martes, diciembre 09, 2008

Sobre la Final del Cuatro y Medio I


Aimar Olaizola escribió ayer una nueva página con letras de oro en la historia de la pelota a mano profesional. El frontón Atano III de San Sebastián fue testigo de la gesta del navarro, que consiguió su cuarta 'txapela' en el Cuatro y Medio, las mismas que el último mito surgido de las canchas: Julián Retegui. Ambos comparten ya, con cuatro títulos, el reinado en las distancias cortas.

En una final presidida por los saques y los desaciertos, el pequeño de las saga de los Olaizola acabó sometiendo a otro 'grande': Juan Martínez de Irujo. Y eso que el campeón no llegaba en sus mejores condiciones físicas. De hecho, llegó a barajar la posibilidad de no participar en el torneo por una luxación de clavícula.

Ayer, su victoria fue contundente. Endosó un 22-17 a un rival entregado y demasiado visceral en algunos lances del encuentro en un Atano III abarrotado. Tras el último tanto, Aimar alzó los brazos con rabia, regaló a las gradas su enorme sonrisa y se dirigió a consolar a Irujo. Ya había entrado por la puerta grande en el selecto club de los elegidos. Ese que sólo permite acceder a sus entrañas a los mejores pelotaris. Allí se ha encontrado con Retegui II, que hasta ayer era el rey de la 'jaula'. Aimar le ha empatado a títulos y, si todo se desarrolla sin ningún tipo de contratiempos, podrá batir el récord.

La ascensión a la cima de Olaizola II ha sido espectacular. En diez años ha pasado a ser el primero de la lista. No hay en la actualidad un pelotari que tenga un palmarés tan repleto como él. Las cuatro 'txapelas' de los cuadros cortos del frontón. En toda la cancha, la competición reina de la pelota, ostenta dos. Y en el Parejas, una. Es el mejor.

En 2008, además del éxito de ayer, la pasada primavera se alzó con el título de Parejas en compañía de Oier Mendizabal. Fueron mejores en la final que sus rivales, Titín III y Laskurain. Pero, aunque lo parezca, el camino no ha sido fácil. Ha tenido que pasar muchas horas en el frontón, repetir jugadas una y mil veces, ser paciente y revestirse de esa veta de sufrimiento innata en los campeones.
Ha ido paso a paso. Y su transformación ha sido progresiva. El Olaizola II que se dio a conocer el 12 de abril de 1998, en su debut en Lekunberri, muy poco tiene que ver con el de hoy. Ahora su juego es más cerebral y agresivo. Tiene muchas más armas. Su saque es más violento y ha mejorado enormemente en defensa.

La carga ambiental en la cancha y en la grada fue tremenda. Los finalistas, tiritando de emoción. Sus botilleros, Olaizola I y Jokin Etxaniz, no paraban de agitarse en sus sillas a pie de cancha. Los aficionados gritaban sin parar los nombres de sus ídolos. Y los corredores lanzaban al aire sus ofertas: «¡1.000 azul!..¡1.000 'colorao'¡». A eso se llama paridad. Había miedo, mucho miedo.
El primer tanto que iluminó el casillero del 'becadero' de Goizueta fue uno de los muchos regalos de su oponente, que sobrepasó la última raya del acotado: 1-0. Con cuatro saques consecutivos, tres de ellos restables, aumentó su renta: 5-0. A esas alturas, las apuestas se cantaban 1.000 a 500 euros a favor del adelantado.
Con un gancho de la casa de Irujo, un dejada a la 'txapa' de Aimar, dos tantos de saque y un voleón largo, que llevaba mucha dinamita, el rezagado materializó la igualdad: 5-5. El equilibrio se volvió a repetir a siete tantos. Ese fue el momento de inflexión de esta apasionante final. Fue el benjamín de los Olaizola quien manejó el marcador y los acontecimientos, con los consabidos tiras y aflojas: 22-17. Le devolvió el mismo resultado que le endosó su oponente en la liguilla de semifinales.
El nuevo campeón de la 'jaula', que recoge el testigo de Titín III, cerró una buena actuación. Finalizó ocho tantos de remate, entre ellos una cortada de zurda al ancho primorosa, y seis saques. Y sólo regaló dos pelotas. Una dejada de zurda a la 'txapa' y otra con su diestra al tirar la pelota al suelo. Un error garrafal.
El choque fue una auténtica locura en lo estrictamente técnico. Y Martínez de Irujo fue quien más contribuyó a ello. Sufrió de ansiedad y no supo tratar a la pelota con su habitual destreza. Actuó con demasiadas urgencias y nunca se enchufó al partido. Estuvo sumido en el caos. Su desorden fue monumental. Su estadística así lo viene a confirmar.

Erró ocho tantos. Entre sus fallos, dos pasas del cuatro y medio. Y a la hora de restar los saques tuvo un mal comportamiento: seis de ellos dejó de poner en el frontis. En defensa estuvo estático. Ocho tantos fueron a sumar el haber de su contrario. Y exhibió numerosas pérdidas de sitio. La reflexión que debe extraer de la derrota es que su actuación no fue buena y sumó 17 tantos.

El festival se inició con un partido que enfrentó a Xala y Goñi III contra Olaizola I y Otxandorena, pertenecientes respectivamente a Aspe y Asegarce. Se impusieron sin apenas oposición (22-11) los primeros, el zurdo vasco francés y su guardaespaldas, en menos de una hora de juego. Los perdedores infundieron una imagen completamente errática.

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