lunes, mayo 25, 2009

Cómic contra los traumas

Skim es gótica, gorda, atormentada. Tiene 16 años. Horror: adolescencia en estado puro. Escribe en su diario cosas así: "Me siento como si tuviese alas pero mis huesos fuesen ladrillos". Y de esta guisa conversa con Lisa, su mejor amiga, una compañera de clase cínica y descreída:
-¿Qué te ha pasado para que se te haya roto el brazo? -inquiere Lisa.
-Me caí de la bicicleta -miente Skim.
-Ja, ja. Fracasada.

Nadie como una mejor amiga para torpedear la autoestima a los 16. "Si las chicas fuesen un poco más agradables entre ellas, sería mucho más fácil, pero las cosas no funcionan así", explica la canadiense Mariko Tamaki, creadora de Skim (Ediciones La Cúpula), una de las mejores novelas gráficas de 2008 para The New York Times.

Skim cuenta la peregrinación interior de una adolescente en busca de sí misma. Una tía rara, sin postes afectivos sólidos excepto una amiga borde que la llama "fracasada" por caerse de la bicicleta. Sobrevive en un mundo hostil, que se convulsiona tras el suicidio del novio de una compañera de clase, que desata una campaña de iniciativas ñoñas en el colegio para espantar cualquier otra tentativa de cortar por lo sano y para siempre. Por su comportamiento asocial y su depresión, la protagonista es candidata de honor a ingresar en el limbo de los suicidas. "A esa edad pones el instinto y la curiosidad por encima de la razón, y eso te altera casi todo el tiempo", reflexiona Mariko Tamaki por correo electrónico desde Toronto, donde reside.



No parece traumatizada por su propia adolescencia, pero muchas de sus experiencias en la escuela secundaria para chicas de Toronto a la que acudió están en la novela gráfica, ilustrada por su prima Jillian Tamaki. "Las compañeras de Skim se parecen mucho a las chicas con las que fui al instituto, con varios personajes que representan distintos rasgos de gente diversa", cuenta Tamaki, que visitará junto a Jillian el Salón del Cómic de Barcelona gracias a una beca del Gobierno canadiense para promocionar la obra en España.

Los toboganes juveniles son un filón narrativo. Norma Editorial acaba de publicar los dos primeros volúmenes de Life, una serie de Keiko Suenobu que arrasa en Japón. La protagonista, Ayumu, es una estudiante de Secundaria que purga la ruptura con una amiga envidiosa a la que supera en los exámenes -nadie como una mejor amiga para castigar a los 16- cortándose en los antebrazos con un cúter. Esto es el punto de arranque. Luego vendrá lo duro. En Japón fue tal éxito que inspiró una serie de televisión. Espantó a cada familia con adolescente dentro por la intrahistoria que reflejaba: acoso escolar, abusos sexuales, sadismo... "El dolor es un método muy efectivo", afirma Ayumu, tras una sesión de automutilación. Descubrir que los 16 no son la edad de la inocencia causó incredulidad y rechazo. Que si el manga no era la vida real. Que los jóvenes japoneses no eran así. Que en los institutos se vivía otro ambiente más sano. Tal vez. Otros signos de la sociedad nipona apuntan hacia lo contrario: el Gobierno tuvo que regular el comercio de bragas usadas en tiendas para prohibir su venta en máquinas expendedoras o que las menores vendan ropa interior de segunda mano, lo que ha derivado en un tráfico clandestino mediante Internet.


La automutilación de Ayumu recuerda también la extraña conducta sexual de la adolescente japonesa sordomuda de Babel, la película de Alejandro González Iñárritu. El mundo juvenil parece más cerca del relatado en Life que del deseado por las familias.

Muy lejos de la estética manga de Life es la obra Papá, de la francesa Aude Picault, que acaba de editar Sins Entido. Sus ilustraciones tiran a lo naïf, aunque la historia tira a lo hardcore: aborda el suicidio de su padre. "Estuvo solo unos 10 días, pudriéndose encima de la moqueta, pudriendo la moqueta, desapareciendo". Picault exorciza su pena dibujándola como una maraña espesa que la rodea de la que deberá liberarse para seguir adelante.

Fuente:
elpais.com

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