lunes, marzo 30, 2009

Irujo y Goñi se quedan con la final más apasionante

Tres años después, Martínez de Irujo y Fernando Goñi reconquistaron la 'txapela' del Parejas. En la edición de 2006 se impusieron (22-12) a Olaizola II y Rubén Beloki. En 2009 se asomaron nuevamente al balcón de la gloria al imponerse por la mínima (22-21) al de Goizueta y al zaguero de Añorga, Oier Mendizabal. El zaguero de Zubiri acudió al rescate en el tanto final y con una afortunada escapada de derecha certificó la victoria en un choque memorable.

Ayer, en un abarrotado frontón atano III, quedó ratificado que esta competición, que nació en su era moderna (1978) de auténtica carambola, se ha convertido en un gran referente deportivo. Y la prueba de ello es que funcionó la reventa.

Todo partido de pelota a mano es un camino con bifurcaciones, vueltas, revueltas y empinados repechos. Lo hacen grande los pelotaris. El vivido ayer en el recinto más emblemático de la modalidad tuvo todos los ingredientes necesarios para calificarlo de grande. Hasta el 'sanedrín' de los detractores abandonó el frontón satisfecho.

La batalla se decidió en los cuadros cortos. Con mucha furia, pasión, dosis de adrenalina y con remates de ensueño. Al principio predominó el miedo. La tensión. El recelo y las miradas de reojo entre los contedientes. Cuando los gladiadores saltaron a la arena la desazón hervía por todos los recovecos de la cancha. El público se desgañitaba dando ánimos a los suyos. Un ambiente espectacular.


El primer saque correspondió al becadero. La propuesta de la cátedra a estas alturas era 100 a 60 euros a favor de los representantes de la promotora de los Vidarte. Mucha alegría en las tesis de los sabios de las finanzas. Las pelotas huecas de los corredores de apuestas, con la correspondientes papeletas, no paraban de ir y venir de las gradas a la contracancha. «Hay dinero por los dos lados», prolamó un apostante.

Entonces surgió un duelo ardiente, incendiario, de los que producen llamaradas de pasión. Martínez de Irujo intentaba aplacar la lava que surgía a borbotones de su espíritu volcánico. Aimar Olaizola ajustaba los sensores de su privilegiada cabeza. Fernando Goñi oxigenaba sus pulmones a sabiendas de que le esperaba un trabajo de contención y de desgaste impresionante. Oier Mendizabal hacía ejercicios de estiramiento.

Se inició el juego y cada hinchada pedía una escabechina. El de Ibero descerrajó el marcador de un dos paredes en globo que se metió en las sillas de la contracancha: 0-1. Le respondió el delantero de Asegarce con un gancho luminoso, 1-1. Con mejores sensaciones no pudo arrancar la final. Era el mejor escaparate para empezar. Sin embargo, Aimar tiró esta vez la plomada mal. Un fogonazo de aire fue a impactar a la contracancha, 1-2.

Los favoritos pusieron tierra de por medio: 2-5, 5-10 y 11-17. Sobre Irujo recaía el peso de la final. Era el que más velocidad imprimía a la pelota, 107 kilometros por hora, el que más huecos abría y el mejor en definir. El tanto 4 fue una obra de arte. Una volea a resto de saque irrestable. El 13, un gancho marcado desde el cuadro tres y medio, que hubiese certificado el desaparecido Ogueta.

Los seguidores de los adelantados estaban desatados. «¡Campeones...campeones...!» Una caldera a presión. Emergió el benjamín de los Olaizola y destapó su derecha. El luminoso se fue comprimiendo, 15-18 y 18-19. Los apostantes comenzaron a rumiar el drama y los nervios afloraron. Un descerebrado lanzó unos cubitos de hielo sobre la cancha y los jueces se vieron obligados a parar el partido.

El encuentro se adentró en el más eléctrico de los escenarios previstos. Los empates a 19, 20 y 21 provocaron una tensión y una ansiedad desacostumbrada. Y una escapada de derecha de Fernando Goñi a ras de txapa, y que pilló a Olaizola II fuera de su demarcación, sirvió para sentenciar un título que tuvo pasajes emotivos y de gran belleza. Quizás fue un lance injusto, pero el deporte guarda este tipo de resoluciones.

Martínez de Irujo firmó una buena actuación. Mostró su conocido perfil de guerrillero, que siembra de minas su parcela, e intimidó a sus rivales con su forma particular e intransferible de cocebir este juego. Es irrepetible. Colosal Fernando Goñi en defensa. Hizo de la zaga un bastión inexpugnable. Y además subió a oxigenar a su compañero. Olaizola II espléndido. Finalizó 11 tantos y dos saques y exhibió un talento inconmensurable. Su zaguero, Oier Mendizbal, bien. Y el material con el que se jugó, acorde con las carcaterísticas del Atano III.

Fuente:
elcorreodigital.com

Teneis mas imagenes aqui:
http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/multimedia/fotos/deportes/final-campeonato-parejas-32531.html

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