiento alguno de cómo golpear para mover la mole. Trató de escapar, hizo ocho clavos, tuvieron que volver a forzarla después de pararse en seco durante minutos, y al final cubrió diez clavos y un cuarto. Las crónicas de la época cuentan que, al final, hubo más silbidos que aplausos.

Llegó a concertar José Aramburu, Keixeta, y salió vencedor en todas. Fue a partir de los años 30 cuando se dio a conocer en las apuestas, ya que hasta entonces se dedicaba a su trabajo en el monte con una cuadrilla de leñadores.


Apuestas para la memoria:

La regata de 1890
El 30 de noviembre de 1890 dos embarcaciones de Donostia y Ondarroa se apostaron 25.000 pesetas. Los segundos empeñaron hasta sus botes para pagar.

Aizkolaris
Unos 3.000 euros se cruzaron en 1903 Santa Agueda y Atxumberria en la considerada como primera «gran prueba» de aizkolaris de la era moderna.

Lokate-Pantxesa
Dicen de ella que fue la prueba cumbre de las competiciones segalaris, en 1925, entre Pedro Mendizabal y José Arrieta, con más de 150.000 pesetas en traviesas.

Segalaris
Los segalaris Erasun y el campeón navarro Irazusta se juegan en 1998 dos millones de pesetas en las campas de Iturriotz. Equivaldría a unos 25.000 euros.

Olasagasti
En julio de 2005, Olasagasti pierde contra Erasun en un desafío mixto de aizkora y sega, con 12.000 euros de apuesta. Ese mismo año perdió 6.000 en otra.

Mindegia
En la plaza de toros de Tolosa, Mikel Mindegia gana a Joxemari Olasagasti los 18.000 euros de apuesta sobre 24 kanaerdikos. Completó el trabajo en 50.19.

Fuente:
gara.net

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