miércoles, diciembre 17, 2008

Cárcel para Pellicano

Anthony Pellicano sobornaba a celebridades y les pinchaba los teléfonos para escuchar sus conversaciones. La información confidencial que obtenía terminaba en las manos de ricos abogados y servía para proteger los intereses de sus también ricos clientes. Pero ésta era sólo una pequeña parte de la poco ortodoxa metodología que empleaba para hacer sus pesquisas. Ahora que se ha destapado el resto, el llamado detective de las estrellas, de 64 años y padres sicilianos, ha sido declarado culpable de conspiración y comportamiento mafioso y pasará quince años entre rejas por escuchas ilegales, fraude, robo de identidad, conspiración y comportamiento mafioso. Que esto no era una película -taquillera lo hubiera sido, sin duda- ha venido a decirle el jurado del proceso que finalizó en mayo en Los Ángeles y que emitió ayer sentencia.

Entre las víctimas del investigador se encontraba Sylvester Stallone, a quien Pellicano intervino el teléfono. Y entre los clientes que acumuló en 20 años de carrera, Michael Jackson, Tom Cruise, Elizabeth Taylor y hasta Bill Clinton. El primero dejó en manos de Pellicano el turbio asunto sobre asuntos sexuales a un menor en el que se vio metido. El segundo, su adinerado divorcio con Nicole Kidman. A la tercera se la ganó tras encontrar los restos mortales de uno de sus ex maridos, Mike Odd, misteriosamente desaparecidos del cementerio. Y al ex presidente le pudo haber conseguido información para desprestigiar a Monica Lewinsky. Pellicano se especializó en airear o silenciar escándalos.


«Daré respuestas y habrá quien se sienta incómodo», había advertido Anthony Pellicano imitando la voz de Vito Corleone al comenzar el juicio, en marzo, cuando se supo que el fiscal basaría la acusación en varias grabaciones de conversaciones telefónicas que el detective mantenía con los actores. La meca de cine no ha dormido tranquila desde 2002, cuando el FBI irrumpió en el despacho de Pellicano, donde encontró sofisticadísimos sistemas de escucha, explosivos y hasta granadas de mano. De las fichas de sus clientes no había ni rastro, pero casetes... por docenas. El lado más sórdido de la industria cinematográfica estuvo a punto de salir a la luz, pero finalmente no trascendió nada durante el juicio.

Se le ha llamado el 'caso Pellicano' y, aunque se asemeja al título de un filme, ha sido todo menos ficción. Al lado del detective con más glamour de los años 80 y 90 se han sentado en el banquillo otros siete acusados, en su mayoría policías corruptos que hicieron la vista gorda ante las actividades ilegales de Anthony Pellicano. De entre los inculpados destaca el cineasta John McTiernan. El director de 'La jungla de cristal' no sólo contrató los servicios de este investigador privado, sino que ocultó a propósito esta información ante el jurado, lo que por sí sólo ya es un delito en EE UU.

Entre los testigos del caso figuran las estrellas de cine Chris Rock y Garry Shandling, el director ejecutivo de Paramount Pictures, Brad Grey, y el ex presidente de Walt Disney Michael Ovitz. Para hacerse una idea de los métodos que empleaba el investigador privado, sirva el testimonio de la periodista Anita Busch, de 'Los Ángeles Time'. El ex detective contrató a un socio que dejó un pez muerto con una rosa en la boca y una nota que decía 'detente' en el parabrisas del vehículo de la mujer porque no le gustaba el tono de las informaciones que la redactora elaboraba sobre él. Cuentan que el detective ya ha firmado un contrato millonario para escribir una autobiografía que podría terminar en las pantallas. De tanto espiar a actores, Pellicano ha hecho de su vida una película.

Fuente:
elcorreodigital.com

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