martes, marzo 24, 2009

Los dibujos de Lipchitz desnudan su obra en Bilbao

Suele decirse que cada artista tiene sus propios ritos y Jacques Lipchitz (1891-1973) no era una excepción. Antes de dar forma a sus inconfundibles volúmenes con sensación de movimiento, el célebre escultor francés -nacido en Lituania en 1893- plasmaba siempre las ideas en el primer papel que tuviera a mano. Le daba igual que fuera un sobre, una hoja en blanco o un folleto informativo repartido en el hospital. Considerado uno de los referentes del movimiento cubista, 152 de los dibujos y grabados engendrados a lo largo de su prolífica carrera fueron archivados en carpetas, aunque no salieron a la luz pública hasta a principios de este año. Ahora, los bocetos pueden contemplarse por primera vez en el Aula de Cultura de la BBK (Elcano 20, Bilbao) en una muestra inaugurada ayer y que concluirá el 16 de abril.


Gran parte de las imágenes sólo son meras pruebas, si bien ya dejan entrever las intenciones de Lipchitz y comparten el singular vocabulario del artista. Es un idioma poco usual en el que se mezclan los temas bíblicos con los mitológicos, sin olvidarse de las referencias sociales. «Desarrolló un muy personal lenguaje de interacción de las formas, que traspasa el sentido literal de los personajes», desgranó el comisario de la muestra, Kosme de Barañano, que acaba de publicar un catálogo donde realiza un recorrido a la prolífica obra en yeso del autor.
La exposición bilbaína recoge los esbozos de esas majestuosas creaciones que ahora pueblan los museos y ciudades de medio mundo. Del Metropolitan de Nueva York a la Tate Gallery londinense, pasando por las principales plazas de Roma o Jerusalén; los rincones más prestigiosos reservados al arte contemporáneo otorgan un papel protagonista a Lipchitz, un hombre que forjó su andadura en París durante los años 10 y 20.

Al contrario que las pinturas, los dibujos exhibidos en la capital vizcaína -realizados a lápiz o carboncillo- dan importancia a las formas en detrimento de los tonos. Algo habitual en aquellas personas que piensan en tres dimensiones. En esas estructuras casi abstractas se habla «de la fuerza de la acción humana y la lucha por un mundo mejor, más sincero». Un buen ejemplo son las recurrentes referencias a la relación entre las madres y los hijos, un aspecto analizado precisamente por dos conocidos escritores vinculados a Euskadi labraron una estrecha amistad con el genial Lipchitz: el poeta Juan Larrea y el historiador de arte francés Jean Cassou -nacido en Deusto-.

Fuente:
elcorreodigital.com

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