lunes, marzo 23, 2009

Adiós a la princesa de Essex

Jade Goody, cuya batalla contra el cáncer ha sido el epílogo de una vida marcada por la fama que alcanzó en sus apariciones en el programa de televisión 'Gran hermano', falleció ayer a los 27 años. El primer ministro británico, Gordon Brown, fue una de las múltiples voces que manifestaron pena por su muerte y admiración por su valor.
Nació en un hogar roto. Su padre, que tenía un historial delictivo, falleció por una sobredosis de drogas. Su abuela fue detenida hace unos años por robar en un comercio. A su madre le regaló, con los ingresos que le dio la fama, un tratamiento completo de belleza que le sirvió para convertirse también en famosa.

Goody alcanzó la suya con su participación en 'Gran hermano', en 2002. Su éxito desveló que había un mercado para la imitación de su naturalidad y de su ignorancia. No sabía dónde estaba la ciudad universitaria de Cambridge. Tropezaba con la pronunciación de palabras con más de dos sílabas. Pero dio su nombre a perfumes y vendió miles de ejemplares de sus dos autobiografías.

Los publicistas la convirtieron en la modelo que podía representar a la 'chica de Essex', el condado al este de Londres que se constituyó, en el tiempo de Margaret Thatcher, en el símbolo de una clase obrera con aspiraciones, tan patriótica como materialista, que buscaba su mejora tras el desmembramiento de la industria.
El estereotipo de las chicas de Essex las presentaba como culturalmente sin pulir, sexualmente desinhibidas, estilísticamente asociadas al bronceado artificial y al rubio de bote. La escritora feminista Germaine Green la definió como «la anarquía en zapatos con tacón de aguja».


La fama de Jade Goody corrió peligro cuando dos años después fue invitada a una edición de 'Gran hermano' para famosos, donde también participaron su madre y su novio. Allí, se enfrentó con una actriz india, Shilpa Shetty. Sus comentarios sobre su rival en el plató fueron interpretados como racistas.

Goody compareció llorosa ante las cámaras, declarándose abochornada con su propia conducta y negando ser racista. El año pasado participó con Shetty en una edición de 'Gran hermano' en India y allí recibió por teléfono la noticia de que unas pruebas que se había hecho en Londres, antes de viajar, habían dado positivo. Tenía cáncer cervical.

Madre de dos hijos, con su nuevo novio metido en procesos que le llevaron brevemente a la cárcel, la agonía de Goody ha sido también pública. Vendió los derechos de su boda y los del bautizo de sus hijos. Una televisión filmaba sus pasos. Acumulaba dinero para dejarlo en herencia a sus hijos, de cinco y cuatro años.

Ayer, una prole de famosos a su imagen y semejanza compareció en los estudios de televisión, entre ellos el sacerdote que la casó, que se hace llamar obispo y que se postula como líder de una Iglesia propia, con togas anglicanas y vaguedad teológica.
Su batalla pública contra el cáncer ha provocado un aumento espectacular en el número de mujeres jóvenes que acuden al médico para hacerse las pruebas del cáncer cervical. Es uno de los legados de quien fue calificada ayer por uno de los cómicos más serios de Reino Unido, Stephen Fry, como «la princesa Diana de los barrios perdidos».

Fuente:
elcorreodigital.com

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